| Por Julián
Marías
de la Real Academia Española
Husserl, como saben ustedes, es quizá el primer gran filósofo
del siglo XX. Es interesante que hay tres grandes filósofos
que son casi coetáneos: Brentano, Dilthey y Husserl. Brentano
nació en 1838, Dilthey en 1833 y Husserl en 1859. Son tres
figuras de alta importancia y que significan el primer nivel
de los pensadores de nuestro siglo.
Es interesante darse cuenta de como Husserl es en cierto modo
paralelo a Brentano y como también hay una cierta polémica
con Dilthey. Hay una cierta oposición y sin embargo los tres
quedan como unidos.
Husserl es discípulo de Brentano; tiene unos antecedentes
intelectuales que apuntan en una dirección aristotélica, leibniziana;
también de Bolzano, de quien le viene una formación científica,
en lo cual se diferencia de Dilthey, que tiene una formación
psicológica, filosófica, que arranca de la historia, de la
psicología.
Y parte Husserl de las matemáticas. Husserl escribe muy joven
una Filosofía de la Aritmética. Pero muy pronto se
interesa por la filosofía y publica un libro Investigaciones
Lógicas - Logische Untersuchungen, libro publicado el
año 1900 -es interesante advertirlo desde el primer momento:
el nombre de Husserl está ligado a la idea de fenomenología,
pero en este libro no aparece la palabra "fenomenología".
(La edición española se publicó muy pronto -el año 1929, cuando
no se había traducido a ninguna otra lengua occidental- en
cuatro volúmenes, traducción de Manuel García Morente y José
Gaos). Este libro ha traído no el concepto de fenomenología,
sino la realidad de la fenomenología. El término aparecerá
más tarde; hay un escrito muy breve Philosophie als strenge
Wissenschaft, filosofía como ciencia rigurosa, y que representa
una cierta polémica respecto de Dilthey.
Hay incluso una frase de cierto modo crítica porque dice -referiéndose
a Dilthey- que parte de hechos -hechos históricos, hechos
psicológicos- pero que no se puede abstraer de hechos, es
"ex pumice aquam" sacar de hechos teorías es como intentar
sacar agua de la piedra pómez. Sin embargo, más adelante,
cuando se ve al conjunto de las dos filosofías -la de Dilthey
y la de Husserl-, se descubre un profundo parentesco.
El punto de partida filosófico de Husserl es la crítica del
psicologismo. (Por cierto, la tesis doctoral de José Gaos
era sobre la crítica al psicologismo en Husserl. No olviden
ustedes que quien dio a conocer a Husserl en España fue Ortega
y parten de Husserl las dos tesis doctorales de los dos discípulos
de Ortega -Ensayo de una teoría fenomenológica deljuicio
de Zubiri y La crítica al psicologismo de Gaos).
La primera obra en la cual aparece propiamente la idea de
fenomenología es Ideas para una fenomenología pura y filosofía
fenomenológica, que es de 1913. Este libro es la teoría
de la fenomenología; la práctica, la puesta en juego de ese
método, precisamente como método, es las Investigaciones
Lógicas.
El punto de partida es la crítica del psicologismo, que dominaba
todo el pensamiento de los últimos decenios del siglo XIX.
La idea es la siguiente: la lógica, la ética, la estética...
tratan del pensamiento; la ciencia del pensamiento es la psicología
y por tanto esas disciplinas son psicológicas. Se llama psicologismo
a la actitud filosófica dominante en los últimos decenios
del siglo XIX, según la cual la psicología es la raíz, el
fundamento de la filosofía, especialmente de esas tres grandes
disciplinas: lógica, ética y estética.
Ahora bien, Husserl se opone absolutamente a esto y hace una
distinción elemental y sumamente importante. Y dice que hay
un equívoco: es evidente que se trata de pensamiento, pero
la palabra "pensamiento" quiere decir dos cosas: una actividad
psíquica, que no tiene nada que ver con esto; y los objetos,
el comportamiento de los objetos: la lógica no se refiere
para nada a los actos del pensamiento - yo puedo pensar una
cosa u otra, ese pensamiento puede estar justificado o no:
la lógica no habla para nada de pensamientos, no habla de
actividad psíquica; habla precisamente de los objetos, de
los contenidos de pensamiento. Y lo mismo se puede decir de
la ética o de la estética...
Por tanto, no tratan esas disciplinas filosóficas de pensamiento,
de actividad psíquica, sino de comportamiento de objetos,
que él llamará ideales. Los actos psíquicos son actos
reales, son actos psíquicos, de pensamiento, por tanto, algo
que yo pienso, que están en el tiempo, que acontecen, que
tienen una cierta individualidad. Lo que llama Husserl objetos
ideales no tiene nada que ver con eso: cuando, por ejemplo,
se afirma la validez del principio de contradicción no se
quiere decir que yo no puedo pensar que A es B y no-B al mismo
tiempo, sino que el objeto A no puede ser B y no-B al mismo
tiempo. No se refiere por tanto a una posibilidad psíquica,
a que yo pueda pensar o no pensar algo, sino que los objetos
no pueden comportarse más que con arreglo al principio de
contradicción. Lo mismo diríamos de los principios éticos
o estéticos.
Entonces, naturalmente, hay una translación de la psicología
a la validez de los objetos ideales, que no son individuales,
que no son temporales, que no quedan afectados por la individualidad
ni por las circunstancias de la realidad y que son simplemente
algo que tiene validez. Y estos objetos ideales tienen una
validez universal, no quedan afectados en modo alguno por
las vicisitudes de lo real y tienen simplemente ese carácter
de validez objetiva y universal.
Entonces Husserl trata de describir justamente aquellos objetos
que son objeto de conocimiento intuitivo, de conocimiento
con evidencia, con una validez universal y que, repito, no
quedan afectados. Las cosas reales quedan afectadas por el
tiempo, tienen un carácter individual, tienen realidad, lo
cual no tienen los objetos ideales.
¿Qué son los objetos ideales? Los números, las figuras, las
especies... Por ejemplo, el número siete. El número siete
no queda afectado, no envejece... tiene simplemente un valor
permanente y no cambia nunca ni queda afectado por ninguna
circunstancia particular.
Las especies: el árbol, el perro... la especie, no los individuos;
los colores: el rojo, el color rojo y no las cosas rojas;
las cosas rojas son objetos reales. Las especies y los géneros,
eso son objetos ideales. Y por consiguiente tienen un carácter
de validad universal y no tienen realidad. Esto es lo fundamental:
la irrealidad de los objetos ideales.
Entonces Husserl trata de encontrar un método, un método fundamental
que es un método descriptivo; descriptivo de los objetos ideales:
de las especies, de los números, de las figuras, de los principios
lógicos, toda esa esfera de los objetos ideales - he empleado
la palabra "esfera", es un mundo ideal y, repito porque es
fundamental, no real.
Naturalmente, la consecuencia que extrae Husserl de eso es
que se trata de un método descriptivo, y es un método descriptivo
que retiene un resto de positivismo. Husserl considera que
el positivismo de Comte y de los positivistas es deficiente,
incompleto, es parcial; el positivismo que él pretende realizar
es un positivismo total, global, que no deja fuera ningún
aspecto de los objetos ideales. Naturalmente, esto hace que
el método que tiene que seguir sea un método descriptivo,
que conserva un resto de positivismo -recuerden ustedes como
también Dilthey conservaba un resto de positivismo.
El positivismo de Husserl estriba precisamente en negarse
a hacer todo juicio de existencia: no afirma ni niega la realidad
de las cosas o su existencia. No hay tampoco escepticismo:
no es que dude, no duda porque si dudara cambiaría el género
del acto. Si yo niego la realidad de los objetos o la afirmo
o la pongo en duda, cambio la cualidad del acto, es decir:
hay que retener la cualidad propia del acto, pero practicando
lo que él llamará, con un término griego, la epokhé,
la abstención, lo que llama con términos alemanes, la Einklammerung,
la puesta entre paréntesis -o entre corchetes.
Es decir, un acto, con su contenido propio, con su cualidad
de acto; simplemente se pone entre paréntesis, se practica
la epokhé, la abstención de toda posición existencial, ni
se afirma ni se niega ni se duda, porque si yo afirmara o
negara o dudara, cambiaría la cualidad del acto. Hay un principio
en la fenomenología que dice que la percepción equivale a
un juicio; percibir es percibir algo como existente: yo en
este momento los estoy viendo a ustedes y yo al verlos, al
percibirlos, los percibo como existentes. Ahora bien, fenomenológicamente
yo no tomo posición: ni afirmo ni niego que ustedes existan,
ni lo pongo en duda, porque si lo pusiera en duda ejecutaría
un acto psíquico distinto del habitual, que es percibir: la
percepción va acompañada de la creencia en lo percibido. Pero
si yo me pongo a dudar -y esto sería la posición por ejemplo
escéptica- entonces cambio la cualidad del acto. Por tanto
lo que hago es simplemente poner entre paréntesis, yo me abstengo
(epokhé) de tomar posición ninguna.
Este va a ser el método de Husserl, el método que él llamará
después fenomenológico.
Naturalmente, esto va a ser la condición sine qua non
del pensamiento de Husserl. Husserl no admite ninguna toma
de posición existencial de ningún tipo: ni afirmativa ni negativa,
ni dubitativa tampoco. Es por consiguiente simplemente la
abstención de toda toma de posición y entonces no me puedo
equivocar, porque ni afirmo, ni niego, ni dudo. Por tanto
es un método puramente descriptivo y eso es lo que va a caracterizar
a la fenomenología como método.
Claro está que Husserl no se queda en esto. Husserl va a hacer
no solamente un método descriptivo fenomenológico, sino que
va a hacer una filosofía fenomenológica. Es decir, en definitiva
va a tomar una posición idealista, que se desentiende de la
toma de posición, pero que en definitiva hace una descripción
fenomenológica que retiene la cualidad del acto y el objeto.
Cuando yo ejecuto un acto de abstención, un acto de eliminación
de toda tesis, de toda posición, el sujeto del acto, el contenido
del acto y el objeto todos ellos sucumben a la epokhé, desaparece
toda tesis, toda posición, en definitiva. Y esto va a ser
justamente lo que él llamará el método fenomenológico y entonces
se van a unir las notas unidas entre sí por fundación -la
palabra que emplea Husserl es fundación- y que por tanto al
descubrir unas, descubro las demás.
Por cierto Ortega empleaba un término más español, más claro,
hablaba de complicación e implicación. Si ustedes toman, por
ejemplo, un color; el color está unido a la extensión, un
color está siempre en una extensión. Pero evidentemente no
están unidas por implicación sino por complicación: el color
no puede existir más que en su extensión, pero la extensión
podría no ser coloreada. Hay por tanto un vínculo unilateral
entre extensión y color y esto es lo que él llama complicación.
La palabra fundación es un poco menos clara para el español
y Ortega habla de implicación y complicación. El color implica
extensión, la extensión complica el color.
Por tanto, el método fenomenológico es un método descriptivo,
pero ¿de qué? No de realidades, sino de las vivencias de la
conciencia pura. Justamente la conciencia es lo que queda
cuando yo hago una reducción fenomenológica. Y después habrá
otra reducción, que él llamará eidética, es decir, se pasa
de los contenidos directos de conciencia a los contenidos
eidéticos, es decir, a las esencias, las esencias de la conciencia
pura.
Como ven ustedes, es un método sumamente vigoroso, es un método
que garantiza la evidencia, que afirma la seguridad de aquello
que se describe, evitando -hay que tener cuidado en esto,
porque si no se confunde todo- toda toma de posición existencial.
Dirán ustedes que esto es un poco difícil, porque al desaparecer
todo, al desaparecer el sujeto, el acto -la cualidad del acto-
y el objeto, desaparece toda realidad. Y queda todo reducido
al mundo de los objetos ideales. Esto es lo característico
y esto es lo que fundamenta la validez universal de la fenomenología.
Ustedes piensen que los grandes discípulos de Husserl -Max
Scheler y Nicolai Hartmann, los autores de la teoría de los
valores, Heidegger, figura capital- todos ellos, en definitiva,
en la práctica, no practican la epokhé. Teóricamente
ellos prestan, diríamos, una especie de asentimiento a la
idea de epokhé, pero de hecho no la practican. Y es
curioso como en definitiva recaen en la posición que elimina
la epokhé. A esto reacciona con gran hostilidad Husserl;
le parece que esto es inaceptable y les dice "Tua res agitur",
se trata de tu asunto, es decir, no acepta en modo alguno
la recaída en la posición, diríamos, ingenua, que acepta la
existencia o la niega o la pone en duda.
Esto tiene una consecuencia sin embargo muy grave y es interesante
como Ortega, que acogió la fenomenología desde muy pronto
-Ortega escribe sobre fenomenología desde la publicación de
Ideas, el año 1913- y sin embargo él lo cuenta en aquél
famoso Prólogo para alemanes, que escribió en 1934,
que rechazó la fenomenología casi inmediatamente después de
haberla adoptado, de haberla descubierto como el gran método
de la filosofía. Hay un texto, un prólogo que escribió -y
esto es curioso en Ortega: él solía decir las cosas no en
revistas técnicas, sino en un prólogo a un poeta- a un libro
de un poeta andaluz, José Moreno Villa, y en ese prólogo hace
la crítica a la fenomenología sin nombrarla siquiera. Él demuestra
-en ese importante Prólogo- que la reducción fenomenológica
es imposible; es decir, la rechaza desde el año siguiente
de haberse formulado la teoría, en 1913, y esto lo escribe
Ortega el año 1914.
Por una razón: si hubiera aquí una pizarra haría un esquema
muy claro [JM hace una descripción que corresponde al esquema
abajo):
(yo _________ > el acto y su cualidad _______> objeto
intencional)
El objeto es puesto entre paréntesis por la reducción fenomenológica.
Ahora bien, ¿cómo se pone el paréntesis de la epokhé? El paréntesis
se pone fuera, de modo que englobe el sujeto, el acto con
su cualidad y el objeto intencional. Se pone fuera y por tanto
queda eliminada toda posición de realidad. Sí, pero este paréntesis
se ha puesto desde fuera, no desde dentro, y se puede, naturalmente
volver a poner otro paréntesis: yo puedo ahora poner entre
paréntesis el acto anterior ya reducido, el acto reducido
fenomenológicamente, pero puedo hacerlo únicamente desde fuera
de ese paréntesis poniendo otro paréntesis, que lo engloba.
Por consiguiente, el acto de poner entre paréntesis, el acto
de abstención se hace desde fuera del paréntesis.
O sea: yo no puedo saltar por encima de la sombra... O sea,
que no es posible el acto fundamental en que se funda todo.
Lo que es curioso actualmente es que si ustedes leen escritos
recientes de fenomenología -muy especialmente, los franceses
que han cultivado una escuela fenomenológica- constantemente
están empleando como concepto capital de Husserl, lo que llaman
die Lebenswelt, el mundo vital. Ahora bien, el concepto
de mundo vital no es husserliano, es lo contrario de Husserl;
es precisamente lo que no ha admitido nunca en toda su vida
hasta muy en los últimos años. Y es interesante porque es
un concepto trivial: no olviden ustedes que Ortega, desde
1914, desde el momento en que aceptó y no se quedó en la fenomenología
dirá: "yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella
no me salvo a mí mismo". Y ese principio que es justamente
el núcleo del pensamiento de Ortega es lo que se expresa actualmente
-actualmente, no antes- como Lebenswelt. Justamente
el mundo de Husserl no ha sido nunca un mundo vital; era un
mundo ideal, era deducido fenomenológicamente sin tesis ninguna,
sin afirmación ni negación ni duda. Es decir, después de las
conversaciones que tuvo Ortega con Husserl el año 1934, cuando
Ortega le expuso detenidamente su punto de vista, su posición
filosófica fundamental. Y esto es lo que ahora circula en
el mundo, en los medios fenomenológicos, como de Husserl -
a mí me parece perfecto, pues, evidentemente, si Husserl llegó
a ese punto de vista del mundo vital, del Lebenswelt,
si dio un paso más en el pensamiento, eliminando la imposible
epokhé, perfecto. Pero, claro, lo único es que esto
evidentemente representa los tres o cuatro últimos años de
Husserl y no el conjunto de su obra, la que lo hizo renegar
de sus grandes discípulos, porque decía que no hacían fenomenología,
sino psicología o antropología...
Y después hay otro paso: la reducción eidética, que precisamente
reduce no ya a las vivencias, sino a las esencias de las vivencias
de la conciencia pura. Cuando Ortega toma posición sobre este
punto capital en la fenomenología de Husserl, él añade algo
muy interesante: es que para Husserl, cuando hace su filosofía
fenomenológica, él dice que la realidad -la traducción es
muy curiosa- "relativa a nada" -que es una manera curiosa
de decir "absoluta"- es precisamente la eliminación de toda
vivencia empírica y por consiguiente de la conciencia pura.
Para Husserl, la realidad "relativa a nada" es la conciencia.
Ahora bien, Ortega llega en su crítica al extremo: porque
dirá que la conciencia no existe, porque la conciencia no
es una realidad. Porque la distinción de que "yo tengo conciencia
de" no es exacta; cuando yo digo que "tengo conciencia de"
lo que tengo es "las cosas y yo". Y por tanto, la interpolación,
diríamos, de ese concepto de conciencia, de conciencia pura,
no es fiel a la realidad; la realidad es "la cosa-yo"; las
cosas y yo. Como ven ustedes, esto es justamente la fórmula
orteguiana "yo soy yo y mi circunstancia" y él añadirá "si
no la salvo a ella, no me salvo yo". Como ven ustedes, por
tanto, aceptando el método, como método fidedigno, riguroso,
descriptivo, que se mantiene fiel a la realidad, lo que no
acepta son los conceptos teóricos fundamentales: epokhé,
reducción fenomenológica y el concepto de conciencia -que
no es la realidad; la realidad no es conciencia; la realidad
es yo con las cosas, yo con la circunstancia.
Como ven ustedes, el método fenomenológico es algo absolutamente
extraordinario, ha renovado la filosofía completamente desde
los comienzos del siglo, ha hecho que se emplee un método
de fidelidad extrema a la realidad, de fidelidad escrupulosa
a lo que se encuentra unido por implicación o por complicación.
Hay además el hecho de que se van descubriendo objetos ideales,
hay una enorme proliferación de objetos ideales -la intención
que tenía el positivismo era de una cierta pobreza- con gran
rigor, lo cual es sumamente valioso.
Y en definitiva la filosofía un método primariamente descriptivo,
que es lo que va a ser justamente lo más fecundo, pero
lo que introduce Husserl en esta filosofía fenomenológica,
precisamente por un resto de positivismo, por no quedar completamente
libre frente al prejuicio positivista de que no se puede hacer
ninguna toma de posición y que hay que reducir fenomenológicamente
todo el contenido de las vivencias, en un primer paso para
eliminar toda cuestión de existencia; en un segundo paso para
elevarse a las esencias de la conciencia pura; esto en definitiva
no se justifica.
Con lo cual, lo que hace Ortega es la liberación de ciertos
prejuicios de la fenomenología, reteniendo lo que tiene de
fecundo, lo que tiene de método como tal, de método descriptivo,
de fidelidad precisamente a la distinción de lo real: con
toda su riqueza, con todo su contenido; evitando -por supuesto-
la cuestión existencial, pero reteniendo todos los contenidos.
La filosofía procedente de Husserl ha sido la más valiosa.
No olviden ustedes que Husserl publica el Anuario de fenomenología
y filosofía fenomenológica que publicaba las obras más
interesantes de los filósofos posteriores, como por ejemplo
un lógico como Pfänder, Scheler o Edith Stein -que ahora está
muy famosa, incluso religiosamente también- y esto ha sido
lo más valioso del pensamiento del siglo XX. Yo tengo una
curiosidad bibliográfica: yo tengo no sólo la primera edición
de Sein und Zeit, el gran libro de Heidegger, que se
publica en 1927, sino la edición cero, que se publicó primero
en el Anuario, con otros dos libros más, y sólo después
como libro autónomo.
Y es interesante como en los escritos de Husserl, él en definitiva
elimina el valor fenomenológico de esos libros, porque rechazan
justamente sus supuestos teóricos. Y hay después esa reconciliación
póstuma, mediante ese concepto de Lebenswelt, mundo
vital, con que se produce, en definitiva, la renuncia a la
epokhé y lo que era más agudo en la discrepancia entre
Husserl y sus grandes discípulos.
¿Cómo podemos ver nosotros ahora, en el año 2000, el pensamiento
de Husserl? Lo vemos de una manera distinta: retenemos lo
que tiene de descubrimiento, de adquisición de posibilidades
de exploración de la realidad, renunciando al mismo tiempo
a la reducción fenomenológica y a sus consecuencias. Hoy encontramos
mucho más próximos Husserl y sus discípulos que lo que parecían
en vida de Husserl.
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