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El Papa Juan Pablo II recibió
en su biblioteca privada, el sábado 16 de febrero,
a los miembros de la comisión de la Orden de Frailes
Menores para el estudio de la figura del filósofo y
teólogo franciscano Juan Duns Escoto, casi contemporáneo
de san Francisco de Asís, autor fecundo de obras que,
a ocho siglos de distancia, siguen siendo fundamentales para
la investigación doctrinal. Duns Escoto ingresó
en la Orden franciscana en 1278; Pablo VI lo definió
el "perfeccionador de san Buenaventura", testimoniando
de este modo la profundidad de su trabajo de investigación,
bruscamente interrumpido por la muerte en 1308.
Esta comisión ha emprendido desde
hace años la tarea de organizar la inmensa producción
del estudioso, eliminando los errores de los amanuenses y
las sucesivas interpolaciones de los discípulos. La
Orden franciscana de los Frailes Menores, responsable de la
publicación de los volúmenes que contienen la
"Opera omnia" de Juan Duns Escoto, ha realizado
ya un gran trabajo de análisis de las fuentes directas
e indirectas de las que se sirvió el teólogo
franciscano. El ministro general de los Frailes Menores, fray
Giacomo Bini, al comienzo del encuentro dirigió al
Papa unas palabras y le regaló un ejemplar del volumen
VIII. Ofrecemos seguidamente el discurso del Santo Padre.
1. Con viva alegría y cordialidad
le saludo, en primer lugar, a usted, fray Giacomo Bini, a
los miembros de la Comisión escotista y a cuantos trabajan
en la secretaría general para la formación y
los estudios de vuestra Orden. Extiendo, además, mi
afectuoso saludo a toda la Orden de los Frailes Menores.
Agradezco mucho el regalo del volumen
VIII de la Opera omnia del beato Juan Duns Escoto, que recoge
la última parte del libro II de la Ordinatio, el último
y más importante trabajo del Doctor subtilis.
Es muy conocida, en la filosofía
y en la teología católica, la figura del beato
Juan Duns Escoto, que mi predecesor, el Papa Pablo VI, en
la carta apostólica Alma parens del 14 de julio de
1966, definió como "el perfeccionador" de
san Buenaventura, "el representante más cualificado"
de la escuela franciscana. En aquella circunstancia, Pablo
VI afirmó que en los escritos de Duns Escoto "latent
certe ferventque sancti Francisci Asisinatis perfectionis
pulcherrima forma et seraphici spiritus ardores", y añadió
que el tesoro teológico de sus obras puede brindar
reflexiones valiosas para "serenos coloquios" entre
la Iglesia católica y las demás confesiones
cristianas (cf. AAS 58 [1966] 609-614).
2. Las obras de Duns Escoto, reeditadas
muchas veces a lo largo de los siglos precedentes, necesitaban
una profunda revisión para eliminar los numerosos errores
de los amanuenses y las interpolaciones hechas por sus discípulos.
Ya no era posible estudiar a Escoto en aquellas ediciones.
Hacía falta una edición crítica seria,
basada en los manuscritos. Era la misma exigencia que se había
advertido con respecto a las obras de san Buenaventura y de
santo Tomás.
El ministro general de la Orden de los
Frailes Menores y su Definitorio encomendaron esta labor a
un equipo especial de estudiosos, que tomó el nombre
de Comisión escotista y se instaló en el Ateneo
pontificio Antonianum de Roma. Los volúmenes publicados
hasta hoy son doce. Con gran esmero se han identificado e
indicado en ellos las fuentes directas e indirectas de las
que se sirvió Escoto en su redacción. En las
notas se han ofrecido todas las informaciones e indicaciones
útiles para comprender mejor el pensamiento del gran
maestro de la escuela franciscana.
Duns Escoto, con su espléndida
doctrina sobre el primado de Cristo, sobre la Inmaculada Concepción,
sobre el valor primario de la Revelación y del magisterio
de la Iglesia, sobre la autoridad del Papa y sobre la posibilidad
de la razón humana de hacer accesibles, al menos en
parte, las grandes verdades de la fe y de demostrar su no
contradicción, sigue siendo aún hoy un pilar
de la teología católica, un maestro original
y rico en impulsos y estímulos para un conocimiento
cada vez más completo de las verdades de la fe.
3. Queridos miembros de la Comisión
escotista, me alegra animaros en vuestro trabajo, puesto que,
como dice la Ratio studiorum Ordinis Fratrum Minorum, "los
centros de investigación de la Orden, como la Comisión
escotista, mediante su actividad científica y editorial,
prestan un servicio de fundamental importancia por lo que
respecta a la conservación y la transmisión
del patrimonio histórico, filosófico, teológico
y espiritual de la Orden" (n. 124). Aprovecho de buen
grado esta ocasión para estimular a los frailes jóvenes
a prepararse adecuadamente para continuar la enseñanza
y la investigación en los centros de investigación
de la Orden.
Expreso mi deseo de que la Comisión
escotista publique en 2004, año en que se celebrará
el 150° aniversario del dogma de la Inmaculada Concepción
de la santísima Virgen María, el volumen XX,
que contendrá el libro III de la Lectura, aún
inédito, en el que Duns Escoto, por primera vez, defendió
el privilegio mariano y mereció el título de
"Doctor de la Inmaculada".
A la Reina de la Orden franciscana
encomiendo el trabajo de la Comisión, a la vez que
le imparto de corazón a usted, ministro general, a
vosotros aquí presentes y a todos los que hacen posible
vuestra actividad, mi afectuosa bendición.
© L"Osservatore Romano - 1 de marzo
de 2002
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