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UNA LÓGICA NUEVA ( José Ignacio Moreno Iturralde)

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UNA LÓGICA NUEVA

 

 

 José Ignacio Moreno Iturralde
 

Escritos Arvo, Enero 2009
Arvo.net, 23.01.2009

 

            El sentido común no nace de saber gestionar la complejidad, sino de saber gestionar la sencillez. Con términos de Stephen R. Covey, es mucho mejor funcionar por principios que por actividades. Tener cada vez más claro qué es lo más importante y qué es secundario, sirve para vivir con más serenidad y provecho, propio y de nuestros familiares, amigos y colegas.

 

 

INTELIGENCIA Y SENTIDO COMÚN

 

Tal adquisición de principios es una continua conquista porque se trata de pensarlos, decirlos y llevarlos a la práctica; de lo contrario, los principios se difuminan y pierden fuerza operativa; estos nacen de la naturaleza, también de la nuestra: si uno se tira por una ventana no sale escopetado hacia el cielo; si otro es un egoísta de competición, no conocerá lo que es la felicidad digna de una persona humana.

 

Inteligencia significa etimológicamente saber leer dentro de las cosas. Por este motivo, la superficialidad y las prisas, algo muy de nuestra época, son malas consejeras para cimentar una sólida base de principios con los que actuar correctamente.

 

Hace falta pararse, pensar, estudiar las cuestiones, adquirir formación, desarrollar nuestras capacidades con buenos maestros, tener referencias seguras. Dárselas de libre pensador no tiene nada que ver con la libertad, del mismo modo que los números no son más libres si se independizan del cálculo.

 

            Ser verdaderamente inteligente es saber poner cada cosa en su sitio y, sobre todo, saber ponerse uno mismo en el lugar que le corresponde; cuestión frecuentemente costosa, que implica también un ejercicio moral. Chesterton se quedó fascinado cuando se dio cuenta de que todos los razonamientos dependen de la aceptación de un misterio.

 

Efectivamente, si me hago una cosmovisión meramente autorreferencial, acabo como una cabra; no puedo meter los cielos en mi cabeza. Por este motivo, el primer paso para el sentido común es la humildad; esa gran virtud que espolea al ser humano al desarrollo de sus mejores posibilidades.

 

            Sólo mediante el amor incondicional podemos ser educados con provecho, y únicamente con el amor podemos entender el mundo; aunque no sea sencillo. Por este motivo, la familia es la primera y mejor escuela de sentido común.

 

Es entonces, cuando muchos entienden mejor, si quieren, otra frase del citado autor inglés: “el sentido común nace de un sacramento, palabra que proviene del término latino “sacramentum”, que se traduce por misterio”.

 

 

LOS DEMÁS EN EL MUNDO

 

            Para pensar en los demás conviene darse cuenta de que hay bastantes que piensan en nosotros; más de lo que suponemos. Además, con frecuencia, piensan bien. Paradójicamente pensar en los demás requiere admitir que hay otras ocasiones en las que nos consideramos el centro de los pensamientos de quienes nos rodean, cuando en realidad no es así.

 

          En definitiva, saberse uno más entre sus iguales puede ser fuente de liberación y de alegría; no de mediocridad. Con esta actitud nos abrimos al mundo, especialmente al mundo vivido por nuestros semejantes. Ponerse en el lugar del otro no es sólo un ejercicio de moral, sino de inteligencia, ya que ser verdaderamente inteligentes es ser moral.

 

            Para abrirse a los demás, a pesar de los pesares, conviene considerar que las personas no somos versos sueltos, ni verdades sueltas. Una verdad común a todas las personas es nuestro carácter biográfico. Cuando nos reconocemos caminantes es cuando descubrimos nuestra verdad como misión y aventura. Es entonces cuando encontramos a muchos compañeros de camino. Pero un camino tiene un final; de lo contrario nadie lo recorrería: nunca he visto un letrero que ponga “Hacia ninguna parte”.

 

            Los demás nos hacen falta no sólo para sobrevivir, sino para vivir. Este clima de vínculos es tonificante  como una tormenta, y recio como un cimiento; pero es el único modo de transformar la vida en un hogar, en una familia. Cuando en el hondón del pecho se cimenta una familia se desata una tormenta de alegría; cuando el cemento de la confianza supera la erosión del desengaño es cuando se construye una civilización verdaderamente humana. Esta colosal y actual tarea requiere no tener miedo, que equivale a tener inteligencia; es decir: a buscar la verdad, la propia y la de los demás.

 

 

GESTIÓN DEL CONOCIMIENTO

           

Algunos preclaros pensadores apuestan por una civilización del conocimiento  que rebase la actual cultura de la comunicación. Puede ayudar a tan noble propósito darse cuenta de que el conocimiento es un medio, no un fin. Es importante conocer el camino que lleva a una fiesta; pero es más importante la fiesta. Cuando el conocimiento, el dinero, el poder o la libertad –todos son medios- se quieren convertir en una fiesta se llega pronto a una tragedia.

 

El fin del conocimiento, y de todas las demás capacidades descritas, es la plenitud de sentido: el amor; la única actividad que es un fin en sí misma, porque se ancla en el respeto personal y en la afirmación de la vida. No se trata de saber muchas cosas, sino de saber mucho de las más importantes; y entre ellas destaca, sin duda, las relaciones interpersonales: aprender a querer.

 

Sentadas estas bases, conviene establecer una enseñanza elemental y media que se base en el respeto a todos, en la autoridad de quien enseña y en un esfuerzo acorde a la expansión de las personales capacidades que cada uno lleva consigo. Enseñanza comprensiva y exigente, teniendo en cuenta la diversidad natural de los jóvenes; evitando sistemas uniformizadores románticos de un rancio colectivismo, que es cualquier cosa menos romántico. Pienso que la educación que pretende meter en la misma horma a los adolescentes ahoga el empuje y la ilusión de los chavales.

 

Conviene, en la medida de lo posible, fomentar una cultura amplia, que libere de las cadenas de la ignorancia, y unos estudios superiores -para quienes quieran cursarlos- vinculados con la realidad laboral; un gran logro que va avanzando venturosamente. Por estos motivos, los países más civilizados cuidan con exigencia y esmero a los docentes, conscientes del inmenso potencial de una juventud bien formada y libre.

 

En el mundo laboral, y en todos los mundos, es preciso entender pronto que el que no vive para servir no sirve para vivir. Parece que muchos corren ardorosamente para ser el más rico del cementerio en una siniestra carrera. Se han olvidado de que las personas son biografías y no recursos.

 

El mundo actual necesita recuperar el sosiego, el pensamiento, la capacidad de disfrutar de tantas cosas pequeñas y hermosas. Tenemos que atrevernos a rectificar, a restaurar nuestras mejores instituciones. Quien no tiene nada que conservar puede que crea en el progreso, pero no cree en el hombre. Quizás este sea el gran reto del conocimiento: redescubrir por qué se puede apostar por cada persona humana.

 

 

PAZ Y BIENESTAR

 

            Hace poco tiempo presencié una escena interesante: Llovía a cántaros y un coche pasó rápidamente junto a una acera, poniendo tibio de agua a un peatón que esperaba estoicamente la apertura del semáforo. Cuando todo parecía apuntar a la emisión de algún improperio por el viandante calado, éste se dio la vuelta con una cara similar a la que pondría un joven padre ante una jugarreta de su hijo de dos años. Una mujer que estaba al lado empezó a partirse de risa y nuestro mojado caballero la miró como si le hubiera acaecido una segunda trastada de su infante. ¿En qué iría pensando ese tipo?

 

            Ir con un par de copas anímicas de más por la vida es cardiosaludable, pero no siempre resulta sencillo. Existen en nuestras biografías problemas objetivos y, por si fueran pocos, unos cuantos más subjetivos. La lógica del mendigo alegre o la del enfermo guasón pueden ser tan infrecuentes como que nos regalen una buena vivienda. Sin embargo, sabemos que tales actitudes se han producido y que en algunos lugares, quizás cercanos, siguen existiendo como estrellas en una noche oscura.

 

            Cuando a una persona le han dado “hasta en el carnet de identidad” puede que la identidad la haya malogrado o potenciado. Es una cuestión de enfoque: mirar abajo o mirar arriba. De optar por esta segunda postura, pueden adquirirse propiedades aerostáticas, como las de un zeppelín; es entonces cuando la levedad  puede dar la vuelta al mundo y desafiar a la mismísima ley de la gravedad con pensamientos alegres.

           

Desde luego hay contrariedades muy duras que no tienen ninguna gracia humana; pero hay quienes saben asumir, dentro de la pena, un confiado respeto ante el misterio del dolor y, quizás sin saberlo, su comportamiento está siendo profundamente agraciado influyendo positivamente en los que le rodean. De estas fermentaciones del alma puede salir el vino de la sabiduría. Se ven las cosas desde una perspectiva distinta; se cambia la jerarquía de valores. Se pasa de la cultura del tener más a la del ser más.

 

            Al viajar en avión, el campo y los pueblos se ven entrañables, podrían renombrarse con diminutivos. Ver desde arriba ayuda a ver las cosas mejor que desde abajo. La montaña está plácidamente tranquila, las nubes serenas y los campos no se salen de su sitio. Toda una lección del reino mineral y vegetal para el hombre de hoy. Sí: es la aceptación de mi paisaje y de mi paisanaje  –de mi vida-  la que me hace ver desde lo alto lo que está a un palmo de mis narices.

 

            La armonía, ese llevarse bien con el mundo, se basa en tener una misión convincente –muchas veces sincera y discreta- de la propia vida. El equilibrio de un ecologismo funcional es, por sí solo, totalmente insuficiente para una persona. Esto ocurre porque el Ibex de la vida –la suerte, la salud y el clima-, a veces, sube y baja como una montaña rusa; pero cuando uno se deja llevar por un misterioso aeroplano y vuelve a ver en panorámica su planeta azul, es cuando más contento puede estar al dar la vuelta a la esquina y descubrir en un semáforo, con una lógica nueva, un chispazo de alegría.□ J.I.M.I.

 

                                                                                      

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Arvo Net, 11/06/2006


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Enviado por Escritos Arvo, enero 2009, - 23/01/2009 ir arriba
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