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«ETIOLOGÍA DEL ERROR» (Carlos LLano)

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«Etiología del error»

«ETIOLOGÍA DEL ERROR»
Pan nuestro de cada día es el error. Errar es humano, han repetido los clásicos hasta hoy. Sería complicado intentar rebatirlo. Perseverar en el error es diabólico, se añade a veces. Porque igualmente es cierto que nadie quiere el error por el error y menos aún que le engañen. Por eso los sabios se han preguntado siempre por las causas del error, ese «parto mostruoso» de la mente, que decía Tomás de Aquino. El error y la injerencia del no-ser en el discurso es una temática abordada por los principales filósofos desde Platón, pasando por Aristótles, tomás, hasta Kano y los analistas del lenguaje. Recientemente Carlos Llano Cifuentes, tras la pubklicación de treinta libros que en conjunto podrían denominarse «Antropología de la Acción Directiva» ha publicado «Etiología del error» (Eunsa, (*) 2004), donde analizando el ser del hombre como un todo, que es quien propiamente se equivoca –las facultades superiores, inteligencia y voluntad, de suyo, no cometen errores- hace una exploración ontológica, antropológica y ética de las causas del error. A modo de ejemplo seleccionamos la siguiente:

LA PEREZA
en Etiología del error
de Carlos LLano
Ed. Eunsa
Pamplona, 2004.
108 páginas


«El conocimiento verdadero, conocido en cuanto verdadero, gracias o mediante la reflexión crítica, requiere de una diligente y sutil investigación. Ésta es la que falta en el pensamiento perezoso. Bien vista, la pereza no es causa del error, sino la ausencia de la causa de la verdad. Para que tenga lugar de hecho la verdad de nuestro conocimiento hemos de limitarnos a dejarnos llevar por el objeto. Este dejarse llevar no es en modo alguno una actitud pasiva. Por el contrario, como venimos diciendo, la preponderancia del objeto en su relación con nuestro conocimiento requiere de la reflexión crítica, esto es, de seguir la atenta marcha del conocimiento del objeto para detectar toda aquella influencia no cognoscitiva, que inhiera, perturbándola, en esta relación. La reflexión crítica, al detectar intenciones extrañas al objeto, incita a la voluntad para que las deseche, a veces con violencia, protegiendo la fuerza objetiva, conditio sine qua non del conocimiento verdadero. Esta limpieza de la inteligencia se realiza con denuedo, especialmente cuando se trata de desechar la información y la memoria, desviándonos a otros conocimientos análogos pero diferentes, y las pretensiones subjetivas del propio yo, que pretende engañarse a sí mismo pensando que sus circunstancias reales no son como son, sino como quiere que sean.

«En la pereza falta este denuedo, es decir, la lucha caracterológica para que las otras potentes fuerzas del alma no opaquen a la del objeto. La pereza es la causa más peligrosa del error, precisamente porque para que se dé no hay que hacer nada. Basta dejar que todas las demás fuerzas anímicas campeen libremente en el limpio espacio que se da que ha de darse entre el conocimiento y el objeto. Falta el dominio caracterológico que coloca en su lugar y en su función a cada uno de los movimientos del espíritu. Al dejarlas al desgaire, las desordenadas influencias que inhieren en nuestros naturales procesos, perturban la función que a cada uno de ellos le corresponde dentro del orgánico conjunto de la vida espiritual humana.

«Las consecuencias de ello en el conocimiento son graves. Siendo el conocimiento la tarea suprema del alma, todas las demás, dependientes de ella, se descomponen sin remedio hasta tanto no se logre que el proceso noético se someta dócilmente a las manifestaciones de la realidad objetiva. De ahí que el hombre afectado de pereza no es un individuo de fiar, pues le falta la primera cualidad que pedimos al ser humano como nota mínima en que se fundamenta toda personalidad. El perezoso es veleta movida por el viento de las circunstancias, es decir, carente del dominio de sí.»



(*) eunsa@cin.es

© ASOCIACIÓN ARVO
Contacto: webmaster@arvo.net
Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

27/05/2005 ir arriba
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