| Se narra la historia de Cassiel, que -como Raphaela, su amiga -, es uno de los ángeles de la guarda que vuelan por Berlín. Ambos son invisibles y llenos de benevolencia, pero no tienen ningún poder, no pueden intervenir en la vida de la gente. Entonces Cassiel se convierte en humano para saber cómo sienten y perciben el mundo de las personas
(La profundidad y dificultad de los asuntos de fondo tratados en la película la hace sólo apta para mayores)
FICHA TÉCNICA
Título original: Faraway, so close!
Año: 1993 - Alemania
Gran premio del jurado en Cannes 1993
Director : Wim Wenders
Guión : Wim Wenders, Ulrich Zieger, Richard Reitinger
Fotografía : Jürgen Juerges
Música : Laurent Petitgand
Montaje : Peter Przygodda
Diseño de Producción : Albrecht Konrad
Producción : Wim Wenders
Productoras : Road Movies, Tobis Filmkunst
Intérpretes :
Otto Sander (Cassiel), Peter Falk (El mismo), Horst Buchholz (Tony Baker), Nastassja Kinski (Raphaela), Bruno Ganz (Damiel), Heinz Rühman (Konrad), Solveig Dommartin (Marion), Rudiger Vogler (Philip Winter), Willem Dafoe (Emit Flesti), Lou Reed (El mismo).
Sinópsis:
Se narra la historia de Cassiel, que -como Raphaela, su amiga -, es uno de los ángeles de la guarda que vuelan por Berlín. Ambos son invisibles y llenos de benevolencia, pero no tienen ningún poder, no pueden intervenir en la vida de la gente. Entonces Cassiel se convierte en humano para saber cómo sienten y perciben el mundo de las personas.
Wim Wenders resuelve magistralmente el tan manido tema de las intervenciones angelicales entre los humanos. No cabe esperar –no es éste el propósito del guionista – que los “ángeles” de la película sean de la misma naturaleza que los de verdad, a los que conocemos por la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. Pero es una buena ocasión para plantearse el tema y acudir a las fuentes para conocer lo que la Iglesia enseña sobre ellos (*)
En el film, un ángel observador, incapaz de comprender el ritmo de vida humano, consigue devenir mortal y comienza un período de adaptación en el que el desarrollo del personaje está magníficamente tratado tanto por el guión y la dirección, como por el propio actor (Otto Sander). Willem Dafoe interpreta a un “exángel” que no consigue hacer siempre el bien y demuestra una vez más su experiencia en papeles de malo distante destinado al fracaso. Nastassja Kinski nos da el punto de estabilidad de lo divino. Un vaivén de personajes oscilan entre la fuerza y la debilidad, la victoria y la derrota, el éxito y la miseria, el heroísmo y la decadencia.
Conviene advertir que la película alterna el color y el b/n según la naturaleza de los personajes (humano/divino) con transiciones suaves.
Lanza continuas cuestiones existenciales y filosóficas, con continuas referencias tanto a la percepción (ya sean realistas o idealistas) como al problema del tiempo, eje argumental de la película.
Cada vez que se ve, puede obtenerse más jugo de la película, que parece fácil porque sólo da pistas de su contenido. Magnífica técnica, guión y realización.
¿Un defecto? Quizás le sobren 15 o 20 minutos de metraje.
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