Por Gustavo de Prado
Arvo Net,
21/09/2005
Título: TIERRA DE ABUNDANCIA
Dirección: Wim Wenders.
Intérpretes: Michelle Williams, John Diel.
Duración: 123 m. Género: Drama.
Valoración: Mayores de 13 años.
Calidad técnica: Muy buena.
Hay determinada filmografía de Wim Wenders
(“El cielo sobre Berlín”, “Tan lejos, tan
cerca” y “París, Texas”) por la que siento
auténtica fascinación. Ahora incorporo una
película más: “Tierra de abundancia”.
Cuando las vi por primera vez me dejaban
cierta vaga inquietud. Eran películas
trabajosas que, sin embargo, parecían haber
transmitido un mensaje muy sencillo. Pero al
verlas por segunda vez se impone, por encima
de la apariencia de la narración, la
cualidad de los personajes.
Tras un primer vistazo a “Tierra de
abundancia” podemos quedarnos con lo que el
guión nos ha contado: una visión post-11S,
una indagación acerca del pueblo americano,
una concepción de la tierra de abundancia (o
no tanto) que es EEUU. Gran parte de la
crítica ha señalado la filiación de la
película con los documentales de Michael
Moore. Pero la visión de Wenders no es la
crítica documental sino la narración de
ficción. Por otro lado he aprendido a dejar
pasar el tiempo con las películas de Wenders
y deleitarme con el segundo visionado.
Entonces salta a la vista el elemento común
de su cine o, por mejor decir, de los
personajes principales de su cine. Todos
ellos, sean ángeles (“El cielo sobre
Berlín”, “Tan lejos, tan cerca”) u hombres
(“París, Texas”, “Tierra de abundancia”)
parecen seres extraños, casi míticos, como
procedentes de otro mundo que viven
desencajados en el planeta humano común.
Parecen haber salido de un cuento arcano, de
un universo legendario. No cuadran con el
resto de la humanidad. Y, sin embargo, ahí
está el punto que nos fascina de Wenders:
esos personajes son los más plenamente
humanos.
Si los ángeles renunciaban a su condición
para hacerse hombres es porque estaban
asombrados por la Humanidad, atónitos ante
tanta dignidad encerrada claustrofóbicamente
en un puñado de materia. Los personajes
principales de Wenders (ángeles u hombres)
nos parecen extraños porque han decidido ser
humanos en su plenitud, se han impuesto a sí
mismos la espantosa sentencia de vivir en
libertad. A su alrededor pululan (pululamos)
gentes triviales que se limitan a vivir.
Pero ellos no, ellos sacan partido,
exprimen, apuran al límite, estrujan hasta
la última gota las insospechadas
posibilidades del ser humano. No viven,
simplemente. No sienten afán por lo efímero.
Disfrutan con el placer de descubrir la
naturaleza humana en sus infinitos destinos.
En “Tierra de abundancia” nos encontramos
con Lana, hija de un misionero protestante
que ha vivido sus 20 años entre África y
Cisjordania. Ahora, a la muerte de su madre,
vuelve a Estados Unidos para localizar a su
tío Paul. Él es un veterano de Vietnam, un
paranoico que, desde el 11-S, patrulla las
calles en su furgoneta en busca de
musulmanes conspiradores. Tras el primer
encuentro entre tío y sobrina no parece que
tengan nada que decirse. Pero entonces
quedan unidos por la muerte de un extraño y
comienzan a recorrer un camino insospechado.
Como en “París, Texas” la mirada
originalísima de Wim Wenders se mueve a
ritmo de road-movie y nos deja una
fotografía que recorre paisajes quemados,
personajes incandescentes, una música
siempre excelente. Y una vaga inquietud.
Porque nos gustaría ser tan regiamente
libres como sus personajes pero no nos
atrevemos.