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REPRODUCCIÓN HUMANA ASISTIDA (Natalia López Moratalla)

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CÉLULAS TRONCALES EMBRIONARIAS


La discusión bioética sobre la reproducción humana asistida; aspectos biológicos

La magnitud de la manipulación de los seres humanos en fase embrionaria ha alcanzado cotas impensables hace 30 años, cuando comenzó la práctica clínica de transmisión artificial de la vida.

Por Natalia López Moratalla.

 

1. El contexto biomédico de la práctica de la reproducción humana asistida.

La magnitud de la manipulación de los seres humanos en fase embrionaria ha alcanzado cotas impensables hace 30 años, cuando comenzó la práctica clínica de transmisión artificial de la vida. Las técnicas de reproducción humana asistida (RHA) surgieron en el ámbito de la medicina como un medio de “asistir” y como solución extrema “de emergencia” que permitiera la fecundación mutua de los gametos de un hombre y una mujer, que desean procrear pero presentan algún tipo de obstáculo, o alteración, que hace imposible el encuentro y fusión de sus propias células germinales. Empezó siendo un medio de solucionar, aunque sin curar, algunas formas de esterilidad; y no se percibió entonces, con claridad, las profundas razones antropológicas que guían la verdad de la transmisión natural de la vida humana; lo que supone negarle al hijo el tener su origen en la unidad de los cuerpos personales de sus progenitores, en la libertad –indeterminación- propia de la naturaleza; y lo que significa no ser concebido y acogido en su madre.

Se temía, no obstante, los efectos que la manipulación de la procreación podría tener en el sentido del riesgo que corre su vida y su integridad física por la situación no natural de su origen y ante esa falta de acogida en el inicial en el seno materno. Poner todos los medios de ayudar a engendrar, sin convertir a los progenitores en meros donantes de gametos, es un límite racional para todos. Ese ayudar, sin sustituir, es una respuesta profundamente humana a la cuestión de cuál de los dos derechos humanos en conflicto debe prevalecer: si el del hijo a tener su origen en el engendrar de sus padres con su biología no programada y elegida “desde fuera” y acogido en el seno materno en una plena unidad de concepción, nacimiento y crianza, o por el contrario, el “derecho a un hijo”, el derecho a tener en propiedad y gestar una criatura, o incluso el derecho a tener la opción a elegir frente a la procreación natural.

La opción de sustituir el engendrar de los padres por un proceso en que el hijo es producido, fue imponiéndose a lo largo de los años 80. El legítimo deseo de hijos de un matrimonio estéril -legítimo en cuanto deseo-, se ha convertido en un falso derecho a las más variadas opciones reproductivas con el apoyo de las prácticas de RHA. La gama actual de situaciones aceptadas y legalizadas (tales como donantes de gametos, madres de hijos sin padre, madres ancianas,  hijos a la carta, donación de embriones, uso de las técnicas de diagnostico para selección de los embriones, etc.) excede los limites clínicos planteados en los inicios, para convertirse en una medicina “del deseo”, de selección de sexo, y en una eugenesia prenatal que permite elegir “el mejor por algún motivo” (que no porten una tara genética heredable, selección en vistas a ser donante compatible de un hermano ya nacido) y destruir a los restantes hermanos. Algunas de estas prácticas no pueden considerarse que formen parte de la medicina de la esterilidad. Más aún, la ley de RHA, aprobada en mayo de 2006, hace de estas prácticas un campo legal de generar embriones en exceso y para usarlos como material biológico de interés científico, o de interés para empresas biotécnológicas.  

Se pone de manifiesto que la forma de plantear las cuestiones científicas ha cambiado radicalmente debido a los abusos en este campo de la medicina de la esterilidad. La imagen humanitaria, propia de la investigación biomédica que lucha por salvar vidas humanes, por curar la enfermedad y  paliar el dolor, a la que se apela, no es coherente con los medio que se emplean para conseguirlo. Es una contradicción con el fin declarado de curar enfermedades de unos, emplear a otros; o incluso producirlos como material biológico de partida. La naturaleza de la ciencia no ha cambiado ni cambia; lo que se debate es un cambio en la valoración de la vida, o la salud, de unos en función de la conveniencia de otros. La mentalidad intervencionista en la transmisión de la vida y la mentalidad manipuladora de la vida naciente facilitan pensar que la vida humana en los primeros días de desarrollo (es decir, antes de la implantación), sería insuficiente para que se pueda asumir que posee el carácter personal propio de todo individuo de la especie humana. Es una forma de escape a la gravedad del poder sobre la vida y las personas, característico de la biotecnología actual y al que muchos se acostumbran. Este escape se aúna y potencia con el hecho de que el embrión carece de plena “autonomía” en su relación con la madre que le gesta. En este punto se repite al nivel biológico la vieja ideología de la autonomía total del ser humano. Sin embargo, aquí también la biología actual ha dado un avance formidable al describir con todo rigor y detalle el proceso de tolerancia que el embrión, desde el inicio de la vida, induce en la madre, marcando así las pautas para la simbiosis de vida en común que ambos disfrutan en los nueve meses de gestación.

El núcleo fundamental de la “nueva evaluación” es nada menos que del estatus ontológico, científico, ético y jurídico del llamado preembrión.  Según la definición aportada por la nueva ley, preembrión “es el embrión in vitro constituido por el grupo de células resultantes de la división progresiva del ovocito desde que es fecundado hasta 14 días más tarde”. Obviamente,  es una definición arbitraria: no se justifica científicamente ninguno de los aspectos que recoge como definitorios. De hecho, el que sea originado por fecundación in vitro no le distingue del engendrado  in vivo y darle a los 14 días in vitro un valor indicativo de algo que no existe; sólo si es está en la madre (in vivo) esa fecha marca un evento, que aunque no es “radicalmente” significativo, marca el final de la etapa de implantación que dura aproximadamente desde el día 5 o 6 hasta el 14 o 15.

Necesitamos, con urgencia, reasumir la evidencia de que la realidad humana en desarrollo es humana, y abandonar la insistencia en adscribir valor moral a lo humano en función de su contexto y de valores externos adjudicados por otras personas. Si se rehuye la perspectiva del carácter personal de la realidad humana embrionaria se pasa al imperativo moral de la compasión a las parejas sin hijos, que obliga a satisfacer cualquier deseo de paternidad biológica, al imperativo moral de la compasión a los enfermos que obliga a la investigación destructiva y consumidora de embriones. Pero, la ciencia biomédica tiene muchas otras opciones, que es preciso que no queden sepultadas en la toma de postura política o de los medios de comunicación. Por otra parte, continúan alzándose alertas sobre los efectos de estas técnicas sobre la salud de los nacidos por generación in vitro; como se comentará después, diversos estudios muestran una frecuencia mayor de enfermedades poco frecuentes en niños engendrados.  

Es importante, por ello, conocer los aspectos científicos y técnicos de la práctica de la RHA, especialmente en lo que se refiere a la situación de alto riesgo para la vida y la integridad física de los embriones obtenidos y manipulados en el laboratorio. Comentaremos, además, tres aspectos científico-tecnológicos que se entremezclan en esta compleja situación. En primer lugar, la condición de individuo de un ser humano desde la concepción con independencia de la forma en que se ha originado, mostrando lo que le resta a su desarrollo biológico el hecho de ser producido. En segundo lugar las tendencias y objetivos de la investigación actual con embriones dirigidas a la selección. Y, por último, los recientes descubrimientos de las células madre de origen embrionario y las promesas de sus posibilidades terapéuticas.

1.1.      Principales técnicas de reproducción humana asistida.

Entre las técnicas de RHA cabe mencionar  la inseminación artificial, la transferencia de gametos al oviducto (GIGF),  la transferencia intratubárica del cigoto (ZIFT) y una variedad de procedimientos in vitro que conducen a la unión del óvulo con el espermatozoide. Entre estas últimas se cuentan la fecundación in vitro (FIV), la inyección intracitoplásmica de espermatozoides (ICSI) y la inyección de células menos diferenciadas de la línea germinal masculina. Aunque todas ellas son técnicas de concepción in vitro, solo la “fecundación in vitro” (FIV) ha retenido este término (Figura 1). Se acompañan de tratamiento hormonal de la mujer para incrementar la producción de óvulos[1].

La FIV de óvulos y la posterior transferencia del embrión al útero es una técnica de rutina[2], basada en los trabajos pioneros de Robert Edwards  que le llevaron,  junto a Patrick Steptoe, a obtener el primer nacimiento de una concebida in vitro[3]. Los óvulos se obtienen  mediante la aspiración del contenido de los folículos ováricos, después de realizar una estimulación hormonal de la mujer; se incuban in vitro en condiciones controladas, junto con los espermatozoides. Éstos se preparan en condiciones capaces de inducir la capacitación: una activación fisiológica necesaria para la fecundación.

En 1992 nacían los primeros niños concebidos mediante el uso de la técnica de ICSI[4]. Consiste en microinyectar un único espermatozoide directamente en el citoplasma del óvulo. Se presento cómo útil cuando se cuenta con muestras de semen con pocos espermatozoides o con espermatozoides inmóviles que no serán capaces de fecundar utilizando la técnica convencional in vitro. Más tarde, se ha generalizado rutinariamente su uso llegando a constituir el 50% aproximadamente de los procesos. Desde 1995, cuando no se encuentran espermatozoides maduros en el semen y solo pueden localizarse células inmaduras, se utiliza la microinyección de espermátidas redondas o elongadas[5], incluso de espermatocitos secundarios[6], que son progenitores de los espermatozoides con dotación genética doble que ellos y que elimina posteriormente la mitad sobrante.

Una tercera manipulación in vitro, pensada para cuando las mitocondrias maternas son defectuosas, supone cambiar, mediante inyección,  el citoplasma del cigoto constituido por el de otro cigoto cuya madre tenga mitocondrias sanas (Figura 1). Esta variante está en estudio debido a que las mitocondrias de dos mujeres diferentes presentan incompatibilidad.

La transferencia de gametos al oviducto (GIFT) se basa en la colocación simultánea de óvulos y espermatozoides en la trompa de Fallopio; esta técnica es más similar a una inseminación y no acarrea ni tantas perdidas embrionarias, ni embriones excedentes. Sin embargo, su uso es muy limitado, a no ser que sea solicitado expresamente por la pareja, ya que es un procedimiento más caro y técnicamente más complicado que las técnicas de fecundación in vitro, y los resultados obtenidos no son mejores.

1.1.1.         Tecnología complementaria: cultivo y crío conservación de los embriones.

Se vio necesario congelar un breve tiempo los embriones a fin de acoplar el estado su de desarrollo al ciclo biológico de la madre que lo va a recibir y gestar. Los primeros estudios sobre congelación de embriones se realizaron hace ya 50 años en conejo en presencia de un crioprotector[7], y más tarde se logró el nacimiento de crías viables de ratón a partir de embriones congelados a –196ºC y –269ºC[8].  Los primeros intentos de preservación en frío de embriones humanos, seguidos de transferencia de los embriones y nacimientos, tuvieron lugar a comienzos de los años 80[9]. Las tasas de implantación son menores con los  embriones congelados[10] y además[11] se ha observado que el daño experimentado por los embriones como resultado de la congelación-descongelación es del orden del 30%, especialmente si fueron generados por ICSI.

Es habitual, antes de proceder a la transferencia, realizar un cultivo in vitro de los embriones descongelados durante un período de 24 horas. Es una reanimación, para asegurarse que continúan el desarrollo, puesto que el frió detiene la vida. La crío conservación ha traído consigo el exceso en la producción de embriones en cada ciclo de reproducción asistida y el almacenamiento de ingentes cantidades de ellos, que en su mayoría quedan abandonados.

1.2. La investigación de las técnicas de RHA

La práctica clínica de las diferentes formas de FIV es muy agresiva a fin de suplir la ineficiencia natural, y fuerza artificialmente la capacidad fecundante, con lo que los embriones presentan una tasa alta de deficiencias y muy baja viabilidad. Conlleva, pues, una perdida prevista y aceptada de embriones humanos. Esta práctica presenta adicionalmente la falta de ética de la investigación que supone ensayar a gran escala en humanos, sin la investigación previa suficiente en modelos animales. Las recomendaciones para utilizar uno u otro de los procedimientos y las decisiones al respecto se hacen sobre la base de los resultados estadísticos a posteriori. Por ello, han mejorado algunos aspectos secundarios de los protocolos mientras sigue sin poder tomarse en consideración rigurosa procesos esenciales.

En 2005 se ha publicado el último registro europeo anual de la “European Society of Human Reproduction and Embryology” (ESHRE) que reúne los datos de los ciclos de reproducción humana asistida iniciados en el 2001, en 579 clínicas de 23 países[12].   Es el quinto registro de datos ; los anteriores recogen los ciclos iniciados del 1997 al 2000.

El porcentaje de niños nacidos por TRA respecto al total es de un 1,3%. En general muy pocas de las mujeres que optan por las técnicas de RHA tienen menos de 29 años; en España un 10%. Casi un 80% están entre los 30 y los 40 años; otro 10% entre los 40 y 44 y un 1% es mayor de 45.

En cuanto a la frecuencia de los diagnósticos de esterilidad, el factor masculino supone el 18,9%; los factores múltiples femeninos más masculinos, el 17,6%. El factor tubárico el 16,1% y los factores femeninos múltiples un 12,5%, mientras que las disfunciones ováricas suponen un 5,4% y la endometriosis el 7,8%. Hasta un 10,5% de los casos de las parejas con infertilidad son por causas no explicadas. La eficacia de las técnicas según la causa de la esterilidad es obviamente diferente: un porcentaje cercano al 30% en caso de factor masculino, de disfunción ovárica, endometriosis y en los casos de causas no explicadas. Es menor la eficacia en caso de factor tubárico y disminuye en casos de causas múltiples hacia el 20% y sólo se consigue un 11,5% si está disminuida la reserva de óvulos.
La eficiencia de las diferentes técnicas es muy similar: FIVET  un 28,6%; ISCI un 31%; GIFT el 24,5%; ZIFT el 29,2%,  y por combinación de ellas se alcanza un 32,0 %. Sin embargo el porcentaje de uso de las diversas técnicas es muy desproporcionado, sin motivo y a pesar de la similitud de eficacia: FIVET un 52,3%; ISCI un 45,8%; GIFT el 0.7%; ZIFT el 1,0% y por técnicas de combinación un 0,1%.

Un breve resumen del total y de España nos permite observar la panorámica general y la posición de nuestro país respeto al resto de Europa.

 

 La práctica de la RHA en el 2001

EUROPA

ESPAÑA

Numero de centros/ centros que dan los datos

740/579

182/47

Número de ciclos iniciados con varios embriones por ciclo

289.690

13.355

                                                      Ciclo con FIV / con ICSI

120.948/114.378

3.440/6.439

                                                    Ciclo con óvulos de donante

    7.171 (33,4%)

1.635 (50%)

Número de embriones transferidos simultáneamente(1-2-3-4)

12-51-30-5.5%

10-25-51- 14%

Embarazos simples, dobles, triples o cuádruples, en %

74-24-1.5-0

76-23-0.2-0

Embarazos por aspiración de óvulos (FIV-ICSI)

25.1 - 26.2%

28.7- 30.6%

Embarazos por trasferencia de embriones sin/con congelación

29- 16.4%

32- 22.6 %

Embarazos inseminación del marido (menos o más 40 años)

12.9- 9.7%

12.9-10.2%

Embarazos inseminación donante (menos o más 40 años)

17.1- 8%

22.6-10%

 

Podemos destacar como datos más significativos que el porcentaje de embarazos por transferencia al útero de los embriones no logra pasar la cifra inicial de alrededor de un 25-30%. Se transfieren varios embriones y, sin embargo, la casi totalidad de nacimientos es de un solo bebé. España destaca frente al conjunto de Europa por transferir tres embriones simultáneos en el 50% de los  ciclos, incluso 4 en un porcentaje mayor que la transferencias de uno sólo; y, sin embargo, los embarazos resultan simples en un 75 % igual que en el resto de Europa. En contraste, Finlandia –que se situa en el extremo opuesto en estas cifras- realiza el 30% de las transferencias de un solo embrión y el 66.6 % de dos embriones, con similar porcentaje de embarazos. Estas transferencias múltiples innecesarias son una considerable falta de rigor y una despreocupación por la muerte embrionaria consentida. Como lo es también la producción en exceso de embriones por ciclo que hace que haya excedentes, que se conservan en frío.

La tasa de embarazo producido por transferencia de embriones desciende considerablemente si han estado crioconservados. Todavía se debate cuál es el mejor momento para proceder a la congelación de los embriones. Algunos grupos prefieren la criopreservación durante la fase pronuclear mientras que otros favorecen estadios más tardios[13] ya que esto último permite seleccionar los embriones[14].

1.3.  Mortalidad intrínseca del embrión in vitro.

Los datos acerca de la mortalidad embrionaria muestran que el porcentaje de embriones que detienen su desarrollo entre las etapas de cigoto y blastocisto es más elevada cuando la generación e inicio del desarrollo tiene lugar in vitro[15], que in vivo.  Los criterios morfológicos o genéticos) acerca de la viabilidad intrínseca del embrión in vitro tienen un carácter negativo: se trata de definir qué condiciones observables de los embriones in vitro pueden asociarse a su no viabilidad posterior; es decir, qué criterios permiten predecir las probabilidades de no continuar el desarrollo después de su anidación.

Existen varias causas de la mortalidad de los embriones generados in vitro[16]: la misma infertilidad de los progenitores[17], defectos intrínsecos del oocito[18] y, sobre todo, las  anormalidades cromosómicas ya  que hasta un 40% de ellos contienen dichas anomalías.[19] Aproximadamente el 50% de los embriones preimplantatorios de 2 ó 4 células que se cultivan in vitro no llegan al estadio de blastocisto[20]. Además, sólo aproximadamente el 20% de los embriones de 4 células transferidos se implantan en útero[21]. Es decir, los embriones generados en el laboratorio son más enfermos[22] y mueren muchos en el proceso, a consecuencia de las manipulaciones. Por otra parte, las técnicas para un diagnostico preimplantatorio, que requieren tomar una o dos células de un embrión de tres días, han puesto de manifiesto la asombrosa habilidad para compensar el daño[23]. Son muestra evidente de la consistencia intrínseca de un embrión y de que la disminución es efecto de la manipulación artificial y la falta del medio natural adecuado para su desarrollo.

El hecho de que a un embrión in vitro no se le destine (temporal o definitiva) a su implantación en el seno materno, no significa que su valor o estatus sea diferente al embrión en útero: o es un embrión humano o no lo será nunca. Sólo significa que sus “progenitores-dueños” le ponene en la existencia sin permitirle que anide acontinuación. La implantación diferida en el tiempo se ha hecho posible por las técnicas de cultivo y crioconservación a largo plazo de los embriones preimplantarios; con ello se percibe muy diluida la responsabilidad natural de los padres con el embrión y se da una progresiva despersonalización en la relación paternidad-filiación. Cada hombre no obtiene su derecho a existir de la común acogida de sus progenitores, de la aceptación de una mujer, o de una determinación legal, sino de su condición de ser humano. Una anidación o un embarazo diferido -incluso hasta su conversión en sobrante- turba y trastoca aun más la transmisión de la vida hasta el punto de llegar a considerar al hijo una propiedad disponible. Disponible y abandonable.

Se pretende justificar la fecundación de más de un óvulo para disponer de un mayor número de embriones preimplantatorios, bien  para aumentar la eficacia procreativa con las menores molestias posibles, o bien para permitir la selección de aquellos embriones considerados los óptimos por su estado de previsible salud, o por mera elección del sexo. Pero la lógica del escoger es muy exigente: la posibilidad de escoger lo óptimo está en relación directa al número producido. Aparecen así los adjetivos de embriones subóptimos, inviables, sobrantes, no implantables, crioconservados. Términos todos ellos que no modifican la realidad humana de los embriones, pero que de forma imperceptible y gradual suaviza la carga eugenésica de esta práctica. 

Tambien se justificó la transferencia múltiple para facilitar así la supervivencia de alguno de ellos, aumentando la escasa eficacia de la práctica de la FIV. Esta medida ha sido contestada por los clínicos dado que los posibles embarazos múltiples no sólo son un peligro para la madre sino que han resultado un déficit para los niños que nacen prematuros. El aborto selectivo de algunos de ellos (conocida con el eufemismo de”redución embrionaria”) no resuelve el segundo problema. A su vez, el tra

Enviado por Arvo Net - 29/04/2007 ir arriba
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