«Cosmos» no es sólo ni principalmente divulgación científica. Sagan se propuso una meta mucho más ambiciosa: dar una respuesta a los interrogantes básicos de la vida humana mediante los datos de la ciencia natural. Esa respuesta se resume en un evolucionismo materialista en el que los valores humanos se reducen a cenizas o, más exactamente, a las interacciones entre moléculas.
En síntesis, Sagan sostiene que el hombre no es más que un producto de la evolución al azar de la materia; que la afirmación de un Dios creador y ordenador ha sido superada por el avance científico; y que los valores humanos son algo casual y relativo, pues el hombre ha resultado de una pura evolución material que en otros lugares del Universo ha debido producir otros seres inteligentes diversos de nosotros y con distintos patrones culturales.
Como estas tesis caen fuera del ámbito de la ciencia, y Sagan las presenta como si fueran conclusiones científicas, no puede extrañar que recurra a técnicas propagandísticas. Sagan no las argumenta: las repite una y otra vez cantando sus excelencias, como si se tratara de convencer a su público mediante imágenes, música y slogans. Quien desee convertirse en un experto «come cocos», puede aprender bastante de Sagan.
De la materia a la inteligencia
Para Sagan, que la materia evolucione hasta producir la inteligencia no ofrece ningún problema. Tampoco piensa que el hombre haya de preocuparse al advertir que no es más que un conjunto de moléculas. En sus propias palabras: «Yo soy un conjunto de agua, de calcio y de moléculas orgánicas llamado Carl Sagan. Tú eres un conjunto de moléculas casi idénticas, con una etiqueta colectiva diferente. Pero, ¿es eso todo? ¿No hay nada más aparte de las moléculas? Hay quien encuentra esta idea algo degradante para la dignidad humana. Para mí es sublime que nuestro universo permita la evolución de maquinarias moleculares tan intrincadas y sutiles como nosotros».
Sagan intenta reducir toda la realidad a los datos de las ciencias naturales. Pero, como todo reduccionismo, también el de Sagan lleva a un callejón sin salida. En efecto, que el hombre se reduzca a su composición físico química no es una conclusión de la física ni de la química ni de la biología. Es una afirmación filosófica. Las ciencias proporcionan datos sobre la constitución de la materia, pero no pueden afirmar que todo se reduce a esos datos. Esa afirmación no puede basarse en los métodos ni en los resultados de las ciencias. Por tanto, el científico Sagan juega a hacer filosofía, y bastante barata. Ni siquiera plantea los problemas y sus dificultades: los da como resueltos de antemano, ya que, por definición y sin ninguna justificación, todo se debe a fuerzas físico químicas; y ese todo es, por ejemplo, la psicología humana, el conocimiento intelectual, la ética, la cultura y la religión. Con el optimismo ingenuo del cientista, Sagan responde en nombre de la ciencia a las cuestiones eternas de la humanidad, reduciéndolos a un único factor y descartando lo demás como prejuicios. Lo menos que se puede decir es que la posición de Sagan es arbitraria y claramente insuficiente. Y, en la medida en que se presenta como avalada por la ciencia y sin juzgar la intención de Sagan , objetivamente es un fraude intelectual.
Un prestidigitador intelectual
Los prestidigitadores nos asombran sacando pañuelos o palomas donde no los había. Pero cualquier espectador sabe que hay truco. Sagan se monta en su nave espacial, nos distrae con imágenes espectaculares, nos adoctrina con su tonillo de maestro condescendiente y categórico, descarta con una sonrisita irónica cualquier apertura al espíritu, escamotea una cuestión para la que no tiene respuesta... y ¡hop! ¡aquí llega la ciencia!
Sagan saca sus prejuicios ideológicos de su amplia manga, y consigue efectos sorprendentes. El truco es sencillo: como hace de divulgador para el gran público, puede permitirse simplificar los problemas. Pero los simplifica de modo que sean sus ideas las que triunfen, sin mencionar siquiera las dificultades por grandes que sean.
Así, Sagan presenta hipótesis conjeturales como si fueran datos ciertos. Prescinde sin más de los datos que no le interesan. No deja a su público la mínima posibilidad de pensar que las cosas pueden ser de un modo diferente. Sagan, que acusa a la religión de ocultar las cuestiones molestas, es un maestro en el arte de descartar sin pruebas lo que le incomoda. Alude, como de pasada, con irónico cinismo a las doctrinas que no van de acuerdo con sus ideas.
Preguntas incómodas
Y esto sucede con temas de la máxima importancia. Así, la selección natural haría innecesario recurrir a un Dios Creador: ni siquiera se advierte que es necesaria la creación divina, haya o no selección natural. De modo aún más general, dice que ya los antiguos griegos vieron que se podía conocer el mundo «sin la hipótesis de un dios», como si no fuera precisamente nuestro conocimiento del mundo lo que nos permite razonar que debe existir Dios. Y, al referirse al origen del Universo, afirma: «Es corriente en muchas culturas responder que Dios creó el universo de la nada. Pero esto no hace más que aplazar la cuestión. Sí queremos continuar valientemente con el tema, la pregunta siguiente que debemos formular es evidentemente de dónde viene Dios». Sagan no se plantea lo más elemental: no llegamos a Dios como una causa más dentro de la causalidad del universo, sino advirtiendo que las criaturas no tienen el ser por sí mismas, y que exigen una Causa de otro orden Dios que posea el ser por sí mismo, de tal modo que si Dios no existiera ninguna criatura podría existir.
Los ejemplos se podrían multiplicar. Como botón de muestra, es suficiente notar que, al exponer el evolucionismo, Sagan crea la falsa impresión de que, desde Darwin y Wallace, el evolucionismo es una doctrina indiscutible y sin lagunas; incluso parece como si Darwin conociera bien la genética, ciencia que se desarrolló después de su muerte. No sorprende, en este contexto, que Sagan no mencione a Mendel (no aparece ni en el índice de nombres de su libro), aunque se extiende en todo tipo de anécdotas sobre los más diversos científicos; no es aventurado imaginar que le moleste quizás que Mendel fuera un buen fraile católico, ya que Sagan suele referirse de modo irónico a todo aquello personas, instituciones o épocas- en donde el cristianismo ha dejado su huella.
Al comenzar su serie televisiva, Sagan aseguraba a los espectadores que distinguiría en sus explicaciones lo que son hechos y lo que son simples especulaciones. Pero no cumple su palabra. Y es una lástima, porque Sagan tiene sin duda talento de divulgador, y sus exposiciones hubieran ganado mucho si no intentara aprovecharlas para hacer pasar por ciencia unas ideas pobres que no resisten un análisis mínimamente riguroso.
Sagan dice que el conocimiento de seres inteligentes de otros mundos ampliará nuestra estrecha perspectiva y nos ayudará a saber quiénes somos. Pero habrá que esperar bastante. El mismo Sagan, en su libro «Murmullos de la tierra», dice que las estimaciones más optimistas sitúan la civilización más cercana a varios centenares de años luz; una nave espacial tardaría varios cientos de años en recorrer esa distancia, suponiendo que fuera a la velocidad de la luz; en cuanto a las galaxias más cercanas, tardaría un mínimo de 200.000 años. Habrá que esperar bastante. Pero, al fin y al cabo, mientras tanto ya tenemos clave fundamental de la respuesta: nosotros y esos otros seres inteligentes somos un conjunto de moléculas básicamente idénticas con diversas etiquetas. A quien esto le parezca poco, le queda el consuelo de que el científico Sagan lo considera «sublime». Con lo que se confirma la idea de que entre lo sublime y lo ridículo no hay más que un paso.
Prejuicios cientistas
Como todos los cientistas, Sagan sabe mucho de su especialidad, pero se sale del campo de la ciencia. Parte del principio de que no puede conocerse nada fuera del mundo de la ciencia y, por pura tautología, infiere la inexistencia de cualquier fenómeno no detectable por la observación científica. Esta negación se opone a los mismos principios científicos, que marcan las fronteras de los hechos y métodos que corresponden a la ciencia. A diferencia del científico, el cientista convierte en axiomas las conjeturas que le han servido de base, y saca conclusiones ajenas a la ciencia que invoca. Ya no estamos en el campo del saber, sino en el del prejuicio enmascarado.
Mariano Artigas, colabora en Arvo, es Doctor en Ciencias Físicas por la Universidad de Barcelona y Doctor en Filosofía por la Universidad Lateranense de Roma (1963) y la de Barcelona (1979). Sacerdote, es miembro de la Academia Internacional de Filosofía de las Ciencias. Ha sido Decano de la Facultad Eclesiástica de Filosofía de la Universidad de Navarra. Fue Consultor del Consejo Pontificio para el diálogo con los no creyentes, es profesor ordinario de Filosofía de la Naturaleza y Ciencia en la Universidad de Navarra. Autor de libros como "La inteligibilidad de la naturaleza" y "Ciencia y fe: nuevas perspectivas", es profesor invitado en universidades españolas y extranjeras y profesor honorario en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Lima, Perú).
Una de sus más importantes obras es La mente del Universo, Ed. Eunsa, Pamplona 1999, acaba de ser reeditado. Ha merecido comentarios como los de las personalidades siguientes:
El libro de Artigas debería ser leído por todos los que comienzan a estudiar ciencias, y también por todos los que se dedican a enseñarles.
Martin Hewlett.
Departamento de Biología molecular y celular, Universidad de Arizona (USA).
Considerando la novedad de su perspectiva, su valor intrínseco, y la fecundidad de las perspectivas que abre para el lector, La mente del universo puede considerarse no sólo una contribución destacada, sino también un avance excepcional en el área del diálogo contemporáneo entre fe y ciencia.
Cardenal Paul Poupard.
Presidente del Consejo Pontificio para la Cultura (Vaticano)
Artigas formula una propuesta para superar el desfase entre las cosmovisiones científica y religiosa. Expone su tesis con vigor y originalidad, y a lo largo del libro se encuentran, además, todo un conjunto de perspectivas específicas interesantes. Mariano Artigas ha escrito un libro muy importante que recibirá y merece una amplia audiencia.
Ralph McInerny.
Director del Centro Jacques Maritain, Universidad de Notre Dame, Indiana (USA)
El libro La mente del universo, escrito por un físico y filósofo, proporciona un estudio exhaustivo que combina una presentación competente de los descubrimientos científicos con una investigación racional y crítica de los supuestos de la ciencia. Representa una contribución muy importante al diálogo entre ciencia y religión, y una nueva inspiración para buscar puentes entre la ciencia y la filosofía en su búsqueda común del significado de las nuevas teorías científicas.
Josef Zycinski, Arzobispo de Lublin (Polonia).
Gran Canciller de la Universidad Católica de Lublin
Artigas demuestra un dominio impresionante de los temas fundamentales de las ciencia naturales, de la filosofía y de la religión. La mente del universo es una contribución importante al estudio interdisciplinar de la ciencia y la religión.
William E. Carroll
Departamento de Historia, Cornell College (Iowa, USA)
Este tratamiento completo y actualizado de las cuestiones fundamentales acerca de las relaciones entre ciencia y religión debería ser de lectura obligada para todos los estudiantes e investigadores de este interesantísimo campo.
Paul Haffner
Facultad de Teología, Universidad Pontificia Gregoriana, Roma
ÍNDICE de "La Mente del universo"
Prefacio
Introducción
Primera Parte
LA CIENCIA SE TRASCIENDE A SÍ MISMA
Capítulo 1. MÁS ALLÁ DE LA CIENCIA
I. LA ARTICULACIÓN DE CIENCIA Y RELIGIÓN
II. EL DESFASE METODOLÓGICO
1. La perspectiva científica
2. El naturalismo: ¿diferencia o conflicto?
3. La mediación filosófica
III. CUESTIONES FRONTERIZAS
1. ¿Existen auténticas cuestiones fronterizas?
2. Conexiones subjetivas
3. Solapamientos parciales
IV. BUSCANDO LA INTEGRACIÓN
1. Supuestos y perspectivas generales
2. Construyendo puentes
Capítulo 2. SUPUESTOS E IMPLICACIONES DE LA CIENCIA
I. ¿POR QUÉ SUPUESTOS?
1. Los supuestos generales de la ciencia
2. ¿Ciencia sin supuestos?
II. EXAMINANDO LOS SUPUESTOS
1. Realismo ontológico y epistemológico
2. Los supuestos y límites de la ciencia
3. La base no científica de la ciencia
4. ¿Puede la ciencia explicarlo todo?
5. La retro-justificación de los supuestos de la investigación
6. Hipótesis filosóficas en la ciencia
7. La sorprendente eficacia de la ciencia
III. ¿QUÉ SUPUESTOS?
1. Supuestos en las tres dimensiones de la ciencia
2. ¿Qué clase de supuestos?
IV. LA RETROACCIÓN DEL PROGRESO CIENTÍFICO
1. ¿Cómo funcionan los supuestos?
2. Una guía para los puentes
Segunda Parte
AUTO-ORGANIZACIÓN Y ACCIÓN DIVINA
Capítulo 3. CREATIVIDAD NATURAL
I. LA BÚSQUEDA CIENTÍFICA DEL ORDEN
1. El orden natural
2. El conocimiento científico del orden
3. Cosmovisiones científicas
II. DESCRIBIENDO LAS COSMOVISIONES
1. De la naturaleza a la historia
2. Un mundo sin finalidad
3. El mundo como una pauta de números
4. El universo evolutivo
5. El mundo relativo del proceso
III. UNA NUEVA COSMOVISIÓN CIENTÍFICA
1. Una imagen unificada del mundo
2. Teorías morfogenéticas
3. Dinamismo natural
4. Modelización
5. Auto-organización
6. Información
7. Un universo abierto
Capítulo 4. LA INTELIGIBILIDAD DE LA NATURALEZA
I. ¿UN MUNDO AUTO-CONTENIDO?
1. El reduccionismo ontológico
2. ¿Un universo auto-creado?
3. Las fronteras de la evolución
4. Las falacias naturalistas
II. INTELIGENCIA INCONSCIENTE
1. La racionalidad de la naturaleza
2. Puentes teleológicos
2.1. Poniendo al día la agenda teleológica
2.2. La teleología natural: el hecho
2.3. La teleología natural: la explicación
3. Rompecabezas teleológicos
3.1. Física y teleología
3.2. Biología y teleología
3.3. Auto-organización y teleología
III. UN ARTE DIVINO
1. Los caminos de la acción divina
2. Contingencia y plan divino
3. Creatividad natural y divina
Tercera Parte
CREATIVIDAD CIENTÍFICA Y SINGULARIDAD HUMANA
Capítulo 5. LEYENDO EL LIBRO DE LA NATURALEZA
I. LA RACIONALIDAD DE LA CIENCIA
1. La visión científica del mundo
2. La actitud crítica
3. Paradigmas y revoluciones
4. Programas de investigación científica
5. Una crítica de la razón científica
6. Resolución de problemas
7. La racionalidad: recapitulación
II. TRES NIVELES EN LA CIENCIA EXPERIMENTAL
1. El objetivo de la ciencia
2. Los métodos científicos
3. Las construcciones científicas
III. EL ALCANCE DE LA CIENCIA
1. Factores convencionales en la ciencia
2. La objetividad científica
3. La verdad en la ciencia
Capítulo 6. EL HOMBRE EN LA NATURALEZA
I. CIENCIA, EPISTEMOLOGÍA Y NATURALISMO
1. La naturalización de la epistemología
2. Epistemología evolucionista
3. Naturalismo metodológico
4. Naturalismo antropológico
II. EL VALOR DEL CONOCIMIENTO HUMANO
1. Ciencia y falibilismo
1.1. Dos clases de falibilismo
1.2. Falibilismo y racionalismo
1.3. Creatividad científica y falibilismo
2. La fiabilidad de la ciencia
2.1. Intersubjetividad
2.2. Control experimental
2.3. Predictividad
2.4. Progreso
2.5. Conocimiento fiable
3. Una epistemología abierta
III. LA SINGULARIDAD HUMANA
1. Los argumentos científicos
2. Inmanencia y transcendencia
3. El significado de la ciencia
Cuarta Parte
CIENCIA Y VALORES
Capítulo 7. VALORES CIENTÍFICOS
I. ¿POR QUÉ VALORES?
1. ¿Ciencia libre de valores?
2. La autonomía de la ciencia
II. EVALUANDO LOS VALORES CIENTÍFICOS
1. Nuevas conexiones entre ciencia y ética
2. La base ética de la ciencia
3. La estructura normativa de la ciencia
4. Valores epistémicos
4.1. Juicios de valor y elección de teorías
4.2. El valor de los valores científicos
4.3. ¿Objetivos plurales en la ciencia?
5. La ciencia experimental como una tarea moral
III. ¿QUÉ VALORES?
1. Valores constitutivos
1.1. Valores epistémicos
1.2. Valores pragmáticos
2. Valores institucionales
3. Valores en los cuatro tipos de actividad científica
3.1. Investigación
3.2. Sistematización
3.3. Transmisión
3.4. Aplicación
IV. LOS VALORES CIENTÍFICOS Y EL PROGRESO DE LA CIENCIA
1. Implicaciones epistémicas
2. Implicaciones sociales
Capítulo 8. EL SIGNIFICADO DEL PROGRESO CIENTÍFICO
I. EL REENCANTAMIENTO DEL MUNDO
1. El desencantamiento del mundo
2. Reencantando el mundo
2.1. El reencantamiento de la ciencia
2.2. Ciencia postmoderna
2.3. Una perspectiva holista
2.4. Ciencia y pensamiento mítico
3. Poniendo al día la agenda
II. CONSTRUYENDO NUEVOS PUENTES
1. Una recapitulación
2. Aplicando criterios científicos
2.1. Poder explicativo
2.2. Poder predictivo
2.3. Precisión
2.4. Variedad de pruebas independientes
2.5. Apoyo mutuo
III. ULTERIORES PERSPECTIVAS
1. La implicación de Dios en la creación
2. Los planes divinos
3. La trascendencia de Dios
4. Los caminos divinos en la tierra
5. Pequeñez y grandeza del hombre
6. Naturalismo integral
7. Creatividad: natural, humana y divina
Ver también su Lección inaugural en la Universidad de Navarra, 1996-1997, con el mismo título La mente del universo
El último libro de M. Artigas es GALILEO EN ROMA (junto con William R. Shea), Ediciones Encuentro, Madrid 2003; GALILEO IN ROME, Oxford University Press, New York 2003.
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