Del libro Preguntas sobre dios.
Por André Frossard.
Editorial Rialp. Madrid 1991. Págs. 67-69
"Como lo prueba el desplazamiento del espectro de las galaxias hacia el rojo, el universo está en
expansión; algo así como- las oleadas concéntricas de unos fuegos
artificiales. Para que las galaxias se desplacen es preciso que
hayan tenido un punto de partida. Se supone, pues, que al principio
toda la masa del universo estaba condensada en un núcleo
imperceptible; mucho más pequeño que una cabeza de alfiler, en el
que reinaba un calor espantoso, En un momento dado, acaso hace diez
o quince mil millones de años, se produjo algo que no fue
propiamente hablando una explosión, sino más bien una brusca
dilatación, acompañada por una enorme liberación de energía en el
vacío. Esta energía se fue transformando en materia en el transcurso
de la dilatación del punto físico inicial hasta formar, en virtud de
una serie de metamorfosis (la palabra es impropia, pero cualquiera
otra también lo sería) el universo en expansión continua, cuya
inmensidad desafía el alcance-de nuestros telescopios.
Esta
teoría, originada hace unos sesenta años en las observaciones del
astrónomo belga Lemaltre y recogida más recientemente por el físico
Gamow, que la ha difundido con el expresivo nombre de "Big Bang" o
"Gran Explosión" primordial, ha sido admitida y adoptada hoy por la
mayoría de los astrofísicos. Como asigna un comienzo al universo no
es en absoluto contraria a la doctrina judeocristiana de la
Creación, y la Iglesia podría apoyarse en ella sin reserva alguna
para proporcionarle, por fin, una base científica a su
predicación."
[Respuesta de André Frossard]
Sin
embargo, aunque es cierto que el relato de la creación se abre en la
Biblia con la evocación de un "caos", vagamente referido a la nube
de partículas (más exactamente, de "quasars") que habrían seguido al
Big Bang, también es verdad lo que nos dice el Evangelio: "En el
principio existía el Verbo"(1) ó la Palabra, y no otra
cosa.
La Iglesia ha procurado siempre no comprometerse con
ningún sistema científico. Confió durante un tiempo en la teoría de
Ptolomeo, que situaba la-tierra en el centro del mundo, y luego
vinieron Copérnico y Galileo que la pusieron entre el enjambre de
las estrellas del firmamento, y los eclesiásticos se vieron
obligados a seguirles después de una vana tentativa de resistencia.
Las teorías científicas poseen la gran ventaja de estar sujetas a
revisión, y no tendría nada de particular que a la hipótesis del Big
Bang sucediera otra que; en lugar de hablar de expansión, defendiera
que las galaxias describen sus majestuosas curvas para confluir en
un punto de atracción irresistible y desconocido. ¡Quién sabe! Los
trabajos de los físicos y de los astrofísicos encierran el mayor
interés`, pero no hay motivo para erigir sus hipótesis en doctrina;
ni ellos mismos lo hacen por lo mucho que valoran -y con razón- su
libertad de examen.
Por lo demás, la teoría del Big Bang
presenta bastantes puntos oscuros. Cuando se nos dice, por ejemplo,
que la brutal dilatación del punto físico originario libera una
enorme cantidad de energía en el vacío, es evidente que el problema
se traslada de ese núcleo físico (la "cabeza de alfiler" donde se
encuentra concentrada la masa del universo) al mencionado vacío, un
vacío absoluto y primordial tan difícil de definir como cualquier
misterio del credo cristiano.
Y la teoría no es tan nueva. La
misma intuición puede hallarse en la brillante obra maestra de Edgar
Allan Poe titulada Eureka, que se publicó en 1848. La teoría del
escritor norteamericano es de pura lógica, y .el estado de los
conocimientos de su tiempo no permitía al autor que la apoyara en el
análisis del espectro de las galaxias o en el ciclo de las
reacciones termonucleares, pero el resultado es de una analogía
sorprendente: el universo está en expansión y todo él ha salido de .
un punto diminuto. Puede suceder que el genio, aun careciendo. de
los medios excepcionales de investigación hoy existentes, obtenga
los mismos resultados.
En cuanto a la relación entre el texto
del Génesis y el Big Bang, hay un error, al menos, en el hecho de
que el libro sagrado nos habla del comienzo del mundo visible, no de
los secretos de la fabricación de la materia.
Y no olvidemos
que nosotros -cristianos, judíos o musulmanes- creernos que el
espíritu es anterior a todas las cosas, visibles o invisibles.
Nota: 1 Ioh 1, 1.
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