Eric Cohen, catedrático
en el Centro de Ética y Políticas Públicas,
explicaba en un ensayo publicado el 24 de junio en el The
Weekly Standard, “nos dicen que la ciencia no debería
juzgarse con criterios morales o sociales, sino únicamente
con criterios científicos. Después nos dicen
que la ciencia es una cruzada moral para mejorar la condición
humana”.
Los científicos
creen que están defendiendo el doble bien de “quitar
el sufrimiento y la libertad del científico de poner
los límites de su investigación”, observaba
Cohen. “El problema es que ésta que es la más
pragmática de las empresas humanas –dominar la
naturaleza para elevar la situación del hombre- es
de hecho una irrealista (o incompleta) visión del mundo”.
El Papa Juan Pablo II tocó este
tema en su alocución del 2 de mayo [2002] a los miembros
del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios.
Observaba que las nuevas fronteras que se han abierto en las
ciencias de la vida “han puesto un poder y una responsabilidad
enorme en manos del hombre”.
“Si en el campo de la medicina
y de la investigación biomédica, quienes hacen
la investigación se condicionan a sí mismos
por ambiciones egoístas y prometeicas, será
inevitable que la dignidad y la vida humana se vean peligrosamente
amenazadas”, advertía. “Sin embargo, si
el trabajo en el importante sector de los cuidados médicos
está informado por la cultura de la vida, bajo la dirección
de una conciencia recta, el ser humano encontrará una
respuesta efectiva a sus anhelos más profundos”.
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