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EXPERIMENTO ESPELUZNANTE (Robert Spaemann)

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LA FRONTERA DE LA CIENCIA

EXPERIMENTO ESPELUZNANTE

 

Robert Spaemann cuenta un experimento realizado por una Radio bávara, con el que se revela la capacidad de autoengaño  - perversión ética -  en gente normal, a causa de la popular idolatría al progreso científico.

No se lo pierdan

 

Acabamos de publicar un importante artículo de Robert Spaemann, titulado La demostración de Dios, traducido del alemán por nuestro colaborador el profesor José María Barrio Maestre. Con esta ocasión, hemos releído una entrevista radiofónica al ilustre filósofo germano, titulada Dios, la libertad, la realidad, que también se encuentra en esta página web. No todos nuestros lectores son especialistas en la materia y, como es natural, no alcanzarán a leer la totalidad de esos documentos, pero todos podemos entender y utilizar oportunamente la idea que transmite Spaemann contándonos un experimento realizado por una Radio bávara; lo extraemos a continuación:

 

 

La frontera de la ciencia: el hombre
Robert Spaemann


Nunca ha funcionado tratar de poner simples fronteras a la ciencia. En todo caso, ha de reconocerse que la moderna ciencia natural no puede evolucionar ni desarrollarse sin la técnica. Es decir, hoy ya no se da la ciencia por un lado, y, por otro, la técnica, como aplicación de la ciencia. Más bien sucede que es la técnica la que decide lo que científicamente sea posible. Dentro de estas técnicas se encuentran algunas de las que no podemos responder. Esto afecta, por ejemplo, a los experimentos con embriones. Piense en los médicos que actuaron en los campos de concentración; lo hicieron al servicio de la ciencia. Han realizado investigaciones de congelación de presos, y después aseguraron que eso sería de utilidad para la Humanidad, pues así se obtendrían determinados conocimientos. Esto también es cierto. Sin embargo, tales conocimientos han sido logrados a un precio que no deberíamos estar dispuestos a pagar. Esto quiere decir que la idea de que a la ciencia le está permitido todo, con tal de conseguir más avances en el conocimiento, es funesta. En reiterados programas de la Radio bávara se recogía a gente de la calle para hacer con ellos el siguiente experimento: a las personas seleccionadas se les explicaba que, en una cabina frente a ellos, estaba sentado alguien que tenía que memorizar una serie de palabras en un orden determinado. Cada vez que se equivocaba recibía una descarga eléctrica. Se les decía que, científicamente hablando, tal castigo con descargas eléctricas servía para acelerar el proceso de aprendizaje. Naturalmente, todo ello no era más que una ficción, cosa que la gente reclutada en la calle desconocía. Se les explicaba que, para realizar esa prueba, había que contar con colaboradores independientes, neutrales. Sólo tendrían que apretar el botón cuando el hombre de la cabina respondiera de forma equivocada. Las descargas eléctricas aumentarían cada vez más y el hombre de la cabina gritaría también con más fuerza cada vez que las recibiese. Cierto que todo esto era fingido. Pero la gente que estaba fuera oía realmente los gritos sin saber que eran fingidos. En todo caso, la gente colaboró: ellos apretaban el botón y eran ejecutores de lo que se les decía. Esa obediencia no era una obediencia al Estado o a la Iglesia, sino una sumisión a la Ciencia. Se les insistía en que el experimento era muy importante para las futuras generaciones. Con esta razón se dejaron convencer e intimidar. Pienso que tendríamos que llegar finalmente a un punto en el que no hagamos ya determinadas cosas, pero no porque ello lo pueda prohibir la Ciencia –la ciencia no prohíbe nada–, sino porque no lo queremos como hombres. Hemos de tener el valor de reiterar que no queremos disponer de determinadas posibilidades. Aquí ya entra en juego la política.


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Arvo Net 24 enero, 2006

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Etiquetas: Ciencia y ética
Enviado por Arvo Net - 24/01/2006 ir arriba
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