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Nuevos datos, nuevas preguntas:
La complejidad creciente de la evolución humana
Carlos A. Marmelada
Grupo de Investigación sobre Ciencia,
Razón y Fe (CRYF)
carlosalbertomarmelada@yahoo.es
1. La evolución humana es muy compleja.
“Estoy convencido de que la evolución humana
entre hace tres y dos millones de años resulta mucho más compleja de
lo que sospechábamos”
1.
Estas palabras las escribió el paleoantropólogo estadounidense,
afincado en Sudáfrica, Lee R. Berger a finales del siglo pasado y,
la verdad, es que no le falta razón.
En efecto, es algo totalmente cierto el hecho
de que la evolución humana se nos está revelando en estos últimos
años como un acontecimiento mucho más complicado de lo que
suponíamos hasta hace muy pocos años. Por esto mismo el aludido
científico que desempeña su labor en la Universidad de Witvatersrand
(en Johannesburgo, Sudáfrica) muestra un gran tino al observar que:
“cuantos más fósiles salen a la luz menos se asemeja nuestro árbol
genealógico a una alta y magnífica secuoya de ramas bien definidas
que se elevan hacia el pináculo de los logros humanos. Por el
contrario, se parece más un espino irregular cuyas ramas
entrelazadas y lacerantes sería peligroso de senmarañar. Muchas
reputaciones científicas han quedado desgarradas por los pinchos de
ese arbusto de la genealogía humana”
2.
Pero no es sólo Berger quien ve las cosa de
este modo. De hecho, son ya muchos los grandes especialistas en
paleoantropología que empiezan a reconocer públicamente que: “la
evolución humana es mucho más compleja de lo que se pensó en un
principio”
3.
Así Robert Boyd y Joan B. Silk consideran que: “la evolución de los
homínidos es más compleja de lo que habíamos imaginado (...) La
teoría evolutiva no nos da ninguna razón para creer que las
filogenias tienen que ser simples, ni tampoco que lo más probable es
que sean simples. Seguramente tengan muchas ramas y se parezcan más
a un arbusto que a un árbol”
4.
Del mismo parecer es Roger Lewin cuando sostiene que: “el verdadero
árbol filogenético de la familia de los homínidos el único que
realmente se ha producido en la historia evolutiva es casi con toda
certeza más ramificado que el que dibujan de ordinario los
antropólogos”.
5
Según Juan Luis Arsuaga, premio Príncipe de
Asturias y uno de los tres codirectores de los excepcionales
yacimientos de la Sierra de Atapuerca: “la razón de que sigamos
debatiendo sobre teoría evolutiva es la enorme complejidad del
problema”
6.
De aquí se infiere que el hecho de: “Que la dinámica y las reglas de
la evolución no nos sean completamente conocidas no debería de
sorprender a nadie dada la complejidad del problema”
7.
La complejidad creciente que estamos empezando
a descubrir en la evolución humana hace que ahora “menos que nunca
podemos estar seguro acerca de la forma del árbol de la evolución
humana (...) Ya no está tan claro cuáles son antepasados directos de
Homo y cuáles son líneas laterales”
8.
Es por esto mismo que: “muchos antropólogos están empezando a
aceptar que la filogenia de los homínidos es ciertamente más
compleja que la que usualmente se ha descrito”
9.
2. Nuevos descubrimientos nuevas preguntas.
Hay una realidad que parece una constante en
los estudios de evolución humana. Cada vez que se hace un gran
descubrimiento en paleoantropología ciertamente se obtiene una
información valiosísima para conocer mejor nuestro pasado evolutivo.
Pero, automáticamente, pasan otras dos cosas que aparecen
concomitantemente. Por un lado descubrimos que nuestras ideas
relacionadas con ese hecho eran más simples de los suponíamos
inicialmente; y, por otra parte, aparecen muchas más preguntas que
respuestas para las ya existentes. De este mismo parece es José
María Bermúdez de Castro cuando afirma que: “cada hallazgo viene a
dar respuesta a una o más preguntas, pero siempre plantea nuevos
interrogantes”
10.
El caso es que este parecer no es una opinión
aislada. Por el contrario, va cobrando cada vez más adeptos entre
los especialistas. En efecto, no es sólo el citado codirector de los
excepcionales yacimientos de la Sierra de Atapuerca quien ve las
cosas de este modo. Otros investigadores de gran prestigio, como son
Francisco Ayala y Camilo José Cela Conde, también ven las cosas de
este modo. Así estos dos científicos manifiestan que: “Cada
descubrimiento de una forma fósil anteriormente ignorada suele
resolver algunas de las dudas previas, pero al precio de plantear
nuevas que, a menudo, producen la sensación de que el panorama de
nuestros orígenes es algo muy confuso sobre lo que se carece de
conocimientos fiables. Los autores se plantean a veces si la
sugerencia tradicionalmente aceptada de que el hallazgo de nuevos
fósiles puede resolver las polémicas acerca de la interpretación del
proceso evolutivo resulta, en realidad, razonable. Frente a un
registro ya impresionante, y que se incrementa con rapidez, muchos
paleontólogos formados a la manera clásica manifiestan mayores
confusiones que nunca”
11.
Un ejemplo concreto de lo que estamos diciendo
lo tenemos con lo sucedido en el verano del 2007. En efecto, la
publicación, desde mediados de agosto a mediados de septiembre de
2007, de cuatro artículos
12
científicos ha obligado a los especialistas a replantearse si,
efectivamente, la comprensión que hemos tenido hasta ahora de
algunas de las etapas de la evolución humana es realmente la visión
correcta.
En
un principio, los trabajos recientemente publicados (y que tratan
sobre descubrimientos de distintos fósiles humanos realizados en los
últimos años) deberían facilitar nuestra comprensión de la historia
evolutiva real del ser humano y, sin embargo, no es así. Por el
contrario, el hallazgo de nuevos restos de Homo erectus y Homo
habilis en Kenia, el estudio del esqueleto postcraneal (es decir: de
cuello para abajo) de cuatro humanos de Dmanisi que tenían 1,77
millones de años (a partir de ahora Ma.), el estudio del hombro y la
muñeca de Homo floresiensis y el descubrimiento de unos fósiles
humanos en Atapuerca (España) que podrían tener hasta un millón y
medio de años de antigüedad, están dejando perplejos a los
especialistas en evolución humana. Esto es así hasta el punto de que
se empieza a cuestionar si se pueden seguir manteniendo toda una
serie de convicciones fuertemente arraigadas en nuestra visión
tradicional de la evolución humana.
Los nuevos descubrimientos nos obligan a
replantearnos si Homo erectus desciende de Homo habilis o si el
origen de aquéllos está realmente en África en vez de en Asia.
Además: ¿cuál es el papel al que queda relegado Homo ergaster?
¿Sigue siendo correcto considerarlo una especie humana buena
13,
o no se trata de otra cosa que del hipodigma africano del clado
erectus?
14.
La
cosa no acaba aquí. En efecto, los nuevos descubrimientos que se han
hecho en La Sima del Elefante durante la campaña nos obligan a
preguntarnos por la relación entre los humanos que habitaban
Atapuerca hace 1,2 millones de años y los que estaban en Dmanisi.
Pero es que, además, dos nuevos trabajos publicados en el periodo
citado más arriba sugieren que Homo floresiensis es realmente una
especie humana distinta a la nuestra, en lugar de unos Homo sapiens
microcefálicos y con otras enfermedades, pero esos mismos trabajos
levantan nuevas incógnitas respecto a su filogenia. ¿De qué especie
humana proceden los Homo floresiensis? Hasta ahora se pensaba que de
los Homo erectus que habrían llegado a la isla de Flores hace más de
800.000 años; pero las nuevas investigaciones empiezan a cuestionar
muy seriamente este escenario evolutivo.
El desconcierto que causa en la comunidad
científica el descubrimiento de unos humanos coetáneos a nosotros
pero tan distintos morfológicamente nos hace recordar la gran verdad
que encierran aquellas palabras de Juan Luis Arsuaga cuando nos
recuerda que: “cuanto mejor conocemos la evolución humana más nos
damos cuenta de lo extraordinariamente compleja, en número de ramas,
que fue”
15.
Es por esto mismo que: “actualmente, más que del «eslabón perdido»,
hay que hablar de bastantes «pequeños trozos conocidos de posibles
eslabones»”
16.
Así, pues, como muy bien dice Antonio Rosas,
lo que sucede es que: “ahora tenemos más fósiles, y eso significa
que sabemos más sobre algunas cosas, pero también aparecen más
incógnitas”
17.
De todas formas es algo muy natural que suceda esto porque, como muy
bien señalan Jaume Bertranpetit y Cristina Junyent: “cuanto más
sabemos, con más detalle queremos analizar los procesos del cambio
y, por tanto, aparecen nuevos vacíos en el conocimiento”
18.
O lo que es lo mismo, parece como si estuviéramos inmersos
inevitablemente en una dinámica que implica ineludiblemente todo un
conjunto de nuevas preguntas cada vez que hacemos un nuevo
descubrimiento importante. Esto nos lleva al convencimiento de que:
“las filogenias de los homínidos que verán la luz empezarán a ser
más ramificadas, como preludio, probablemente, del reconocimiento de
una mayor complejidad”
19.
O como dice Lee R. Berger: “Inevitablemente cada nuevo
descubrimiento plantea tantas preguntas acerca de la naturaleza de
los homínidos primitivos y sus relaciones como respuestas aporta. Es
posible que, al tiempo que proporcionan datos más completos acerca
de la Humanidad primigenia, los hallazgos futuros dejen unas lagunas
en el conocimiento de los fósiles cuya existencia no sospechamos
ahora”
20.
Aunque esto es cierto la realidad es que la
publicación de un pequeño grupo de cuatro trabajos ha sido
suficiente para obligar a los especialistas a replantearse aspectos
claves de la visión que teníamos hasta ahora de la historia de
nuestro pasado evolutivo. Ante este tipo de situaciones Lee R.
Berger dice que se tiene una sensación como si: “en algún lugar, de
algún modo, aparecerá otro fósil que obligará a revisar las teorías
predominantes”
21.
Así, pues, la realidad de los hechos es que:
“aunque algunas divulgaciones presenten la evolución humana como una
cuestión bien conocida, los juicios de los especialistas son muy
diferentes y mucho más prudentes (...) La impresión de que en este
terreno, todo está claro, es falsa, por más que se afirme
frecuentemente”
22.
De hecho: “la impresión que uno tiene cuando asiste a un debate
científico como éste es que hay muchas preguntas sin respuestas, y
esto es normal, porque cuanto más sabemos más preguntas nos hacemos.
Yo las dividiría en dos subgrupos: unas pocas preguntas recurrentes
que siguen sin respuesta, y multitud de preguntas nuevas que hace
apenas unos años ni siquiera nos planteábamos, fruto de nuevos
hallazgos y nuevas interpretaciones”
23.
3. Un punto en común.
Los
nuevos trabajos a los que hemos aludido coinciden todos en un mismo
punto: ponen en entre dicho la visión del paradigma clásico sobre
las primeras y las últimas etapas de la evolución humana. ¿Qué dice
ese paradigma?
Hasta ahora se venía pensando que nuestro género se había originado
en África centro oriental hace entre 3 y 2,5 Ma., ignorándose, eso
sí, el género y la especie de homínido prehumano a partir de la cuál
habrían surgido los primeros representantes de nuestra estirpe. En
cualquier caso, desde hace unos veinte años se viene opinando que
los primeros humanos son los miembros de la especie Homo rudolfensis
y Homo habilis. De todas formas, hay quienes opinan que ni los unos
ni los otros serían, en rigor, los primeros humanos, pues a los
rudolfensis habría que incluirlos en el género de los Kenyanthropus
(anunciado en 2002) y a los segundos se les coloca entre los
Australopithecus. En cualquier caso, se supone que los Homo habilis
habrían dado lugar en África centro oriental (posiblemente en la
región del Lago Turkana, en Kenia) a los Homo ergaster, quienes al
abandonar África hace 1,8 Ma. Se habrían transformado en Homo
erectus durante su viaje a Indonesia.
Este paradigma clásico, que se venía imponiendo desde mediados de
los años ochenta del siglo pasado, empezó a ser ligeramente
cuestionado a partir de los estudios que aparecían a principios de
este siglo y que trataban sobre los humanos que poblaron Dmanisi. En
efecto, el desconcertante tamaño diminuto de sus cráneos, así como
otras características arcaicas, los emparentaban más con los Homo
habilis que con los Homo erectus; aunque, en rigor, no se
identificaban plenamente ni con unos ni con otros, por lo que sus
descubridores decidieron asignarlos a una especie humana nueva: Homo
georgicus.
Por
lo que se refiere a las últimas etapas de la evolución humana se
tenía el convencimiento de que con la extinción de los neandertales
hace 28.000 años nos habíamos quedado solos en el planeta.
Sin
embargo, la situación sufrió un giro inesperado cuando en octubre de
2004 se anunció el descubrimiento de una nueva especie humana
hallada en la isla de Flores (Indonesia) y que tenía como
características principales una estatura muy baja (los adultos
medían alrededor de un metro) y un cerebro muy pequeño (el cráneo
recuperado en la cueva de Liang Bua, perteneciente a una hembra
adulta que vivió hace 18.000 años, tenían un volumen endocraneal de
417 cc.). Su diminuto cerebro es menor incluso que el de los humanos
de Dmanisi y el de los primeros miembros de nuestro género, los
mencionados Homo habilis. De hecho, el cerebro de los floresiensis
tiene un tamaño más parecido al de los australopitecinos de hace
tres millones de años.
4. Los nuevos descubrimientos.
Los
nuevos trabajos a los que nos estamos refiriendo ponen en entredicho
este paradigma clásico.
Efectivamente, el 9 de agosto la revista Nature publicaba un
artículo firmado por Fred Spoor, Meave Leakey y otros, en el que se
informaba del hallazgo, en el año 2000, de una calota de Homo
erectus y de un fragmento de maxilar derecho de Homo habilis, ambos
fueron hallados en la localidad keniata de Ileret, en la orilla
oriental del Lago Turkana.
En
principio estos hallazgos no parecían tener nada de excepcional. Al
fin y al cabo, en la zona ya se habían encontrado anteriormente
otros muchos fósiles de ambas especies. Pero lo cierto es que cada
uno de ellos tenía una peculiaridad que le convertía en únicos en
todo el registro fósil mundial.
En
efecto, la calota de Homo erectus, conocida técnicamente como KNM-ER
42.700 (o lo que es lo mismo: el fósil nº 42.700 del Museo Nacional
de Kenia encontrado en la orilla este del antiguo Lago Rodolfo), era
la más pequeña de todas las descubiertas hasta ahora y atribuida a
esa especie. Su volumen endocraneal es de 691 cc. y su antigüedad de
1,55 Ma., lo que plantea una doble cuestión.
Por
un lado se trata de un volumen cerebral tan pequeño que no puede
evitarse la comparación y (posiblemente) la relación con los humanos
de Dmanisi, que también tenían unos cerebros de un tamaño similar
(los menores 600 cc. y el mayor 780 cc.) ¿Significa esto que los
Homo erectus del Turkana tenían algo que ver con los humanos de
Dmanisi? ¿Es posible que, en vez de ser dos especies humanas
distintas, sean dos poblaciones diferentes de una misma especie?
La segunda cuestión está relacionada con la
mandíbula de Homo habilis. Conocida técnicamente como KNM-ER 42.703
tiene una antigüedad de 1,44 Ma.
24.
Lo que significa que los Homo habilis y los Homo erectus
coexistieron en el mismo espacio durante 200.000 años más de lo que
se venía suponiendo hasta ahora. Spoor, Leakey y colaboradores han
interpretado este hecho como una prueba a favor de que Homo erectus
no puede descender de Homo habilis, tal como se propone en el
paradigma clásico, sino que ambas especies deberían proceder de un
antepasado común y, a partir de él, sufrir una divergencia que les
llevaría a seguir historias evolutivas paralelas, compartiendo un
mismo espacio pero sin competir por los mismos recursos, lo que
habría posibilitado esta coexistencia durante tantos centenares de
miles de años.
Todo esto nos lleva a darles la razón a Meave
G. Leakey y Allan Walker cuando afirman que: “una cuestión capital
en paleoantropología es hoy cómo evolucionó el mosaico anatómico de
los primeros homínidos”
25,
esto mismo puede aplicarse al estudio de la evolución del mosaico
anatómico de los primeros humanos. Esta afirmación es válida tanto
para las primeras etapas de la evolución del género humano, como
para sus últimos estadios. Es por eso que tiene razón Ian Tattersall
cuando sostiene que: “la aparición de Homo sapiens no ha sido una
transformación lineal de una especie en otra, sino que es producto
de una evolución muy compleja y ramificada”
26.
Nos hemos preguntado antes por la relación
entre los humanos de Dmanisi y los del Turkana. Pues bien, el 20 de
septiembre la revista Nature publicaba un trabajo
27
en el que David Lordkipanidze y colaboradores exponían las
conclusiones del estudio que habían realizado de 32 restos
postcraneales de tres adultos y un adolescente que habían existido
hace 1,77 Ma. La conclusión a la que llegaban era que medían en
torno al metro y medio y pesaban entre 40 y 50 kg., presentando una
combinación de características arcaicas (un cerebro pequeño, baja
estatura y caminar con las palmas de las manos mirando hacia delante
en vez de hacerlo hacia el muslo de la pierna), junto a otras
modernas que les asemejaban a nosotros (como las proporciones
existentes entre las extremidades superiores y las inferiores o la
estructura de los pies, que les permitía recorrer larga distancias).
Vistos los descubrimientos de Dmanisi y de
Kenia, Daniel E. Lieberman (paleoantropólogo de la Universidad de
Harvard, en Massachussets, USA) sostiene que aquellos humanos
prehistóricos de Georgia y los primeros Homo erectus de África
pertenecen a poblaciones distintas (o hipodigmas) de una misma
especie que tendría una alta variabilidad morfológica
28.
Ann
Gibbons recoge, en un artículo aparecido en Science, el parecer de
diversos especialistas que discrepan de las nuevas propuestas que se
están haciendo en relación a los posibles primeros pasos de nuestro
género. Ante la sugerencia de que Homo erectus arcaico se hubiera
originado en el Cáucaso o en algún otro lugar de oriente próximo y
que desde allí hubiera emigrado a África para dar lugar a los
erectus que habrían emigrado luego a extremo oriente y al sudeste
asiático, el paleoantropólogo Allan Walker (de la Universidad
Estatal de Pennsylvania y codescubridor del Niño de Nariokotome, un
esqueleto bastante completo de Homo erectus de hace 1,5 Ma.) opina
que es un escenario improbable. Según su parecer, lo más plausible
es que H. erectus se originara en África y emigrara desde allí hacia
otros lugares (Dmanisi, Java, China, etc.) donde las poblaciones
locales evolucionarían separadamente, dando lugar a grupos
distintos, pero todos ellos de la misma especie madre.
Por si todo este tema no estuviera
suficientemente enmarañado, hay especialistas que se cuestionan si
realmente los homínidos de Dmanisi son humanos o no. Así el
antropólogo Bernard Wood (de la Universidad George Washington, en
Washington D.C., USA) opina que los citados especimenes de Georgia
son en realidad formas intermedias entre homínidos prehumanos y los
primeros Homo
29.
La conclusión que se puede sacar de todo esto
es que a medida que vamos conociendo más cosas sobre las primeras
fases de la evolución humana ésta se nos va mostrando mucho más
compleja de lo que pensábamos hasta ahora. En este sentido son muy
atinadas las palabras de Ian Tattersall: cuando afirmaba que: “En
los últimos años se ha hecho evidente que las postreras etapas de la
evolución humana fueron mucho más accidentadas de lo que convino en
aceptarse durante largo tiempo. Pero eso también es aplicable para
las primeras etapas”
30.
Todo esto hace tener la sensación de que: “Han
aumentado las dudas sobre el grado de confianza que puede inspirar
cualquier “relato” de la evolución humana. ¿Qué precisión y que
fiabilidad pueden alcanzar esas reconstrucciones? Cuando se pretende
abordar los homínidos del pasado con la óptica actual surgen
problemas irresolubles”
31.
De hecho, en opinión de Washburn: “La mayoría
de los problemas referentes a la evolución humana siguen sin
resolverse... Al igual que ha ocurrido en el pasado, es posible que
los investigadores se equivoquen en aquellos aspectos en que más
seguros están de acertar. En consecuencia, parece recomendable
aceptar más de una hipótesis, y, en lugar de corroborar ciegamente
sus conclusiones, limitarse a apostar en su favor (...) Al presentar
mis opiniones de esta forma, he intentado demostrar que nuestras
ideas sobre la evolución humana se basan en datos a veces muy poco
fidedignos”
32.
En definitiva y... “como siempre, las nuevas
pruebas del pasado humano más remoto han servido principalmente para
subrayar la complejidad de acontecimientos en nuestra evolución”
33.
Notas
(1)
Lee R. Berger & Bertt Hilton-Barber: Tras las huellas de Eva. El
misterio de los orígenes de la humanidad; Ediciones B,
Barcelona, 2001, p. 345
(2)
Lee R. Berger & Bertt Hilton-Barber: Op. cit.; p. 30.
(3)
Lee R. Berger & Bertt Hilton-Barber; op. cit., p. 62.
(4)
Robert Boyd y Joan B. Silk: Cómo evolucionaron los humanos;
Ariel, Barcelona, 2001, p. 328.
(5)
Roger Lewin: Evolución humana; Ed. Salvat, Barcelona, 1994,
pp. 238-239.
(6)
Juan Luis Arsuaga: El enigma de la esfinge. Las causas, el curso
y el propósito de la evolución; Plaza & Janés Editores,
Barcelona, 2001, p. 26.
(7)
Juan Luis Arsuaga: Op. cit; p. 11.
(8)
Antonio Rosas, en Mónica Salomé: La cuna africana del hombre;
Conocer, nº 175, pp. 37 y 39.
(9)
Roger Lewin: Evolución humana; Op. cit., p. 239.
(10)
José María Bermúdez de Castro: El chico de la Gran Dolina;
Ed. Crítica, Madrid, 2002, p. 27.
(11)
Francisco Ayala y Camilo José de Cela Conde: Senderos de la
evolución humana; Alianza Editorial, Madrid, 2002, p. 86.
(12)
Los trabajos en cuestión son: Susan G. Larson et al.: Homo
floresiensis and the evolution of the hominin shoulder;
Journal of Human Evolution (2007). M.W. Tocheri et al.:
The primitive wrist of Homo floresiensis and its implications
for hominin evolution; Science, Vol. 317, 21 de septiembre de
2007, pp. 1743-1745. Fred Spoor, Meave G. Leakey, Ian McDougall,
et al.: Implications of new early Homo fossils from
Ileret, east of Lake Turkana, Kenya; Nature, Vol 448, 9 de
agosto de 2007, pp. 688-691.
David Lordkipanidze et al.: Postcranial evidence from
early Homo from Dmanisi, Georgia; Nature, Vol. 449, 20 de
septiembre de 2007, pp. 305-309.
(13)
Es decir: distinta a las demás.
(14)
O sea: la población africana del grupo de los erectus.
(15)
Juan Luis Arsuaga: El collar del Neandertal; Ediciones Temas
de Hoy, Madrid, 1999, p. 83.
(16)
Artigas, Mariano: Las fronteras del evolucionismo; Ed. Palabra,
Madrid, 1992, p. 63.
(17)
Antonio Rosas, en Mónica Salomé: La cuna africana del hombre;
Conocer, nº 175, agosto de 1997, p. 36.
(18)
Jaume Bertranpetit & Cristina Junyent: Viaje a los orígenes. Una
historia biológica de la especie humana; Ed. Península,
Barcelona, 2000, p. 109.
(19)
Roger Lewin: Op. cit., p. 245.
(20)
Lee R. Berger & Bertt Hilton-Barber: Op. cit.; p. 42.
(21)
Lee R. Berger & Bertt Hilton-Barber: Op. cit.; p. 64.
(22)
Mariano Artigas: Las fronteras del evolucionismo; Ed.
Palabra, Madrid, 1992, pp. 57-63.
(23)
Jaume Bertranpetit; en VV. AA.: Antes de Lucy. El agujero negro
de la evolución humana; Tusquets Editores, Barcelona, 2000, p.
286.
(24)
F. Spoor, M.G. Leakey, I. McDougall, et al.: Op. cit.
Esta antigüedad tan reciente le convierte en el fósil de esta
especie que resulta más próximo en el tiempo a nosotros.
(25)
Meave G. Laekey y Allan Walker: Antiguos fósiles de homíndos en
África; Investigación y Ciencia, agosto de 1997, p. 73.
(26)
Ian Tattersall: Homínidos contemporáneos; Investigación y
Ciencia, nº 282, marzo del año 2000, p. 18.
(27)
D. Lordkipanidze et al.: Op. cit.
(28)
D. E. Lieberman: Homing in on early Homo; Nature, Vol. 449,
20 de septiembre de 2007, p. 290.
(29)
A. Gibbons: A new body of evidence fleshes out Homo erectus;
Science, vol. 317, 21 de septiembre de 2007.
(30)
Ian Tattersall: De África ¿una... y otra vez?; Investigación
y Ciencia, Junio de 1997, p. 20.
(31)
David Pilbeam: Origen de hominoideos y homínidos;
Investigación y Ciencia, nº 92, mayo de 1984, p. 49.
(32)
Sherwood L. Washburn: La evolución de la especie humana; Ed.
Labor, Barcelona, 1979, p. 137.
(33)
Ian Tattersall: De África ¿una ... y otra vez?; Op. cit., p.
28.
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BIOLÓGICA Y ORIGEN DEL HOMBRE
CIENCIA
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23/06/2008
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