| El pasado 19 de julio, en el patio del palacio apostólico de Castelgandolfo, Juan Pablo II recibió a 1.500 participantes en el simposio europeo que se celebra en Roma con motivo del séptimo centenario de la universidad más antigua de la urbe, La Sapienza. El tema del simposio, al que asisten rectores, profesores y estudiantes, así como obispos y sacerdotes de todo el Viejo Continente es: "Universidad e Iglesia en Europa".
La relación entre la Iglesia y las universidades, dijo el Papa, "nos lleva directamente al corazón de Europa, donde su civilización se ha expresado en una de sus instituciones más emblemáticas. Nos encontramos en los siglos XIII y XIV: la época en que se forma el Humanismo, como síntesis feliz entre el saber teológico, el filosófico y otras ciencias. Síntesis impensable sin el cristianismo y por tanto sin la secular obra de evangelización llevada a cabo por la Iglesia en el encuentro con las múltiples realidades étnicas y culturales del continente".
La universidad juega un papel irreemplazable en la fundación de la perspectiva cultural del presente y del futuro de Europa, agregó el Santo Padre, subrayando que "la universidad es por excelencia el lugar donde se busca la verdad" y "si bien deba insertarse en el tejido social y económico, no puede rebajarse a sus exigencias, so pena de extraviar su propia naturaleza, que es eminentemente cultural".
Juan Pablo II observó que la Iglesia puede ofrecer su propia contribución a la universidad con "la presencia de profesores y estudiantes -dijo- que sepan unir la competencia y el rigor científico con una intensa vida espiritual" y con "universidades católicas, en las que se actualiza la herencia de las antiguas universidades, nacidas "ex corde Ecclesiae" (del corazón de la Iglesia)".
Después recalcó la importancia de los "laboratorios culturales (...) en los que se lleva a cabo un diálogo constructivo entre fe y cultura, entre ciencia, filosofía y teología, y la ética se considera una exigencia intrínseca de la investigación para un servicio auténtico al ser humano".
Al final, el Papa pidió a todos que empleasen bien los talentos recibidos y afirmó que esperaba que colaborasen "siempre en la promoción de la vida y la dignidad del ser humano".
Tras los saludos en francés, inglés, alemán, español y polaco, el Santo Padre encendió una antorcha que se llevará a la iglesia de San Ivo alla Sapienza (en la sede de la antigua universidad romana) y desde allí a otras sedes universitarias de Roma. Cfr. VIS 030721 (420)
CRISTIANISMO, ELEMENTO CENTRAL EN LA HISTORIA EUROPEA
CIUDAD DEL VATICANO, 20 JUL 2003 (VIS).-Esta mañana en su residencia veraniega, el Santo Padre rezó el Angelus con los peregrinos llegados a Castelgandolfo y dedicó unas palabras a la futura constitución europea y a los fuertes lazos del continente con el cristianismo.
El Papa recordó que los últimos meses habían estado dedicados a elaborar la nueva constitución, "cuya versión definitiva será aprobada por la Conferencia intergubernamental a partir del próximo mes de octubre. A esta tarea tan importante, que interesa a todos los elementos de la sociedad europea, también la Iglesia quiere ofrecer su aportación propia".
La Iglesia, prosiguió Juan Pablo II, "recuerda entre otras cosas, como observé en la exhortación apostólica post-sinodal "Ecclesia in Europa", que "Europa ha sido impregnada amplia y profundamente por el cristianismo", que constituye, en la compleja historia del continente, un elemento central y calificador, que se ha consolidado sobre la base de la herencia clásica y de las diversas aportaciones ofrecidas por los flujos étnicos-culturales que se han sucedido a lo largo de los siglos".
"Podríamos decir que la fe cristiana ha plasmado la cultura europea y se ha entrelazado con su historia, y a pesar de la dolorosa separación entre Oriente y Occidente, el cristianismo se ha afirmado como "la religión de los europeos". Su influjo ha sido notable también en la época moderna y contemporánea, no obstante el fenómeno, fuerte y difundido, de la secularización".
El Santo Padre concluyó sus palabras subrayando que "la Iglesia sabe que su interés por Europa brota de su misma misión. En cuanto depositaria del Evangelio, ha fomentado los valores que han hecho universalmente apreciada la cultura europea. Este patrimonio no puede disiparse. Al contrario, hay que ayudar a la nueva Europa a "construirse a sí misma, revitalizando las raíces cristianas que le han dado origen"".
VIS 030721 (320)
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