| Conferencia del Cardenal Paul Poupard
Presidente del Consejo Pontificio de la Cultura
«Las raíces cristianas de Europa» Simposio de Doctrina Social de la Iglesia
en el XL aniversario de Pacem In Terris
«Los derechos humanos, una defensa permanente» MADRID, 20 DE NOVIEMBRE DE 2003
FUNDACIÓN PABLO VI
El texto se puede leerse en www.archimadrid.es
[Recogemos aquí los últimos párrafos de la conferencia:]
La esperanza cristiana no es un ingenuo optimismo basado en el cálculo de probabilidades ni en conjeturas acerca del futuro. Para nosotros, la esperanza es una virtud teologal, que tiene como objeto al Dios de las promesas, que es fiel y mantiene su alianza de generación en generación. Dios Padre, que ha enviado a su Hijo Jesucristo al mundo, para salvar al mundo, no para condenarlo, para que los hombres tengan vida y la tengan en abundancia. Nuestra esperanza está firmemente anclada en Jesucristo, que ha vencido a la muerte y es fuente de vida para todos los hombres.
En un mundo desencantado, cuya característica principal parece ser la falta de entusiasmo y de ilusión, que con la crisis de las ideologías parece replegarse en un cinismo cómodo, la Iglesia sigue anunciando a Jesucristo que ha vencido a la muerte. «El Resucitado está siempre con nosotros» . La realidad escatológica de la nueva creación, la Jerusalén celeste de la que habla el libro del Apocalipsis, es, sí, un don de Dios, mas no una utopía. Es una realidad presente en la historia, que toma forma en la comunidad cristiana, la morada de Dios entre los hombres (Ap 21,3).
Con esta confianza, la Iglesia afronta el reto de los tiempos serenamente, sin dejarse intimidar por quienes reiteradamente anuncian su próximo cierre por liquidación. Renunciando a toda pretensión de privilegio y de triunfo, como sierva paciente de la humanidad, se prepara para pasar a los bárbaros y acogerlos amorosamente en su seno, alumbrando una nueva síntesis para Europa, que conserve sus valores fundamentales y los abra al futuro .
Al llegar al final de este recorrido, quisiera despedirme con las palabras de un gran humanista europeo de nuestro tiempo, que me honró con su amistad. Jean Guitton, frente a los catastrofistas y a los asimilacionistas, preveía una confrontación histórica, en la que al final, la victoria no podría ser sino cristiana. «No veo en la historia una crisis que sea comparable a la que conocerá el siglo XXI. Estamos avanzando hacia transformaciones mayores, hacia acontecimientos imprevisibles, de una importancia inaudita. Como Newman a fines del siglo XIX, pero en mayor medida, preveo una confrontación final entre las posiciones extremas de la afirmación y la negación. Veremos desaparecer las posiciones intermedias, prudentes, “burguesas” y presentarse cara a cara, dialéctica contra dialéctica, ateísmo y cristianismo, un “humanismo ateo”, un catolicismo auténtico... Por lo que a mi respecta, estoy convencido, no a través de la fe, sino a través de un examen racional de las convergencias, de que el futuro es favorable al catolicismo. Non veo en este planeta otra religión más universal, más adecuada a proponerse a las élites como a las masas, a recapitular el pasado y a conducir a los seres libres del tiempo a la eternidad» .
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