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EUROPA: LUCES Y SOMBRAS (David Ortega) |
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Europa y los anglosajones
Análisis Internacional
Europa y los anglosajones:
Una visión escéptica
Antonio R.
Rubio Plo
Historiador y Analista de Relaciones Internacionales
Quien
consulte a menudo los medios de comunicación
americanos y británicos no podrá extrañarse del
poco espacio que dedican a Europa, por no decir
a la UE. Los medios no suelen configurarse al
margen, o en contra, de sus opiniones públicas.
A esas opiniones no les atrae Europa, más allá
del turismo o las inversiones, y eso tiene que
traducirse necesariamente en una cierto
distanciamiento por parte de sus gobiernos. La
historia mundial de las últimas décadas
demuestra la inmensa capacidad de influencia de
las opiniones públicas, moldeadas no sólo por
los medios sino también por la imagen proyectada
por los gobernantes. La percepción que de ellos
se tenga puede serles afortunada o fatal, con
independencia de la honradez en su actuación.
Asesores políticos y analistas no podrán dejar
de contar con la opinión pública a la hora de
exponer sus estrategias, aunque no quieran
someterse a los estereotipos en circulación.
Lo cierto es que las opiniones públicas
anglosajonas perciben con mayor nitidez lo que
pasa en Asia que lo que sucede en Europa. Un
informativo de la CNN coloca un mapa del mundo
con el Pacífico como centro, el prestigioso
semanario The Economist dedica más
espacio en sus secciones e informes a Asia que a
Europa, la BBC está muy atenta a lo que sucede
en cualquier país de la Commonwealth... Son
muestras de que Europa no tiene el papel
relevante en el mundo que tuvo en otro tiempo. Y
tampoco nos extrañará que, tras el 11-S, en
medios informativos y círculos académicos se
recordara el discurso de despedida de la
presidencia de George Washington, publicado el
19 de septiembre de 1796: “Europa tiene una
serie de intereses básicos, que poco o nada
representan para nosotros. Puede que allí se
enzarcen con frecuencia en disputas, pero sus
causas son completamente ajenas a nuestros
asuntos. Por tanto, sería poco inteligente por
nuestra parte implicarnos, en nombre de vínculos
artificiales, en las vicisitudes normales de sus
políticas o en las alianzas o enfrentamientos
derivados de sus amistades o enemistades”. A
estas palabras los gobernantes europeos de hoy
podrían replicar que Europa no es ya campo de
disputas o de guerras, es un continente con un
modelo de integración cuyo éxito se remonta a
más de cincuenta años... Sin embargo, desde
Washington, pero también desde Londres, se les
reprocharía aquello de lo que se ufanan: Europa
no tiene capacidades ni voluntad de ser una
potencia global tanto en lo económico como en lo
político. Si antes destacaba por su inseguridad,
ahora podría destacar por su papel secundario o
simplemente por su irrelevancia. Decía David
Millband, ministro de Exteriores británico, en
un reciente discurso en el Colegio Europeo de
Brujas, que Europa no será nunca una
superpotencia sino un modelo de integración
capaz de ser imitado en otros continentes. No es
que a Gran Bretaña no le interese la UE, sobre
todo en sus aspectos económicos, aunque no es su
único foco de interés en esta época de
globalización.
Los anglosajones se dieron cuenta hace tiempo de
que Asia y el Pacífico se están configurando
como el nuevo centro del mundo. La guerra fría
ocultó durante cuatro décadas esta realidad
cuando el telón de acero se cernió sobre Europa.
Aunque fuera muy criticado, Robert Kagan no
dejaba de tener razón cuando hablaba de la
Europa actual como “un paraíso poshistórico
de paz y relativa prosperidad”. Algunos
creímos que su análisis era simplista, mas la
encrucijada de la Europa de hoy nos hace pensar
que quizás no lo sea tanto. Europa es un
conglomerado de pequeños y medianos países, pero
tiene pocos líderes de talla con una visión
estratégica global. Sólo la agenda europea de
Sarkozy prometía cambios importantes, pero la
pérdida de popularidad en su país influye
negativamente en sus iniciativas. Por su parte,
la probada experiencia de Merkel se enfrentará a
unas elecciones en septiembre de 2009 que
demostrarán ser decisivos para Alemania. ¿Y de
los demás líderes políticos europeos qué
podríamos decir? Lo más piadoso es el silencio,
aunque es equivocado creer que están solos en
Europa. Son bastantes los que viven aposentados
en su Estado del bienestar, ajenos a las
tormentas del mundo, que creen conjurar con su
retórica y sus contribuciones económicas. El
escepticismo de muchos anglosajones está
justificado aunque sean lo suficientemente
educados para no decir las cosas a la cara.
analisisdigital.com,
25 de Marzo de 2008
arvo.net, 30 de marzo de 2008
__________________________
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SECCIÓN
HISTORIA
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©Arvo.net,
30/03/2008 Edita
Asociación
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Orozco Delclós Todos los derechos reservados.
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Enviado por La Gaceta de los Negocios - 05/02/2005 |
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