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EUROPA CLAUDICARÁ (Juan Manuel de Prada) |
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SENTIDOS CLÁSICO Y MODERNO DE
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EUROPA CLAUDICARÁ
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Europa capitulará porque ha renegado de Dios, porque cada
vez un mayor número de europeos, desgajados del patrimonio
que la historia les ha confiado, carecen de raíces
espirituales.
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Juan Manuel de Prada
ABC, 1 de agosto de 2005
ESCRIBÍA hace unas semanas que Europa ha
perdido la confianza en los valores y
principios que fundaron su fuerza; este
naufragio en las aguas del relativismo la
torna más predispuesta a la claudicación.
Leo en estos días un suculento libro de
George Weigel, Política sin Dios
(Ediciones Cristiandad), que fervorosamente
les recomiendo. En él me tropiezo con una
cita de Solzhenitsyn que logra designar
sucintamente la razón del mal que corroe
Europa: «Los fallos de la conciencia humana,
privada de su dimensión divina, han sido un
factor determinante en todos los mayores
crímenes de este siglo, que se iniciaron con
la Primera Guerra Mundial, a la que se
remontan la mayor parte de nuestras
desgracias. Esa guerra [...] se produjo
cuando Europa, que por entonces gozaba de
una salud excelente y nadaba en la
abundancia, cayó en un arrebato de
automutilación que no pudo más que minar su
vitalidad a lo largo de, por lo menos, todo
un siglo y quizá para siempre. Esa realidad
sólo puede explicarse por un eclipse mental
de los líderes de Europa, debido a la
pérdida de su convicción de que, por encima
de ellos, existía un Poder Supremo».
Las palabras de Solzhenitsyn, que explican
la progresiva decrepitud de Europa a lo
largo del siglo XX, adquieren una
significación aún más nítida y dolorosa en
los albores del siglo XXI. Una civilización
sólo es grande cuando la animan ideas
trascendentes. La magnitud de los logros
culturales alcanzados por un pueblo depende
de la altura de sus aspiraciones
espirituales. Basta contemplar el páramo
espiritual de la Europa contemporánea, donde
un día floreció la más elevada forma de
civilización, para entender que su fin está
próximo. No hará falta que ningún ejército
islámico la invada y conquiste; bastarán
unas cuantas bombitas, sabiamente
dosificadas aquí y allá, para que Europa se
entregue definitivamente a «ese arrebato de
automutilación» al que se refería
Solzhenitsyn. Europa capitulará porque ha
renegado de Dios, porque cada vez un mayor
número de europeos, desgajados del
patrimonio que la historia les ha confiado,
carecen de raíces espirituales. Este vacío
interno se plasma en un desdén por la ética
y la correspondiente obsesión por los
privilegios y los intereses personales. Una
sociedad cuyo único objetivo es su propia
satisfacción acaba destruyéndose a sí misma.
Existe un vínculo directo e indisoluble
entre la fe y la voluntad de futuro. Sin fe
no hay futuro. Habiendo renegado de Dios,
Europa carece de recursos imaginativos y
morales para mantener su civilización;
carece, incluso, de razones convincentes
para perdurar. La relativización del Derecho
(convertido en mero instrumento legal para
la satisfacción de caprichos, sin
fundamentos inmanentes), la fascinación por
el suicidio y la eutanasia, las cifras
industriales de abortos, el estancamiento
demográfico, etcétera, son fenómenos
automutiladores que revelan una profunda
crisis moral, una descomposición acelerada
de los cimientos sobre los que durante
siglos se ha sostenido nuestra civilización.
El hombre europeo ha llegado al
convencimiento de que, para ser moderno y
libre, tiene que ser radicalmente secular.
Esa convicción ha tenido consecuencias
letales para la vida pública europea y para
su cultura, convertida hoy en un aguachirle
relativista. Los padres fundadores de la
Unión Europea -Konrad Adenauer, Alcide de
Gasperi, Robert Schumann, Jean Monnet- eran
todos hombres religiosos que concebían la
integración europea como un proyecto de
civilización cristiana. Hoy, ese soñado
proyecto ha degenerado en una burocracia
cristofóbica. Como decía el salmista, «si el
Señor no construye la casa, en vano trabajan
los constructores». Europa claudicará, salvo
que salga de su eclipse mental.
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Arvo Net, 1 de
agosto de 2005
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Enviado por ABC - 01/08/2005 |
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