Por
César VIDAL,
PROGRAMA “LA
LINTERNA” (CADENA COPE)
EDITORIAL 17-
02-2006-02-21
Muy buenas
noches y muy bienvenidos a esta nueva
edición de la linterna.
Hoy viernes 17
de febrero del 2006 festividad de San
Benedicto.
Corría el año 1933 cuando “Madeleine Kent”,
una británica que vivía en Alemania, se
refirió a la dificultad de conocer cuáles
eran los objetivos reales del partido
nacional socialista. La razón fundamental
para esa circunstancia radicaba en el uso
del lenguaje de los nacional-socialistas
alemanes.
La
Señora Kent escribió al respecto: su
vocabulario está engrasado con eufemismos
que sirven a un triple propósito: engañar a
la gente de mente sencilla, tanto en el
interior del país como en el extranjero;
añaden el insulto a los perjuicios que
causan a los perseguidos y complacen la
muerte de esclavos de las masas.
En
los años siguientes Madelaine Kent asistiría
con horror a la manera en que esa mezcla de
eufemismos, de manipulación, de agresiones
verbales y de engaño mediático se encauzaba
para justificar, primero, las leyes
eugenésicas del tercer reich,
después la legalización de la eutanasia y
finalmente la persecución abierta de los
judíos.
Y
sin embargo, quién hubiera podido imaginar
todo aquello cuando los nacional-socialistas
alemanes tan sólo prometían que los niños
nacerían más sanos y más fuertes, que el
abandono del tabaco mejoraría el estado de
la piel de las mujeres o que la salud de la
población alcanzaría cotas nunca imaginadas
gracias a la manipulación de fetos de
acuerdo con criterios que se presentaban
como científicos. La verdad es que fueron
muy pocos, incluso entre sus futuras
víctimas.
Ayer, mientras los medios de comunicación se
entregaban a las especulaciones más diversas
sobre la proximidad de un cercano anuncio de
tregua por parte de la banda terrorista ETA,
tenía lugar en el Congreso un acontecimiento
de enorme trascendencia, nos referimos a la
aprobación de la Ley de Fecundación
Asistida.
De acuerdo con
la propaganda mediática favorables a esta
Ley y con las declaraciones del gobierno
socialista y sus aliados parlamentarios nos
encontraríamos ante un paso de progreso que
facilitaría a las parejas con hijos
enfermos, el tratamiento de esas dolencias a
partir de otros embriones de hermanos.
Lamentablemente, la realidad es muy distinta
y la gravedad de este paso legislativo, que
sólo contó con una moderada y tibia
oposición por parte del Partido Popular,
puede comprenderse si tenemos en cuenta
algunos aspectos del texto general aprobado.
Sin ánimo de ser exhaustivo se trata de los
siguientes:
-
La nueva
Ley elimina cualquier límite a la
fecundación de embriones que luego serán
utilizados y para ocultar este hecho se
usa un término no científico como es el
de pre-embrión.
-
La nueva
Ley permite la selección genética de
embriones, es decir, se llevará a cabo
la fecundación in vitro de varios
embriones, a continuación se procederá a
extraer células de todos ellos y a
proceder a su análisis y aquellos
embriones (vidas humanas a fin de
cuentas) que contengan el gen de la
enfermedad serán rechazados.
-
La nueva
Ley permite que los denominados
embriones sobrantes puedan ser donados
para realizar experimentos científicos
con ellos.
-
La nueva
Ley permite, sí mismo, la generalización
de los experimentos con embriones sin
necesidad de que, como hasta ahora,
estén congelados. En otras palabras,
legaliza e impulsa la experimentación
con seres humanos.
-
La nueva
Ley permite, por lo tanto, la
eliminación de embriones de seres
humanos simplemente porque en ellos
existe un gen enfermo o incluso siendo
totalmente sanos porque se ha decidido
no utilizarlos.
-
La nueva
Ley, que no incluye la clonación
reproductiva, deja sin embargo la puerta
abierta a la clonación de seres humanos
con fines, denominados, terapéuticos.
-
Para colmo,
la reforma, a pesar de sus graves
consecuencias, ni siquiera garantiza que
sirva de nada. De hecho, no se ha
demostrado jamás que las células
embrionarias, a diferencia de las
adultas, posean ninguna utilidad para la
curación de enfermedades y
-
La nueva
Ley, a fin de cuentas, carece de
justificación médica, va a favorecer un
jugoso negocio para algunas clínicas
privadas e implica un gravísimo
desprecio hacia la vida y la dignidad
humana.
La idea sobre
que alguien pueda concebir criaturas serán
desechadas si no responden a lo esperado, la
idea de que esas criaturas puedan incluso
ser donadas para experimentos de carácter
médico, la idea de que todo ello constituye
un negocio lucrativo para ciertos
establecimientos clínicos y la idea de que
es “progresista” un proceso en que el
embrión es deshumanizado y convertido en
algo semejante a un grano o un pólipo
seguramente no choca con ciertas
mentalidades.
Sin embargo,
para aquellos que creen que la vida humana
es algo digno, para aquellos que consideran
que debe ser defendida y protegida desde el
mismo momento de su aparición, para aquellos
que defienden que nunca puede ser material
para quien haga negocios, para aquellos que
afirman que bajo ningún concepto puede ser
objeto de experimentos, para todos ellos,
una ley como la que fue aprobada ayer no es
sino un fruto más del árbol de la disolución
moral.
Se trata de esa
disolución moral que considera un avance del
progreso que el año pasado se produjeran
80.000 abortos en España, se trata de esa
disolución moral que considera un avance del
progreso la eutanasia, se trata de esa
disolución moral que considera un avance del
progreso aniquilar la familia, se trata de
esa disolución moral que considera también
un avance del progreso sentarse con asesinos
para pactar su pronta excarcelación.
Y es que
enredados en las jugadas de regate corto de
la política, quizá estemos pasando por alto
un hecho de enorme gravedad, el que nuestra
nación se enfrenta a desafíos que van más
allá de la política de partidos y de los
programas electorales, porque en definitiva
constituyen importantes cuestiones morales y
en esa batalla moral, triste es decirlo, el
gobierno que preside D. José Luís Rodríguez
Zapatero y sus aliados políticos, se
encuentran en el bando opuesto de aquellos
que aman la libertad, de aquellos que creen
en la dignidad del ser humano desde el
momento de su concepción y de aquellos que
consideran que la vida no puede ser objeto
de transacciones, ni experimentos, sino que
ha de ser respetada y defendida.