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NIETZSCHE COMO ARTISTA Capítulo III, 2ª parte

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5.- POEMAS SOBRE LA NATURALEZA

Los discursos, versos y canciones que aparecen en el Zaratustra, son lo suficientemente significativos para destacar el carácter "sinfónico-poético" que tiene este singular libro, ya que tanto por su ritmo como por su estilo pueden ser catalogados como poemas elegíacos del género lírico, motivo por el cual, Nietzsche considerará que es su libro artístico por antonomasia. La escenografía que acompaña estos discursos y canciones se inspiran en su mayoría en los entornos naturales en los que estuvo el pensador alemán, especialmente en los majestuosos paisajes de los Alpes suizos. Recordemos que Nietzsche, aparte de los siete veranos que estuvo en Sils-María, en la alta Engadina, donde experimentó, como comentábamos en el capítulo anterior, la mayoría de sus inspiraciones para componer los numerosos poemas paisajísticos que aparecen en el Zaratustra, también tuvo la oportunidad de conocer distintos lugares de las zonas alpinas, como la hermosa y festiva zona del lago de los cuatro Cantones, la comarca de Flims perteneciente al cantón de Graubunden, los abruptos alrededores del San Gotardo al sur de los Alpes de Glarner, los modernistas y decadentes balnearios de Rosenlauibad y también la imponente cordillera del Grindelwald en los mismísimos Alpes Berneses.

Nietzsche, utiliza excepcionalmente en el Zaratustra, puesto que no lo hace en la mayoría de sus obras, los diversos aspectos plásticos que le presenta la naturaleza, como es el caso de elementos orográficos como los bosques y sus montañas, los amplios prados verdes y los barrancos salvajes, o las oscuras cavernas hendidas en los peñascos, para componer una serie de poemas suscitados por este entorno natural de los Alpes. De esta rica variedad de poemas, hemos realizado una selección de distintos fragmentos, lo suficientemente ilustrativos, para que podamos apreciar su calidad literaria y su indudable talante artístico.

En el discurso de la "Canción del baile" nos describe el hermoso y bucólico entorno de los bosques y prados pletóricos de vegetación, que recorría Zaratustra acompañado de sus seguidores:


Un atardecer caminaba Zaratustra con sus
discípulos por el bosque; y estando buscando
una fuente he aquí que llegó a un verde prado
a quien árboles y maleza silenciosamente
rodeaban


En el discurso "El niño del espejo", describe lacónicamente la soledad del iluminado profeta, habitando en su caverna que le mantenía alejado de las muchedumbres:


Zaratustra volvió a las montañas y a la
soledad de su caverna, y se apartó de los
hombres


En el discurso: "Del pasar de largo", se refiere a los largos desplazamientos que realiza Zaratustra, para hacer llegar a todas las gentes sus incomprendidos mensajes, y el retorno hacia su salvaje e inhóspita morada:


Atravesando pueblos y ciudades volvía
Zaratustra, dando rodeos, hacia sus montañas
y su caverna


En "La Canción del Noctámbulo", dibuja la sombría melancolía que en ocasiones sentía Zaratustra, que le llevaba a tomar una aire taciturno y reconcentrado


Sin duda soy un bosque y una noche
de árboles oscuros


En "Las Tarántulas" alude a las oscuras ruinas en que se encuentran los templos de los viejos dioses, llenos sus techos de laboriosas arañas, como preludio de su disolución en los tiempos venideros:


Aquí donde está la caverna de la tarántula
levántase hacia arriba las ruinas de un viejo
templo ¡contempladlo con ojos iluminados


En el discurso de "El Mendigo Voluntario", Nietzsche se sirve del incansable desaliento de Zaratustra, que se plasma en su actividad de andarín y caminante solitario por los prados y bosques ribeteados de cristalinos riachuelos:


Mientras continuaba su camino, subiendo
bajando, pasando algunas veces al lado de
verdes prados y por barrancos salvajes y
pedregosos, donde en otro tiempo, sin duda, un
impaciente arroyo había tendido su lecho


En el "Espíritu de la pesadez", vuelve a mostrar, a través de su Zaratustra, la febril y jubilosa actividad de caminante solitario por diferentes "riscos y senderos" que le invadió en la Engadina y que tan fecundos efectos tuvo para su producción creativa:

Aprendí a tenerme en pie y a caminar y a
correr y saltar y a trepar y a bailar por encima
de las cosas

 

El exaltado estado anímico en el que se hallaba al componer estos poemas se manifiesta a través de su delicado y ardiente lirismo, en el que se utilizan los clásicos lugares comunes de las versificaciones románticas: la luna, la oscura noche, los radiantes astros y las fulgurantes estrellas, que inundan el espíritu de los eternos amantes...
En "El Inmaculado Conocimiento":


Lo más querido sería para mí amar la tierra tal
como la luna la ama, y sólo con los ojos
palpar su belleza


En "El Adivino":


Nuevas estrellas nos han hecho ver, y nuevas
magnificencias nocturnas; en verdad, la risa
misma las ha extendido con una tienda
multicolor sobre nosotros


"El Inmaculado Conocimiento":


Cuando ayer salía la luna me pareció que iba a
dar a luz un sol: tan abultada y grávida yacía en
el horizonte

En "La Canción del Noctámbulo":

Uno detrás de otro habían salido fuera a la fresca
y pensativa noche


En el discurso "La Canción de la Noche":

Es de noche, solo ahora se despiertan todas las
canciones de los amantes. Y también mi alma es
la canción de un amante


Múltiples referencias al agua como el primer y esencial elemento, descrita en sus diferentes estados naturales: las caudalosas fuentes, los limpios arroyos, la inmensidad de los mares, los eternos hielos, los blancos y fríos glaciares, las rugientes y plateadas cascadas, los surtidores de agua, los ricos y frescos manantiales..., le sirven para obtener efectos poéticos de sorprendente belleza.

"De la Bienaventuranza no querida":

Con pérfida belleza me contemplan el mar y la
vida que me rodean. ¡Oh tarde de mi vida!
¡Oh felicidad antes de la noche! ¡Oh puerto de
de alta mar! ¡Oh paz en la incertidumbre!


"Antes de la salida del sol":

Todas las cosas están bautizadas en el
manantial de la eternidad


"De las Tablas Viejas y Nuevas":

La vida es un manantial de placer..., la náusea
misma hace brotar alas y fuerzas que presienten
manantiales

 

El que ha llegado a conocer los viejos orígenes
acabará por buscar manantiales del futuro


"A Mediodía"

¿Es que me he convertido en un fantasma que
camina sobre blancos glaciares?


En "La Canción de la Noche":

Es de noche, ahora hablan más fuerte todos
los surtidores. Y también mi alma es un
surtidor

 

¡Ay, hielo hay a mi alrededor, mi mano se
abrasa al tocar lo helado! ¡Ay, en mí hay sed
que desfallece por vuestra sed!. Es de noche:
¡Ay, que yo tenga que ser luz! ¿Y sed de lo
nocturno! ¡Y soledad!.. Es de noche: ahora
cual una fuente, brota de mí mi deseo, hablar
es lo que deseo. Es de noche: ahora hablan
más fuerte todos los surtidores. Y también mi
alma es un surtidor. Así cantó Zaratustra

 

En "La ofrenda de la miel":

¡Oh, cuántos mares a mi alrededor, cuántos
futuros humanos que alborean. Y por encima
de mí ¡qué calma sonrosada! ¡Qué silencio
despejado de nubes!


En "La Canción del Noctámbulo"

Zaratustra llevó de la mano al más feo de los hombres
para mostrarle su mundo nocturno y la gran luna
redonda y las plateadas cascadas que habían cerca
de su caverna

 

Diferentes especies de vegetales, plantas, flores y frutos que
adornan estos dulces y líricos poemas: aromas silvestres, rudos cardos, viejos y robustos árboles, doradas viñas, rojas amapolas, jugosos higos maduros rebosantes de sabiduría, aterciopeladas manzanas de color oro, manzanas rosadas, son los seres vivos de la de la naturaleza que acompañan los sueños de Zaratustra, y junto a ellos, como lúgubre contraste, referencias a la silenciosa fragancia de los sepulcros, a los ruinosos muros agrietados donde se contempla el juego inocente de los niños:

Hacia el mediodía Zaratustra pasó al lado de
un viejo árbol, torcido y nudoso, el cual estaba
abrazado y envuelto por el gran amor de una viña,
quedando oculto a sí mismo... Tan pronto estuvo
tendido en el suelo, en medio del silencio y de los
secretos de la hierba multicolor, olvidó su pequeña
sed y se durmió, sus ojos permanecían abiertos,
no se cansaba de ver y alabar el árbol y el amor
de la viña


En "La Canción del Noctámbulo":

Quien no tenga miedo de mi oscuridad
encontrará también taludes de rosas
debajo de mis cipreses


"De los tres males":

¡A tí árbol solitario, de fuerte aroma, de ancha
bóveda, que yo amo!


"De los Doctos":

Me gusta estar echado aquí donde los niños
juegan a muro agrietado, entre cardos y rojas
amapolas. Todavía soy un docto para los
niños y también para los cardos y las rojas
amapolas


"Los siete sellos":

Me gusta sentarme como hierba y roja amapola
sobre derruidas iglesias


"La canción de los sepulcros":

Ese aroma de los sepulcros conmueve y alivia
el corazón al navegante solitario

 

Aún continúo siendo el más rico y el más digno
de envidia ¡yo el más solitario! decid ¿a quién le
cayeron del árbol, como a mí, tales manzanas
de rosa?


"El Convaleciente":

Zaratustra acabó por yacer entre amarillas y
rojas bayas, racimos de uvas, manzanas de
rosa, hierbas aromáticas y piñas


"De los tres males":

Como si una gran manzana se me ofreciese a
mi mano una madura manzana de oro, de
aterciopelada, fresca y suave piel: así se me
ofrecía la naturaleza


En "Las islas Afortunadas":


Los higos caen de los árboles, son buenos
y dulces; y conforme caen, su roja piel
se abre

 

Así cual higos, caen estas enseñanzas hasta
vosotros amigos míos: ¡bebed su jugo y su
dulce carne!

 

Nos rodea el otoño, y el cielo puro,
y la tarde

 

Surgen de nuevo el arroyo, el prado, las rosas, los vientos y las nubes, zonas desiertas, solitarios osos polares, y toda una alegre sinfonía multicolor: el blanco y el gris de los glaciares, el pardo de las estrellas, nubes que se levantan hacia el azul infinito, los luminosos verdes de los prados, los senderos violáceos y el amarillo sazonado de los jugosos racimos de uvas. Todo un conjunto de tonalidades cromáticas a las que confiere cualidades adjetivas de un valor superior. Acordémonos entre otros, de sus típicos recursos lingüísticos como su famosa "soledad azul" o su "risa multicolor", adjetivaciones que adquieren sabrosas resonancias de valor sustantivo:

"De los apóstatas":

¿Ya está marchito y gris todo lo que hace
un momento estaba aún verde y multicolor
en este prado? ¡Y cuánta miel de esperanza
he extraído yo de aquí para llevarla a mis
colmenas!


"El Adivino":

Nuevas magnificencias nocturnas; en verdad
la risa misma la ha extendido como una tienda
multicolor sobre nosotros


Poemas dedicados a "H. von Stein":

¿No ha sido por vosotros por quienes el gris
del glaciar se ha adornado hoy de rosas?

 

A vosotros os busca el arroyo, y hoy el viento
y la nube anhelantes se elevan, se empujan hacia
el azul. De las estrellas ¿quién tan cerca de las
pardas lejanías del abismo?


"Del gran anhelo":

Todos los que tienen prodigiosos pies ligeros para
correr sobre senderos de color violeta


"A Mediodía":

Zaratustra pasó al lado de un viejo árbol, torcido
y nudoso, de él pendían, ofreciéndose al viajero
racimos amarillos en gran número en medio del
silencio y de los secretos de la hierba multicolor,
olvidó su pequeña sed y se durmió

 

Es que yo he buscado allí donde más cortante
sopla el viento? ¿Es qué he aprendido a habitar
donde nadie habita, en desiertas zonas de osos
polares?

 

En medio de una constelación de astros y de planetas, de soles, y de estrellas que adornan la inmensidad del firmamento, Zaratustra, se siente conturbado al observar la magna distancia existente entre el cielo y la tierra, y ante tal inmenso espectáculo, clama con desaforado griterío que nadie escucha, sus enigmáticas alocuciones que atisban un futuro de felicidades prometidas. Es lo que expresa en el discurso "La Bienaventuranza no querida":

Pues lo que de felicidad se encuentra aún en el
camino entre el cielo y la tierra, eso búscase como
asilo un alma luminosa: a causa de la felicidad
toda luz se ha vuelto más silenciosa ahora


"De las tablas viejas y nuevas:

Igual que el sol, también Zaratustra quiere hundirse
en su ocaso


"Antes de la salida del sol":

¡Oh cielo por encima de mí, tu puro! ¡Profundo!
¡Abismo de luz! Contemplándote me estremezco
de ansias divinas. Arrojarme a tu altura ¡esa es
mi profundidad. Cobijarme en tu pureza ¡esa es mi
inocencia! Al dios su belleza lo encubre: así me
ocultas tú tus estrellas. No hablas: así me anuncias
tu sabiduría.

 

Oh cielo, mudo sobre el mar rugiente has salido
hoy ¡antes del sol has venido a mí tú, el más
solitario de todos

 

Jamás sentí más cercana dulcísima seguridad, jamás
más cálida y confortante la mirada del sol

 

Solamente los que tienen el alma y la sensibilidad de poetas, la creatividad de los auténticos artistas, son los dignos soñadores de los innumerables enigmas e indescifrables misterios existentes entre el abismal espacio que separa el cielo de la tierra. Es lo que expresa Zaratustra en el significativo discurso: "De los poetas":

Todos los poetas creen que quien tendido en la hierba
o en repechos solitarios, aguza los oídos ese llega a
saber algo de las cosas que se encuentran entre el
cielo y la tierra ¡Ay!, existen demasiadas cosas
entre el cielo y la tierra con las cuáles sólo los
poetas se han permitido soñar


"De la Redención":

Yo camino entre los fragmentos de aquel futuro
que contemplo ¡Y como soportaría yo ser hombre
si el hombre no fuese también poeta y adivinador
de enigmas y el redentor del azar!


"De la Cordura respecto a los Hombres":

Me han brotado alas para alejarme volando hacia
futuros remotos, hacia sures más meridionales que
los que artista alguno haya soñado jamás


Pero ya no existe ningún artista, ningún poeta, ningún espíritu superficial que pueda seguir a Zaratustra por las oscuras y profundas galerías a las que ha llegado su insólita sabiduría, de los deseos insaciables del placer que quiere siempre, una y otra vez, eternidad. Es lo que escépticamente manifiesta en el apartado: "De los Poetas":

Me he cansado de los poetas, de los viejos y de
los nuevos: superficiales me parecen todos, y
mares poco profundos


"De los sabios famosos"

Os tomáis demasiadas confianzas con el espíritu;
y de la sabiduría hacéis con frecuencia un asilo
y un hospital para malos poetas

 

Como homenaje y recuerdo de Sils Maria, el pequeño pueblo situado en la alpina y bella comarca de la Engadina, Nietzsche a finales de 1884, le envía una poesía a su amigo H. von Stein, que en verano también había estado en este lugar. Al final de la carta que adjunta al poema, le dice: "Este poema es para usted, estimado amigo, en recuerdo de Sils-María". En esta poesía, Nietzsche al sentir dentro de sí la tortuosa y fría soledad, pretende amortiguarla con la cercanía y el calor de sus antiguos y entrañables amigos, que al hallarse en la lejanía, les manda su agitada llamada:

¡Oh mediodía de la vida! ¡Tiempo solemne! ¡Oh
jardín de verano! Inquieta felicidad de estar de
pie y atisbar y aguardar. A los amigos espero
impaciente, preparadlo día y noche ¿Donde
permanecéis amigos? ¡Venid! ¡Ya es tiempo!
¡Ya es tiempo!

 

 

6. EL GRAN REGALO

Con esta peculiar obra, Nietzsche considera que ha entregado a la humanidad el mayor regalo posible, el mejor obsequio que nadie todavía había sido capaz de ofrecer ni realizar: "Entre mis escritos ocupa mi Zaratustra un lugar aparte. Con él he hecho a la humanidad el regalo más grande que hasta ahora ésta ha recibido" (22). El Zaratustra significa para el pensador alemán, el mayor don entregado gratuitamente, la más preciosa dádiva, el más abnegado ofrecimiento de lo mejor de sí, hecho con el generoso sentimiento de dar sin recibir, de regalar sin esperar nada a cambio: "Yo amo a aquel cuya alma se prodiga y no quiere recibir agradecimiento ni devuelve nada: pues él regala siempre y no quiere conservarse a sí mismo" (23).

De forma parecida, el solitario escritor que aspira morar en las cavernas nos dirá en "El niño del espejo": "¡De nuevo le es lícito a Zaratustra hablar y hacer regalos y dar lo mejor a los amados!. Sólo a sus más cercanos amigos, a sus amados discípulos, a estos pocos elegidos que han sido capaces de comprender e identificarse con sus utópicas esperanzas de un superior y más excelente porvenir, son los únicos que saben apreciar tan altos dones, los únicos que saben recibir sin avergonzarse tan sublimes regalos. Es lo que expresará en el apartado: "De los Compasivos": "Yo soy uno que regala y me gusta regalar, como amigo a los amigos. Los extraños en cambio, y los pobres, que ellos mismos cojan el fruto de mi árbol: eso avergüenza menos"

El gran sueño de Zaratustra, su anhelo más preciado que justificaría el sentido de su singular existencia solitaria, alejado de
las muchedumbres y viviendo en lo más alto de las cumbres, es
poder regalarles con su muerte el don total de su vida superior, desbordante y vitalmente pletórica de arte y de filosofía: "¡al morir quiero darles el más rico de mis dones!" (24).

Nietzsche siempre manifestó una especial predilección por el "Zaratustra", y se vanagloriará hasta límites que rozan lo irrisorio y grotesco por lo conseguido en esta obra, pues cree que es el libro más original desenmascarador y profundo que se ha elaborado, el que con más afán de verdad, con más fuerza y belleza jamás se ha escrito. Un libro más allá del tiempo, entregado magnánimamente a los hombres y pensado fundamentalmente para las futuras generaciones: "Este libro, dotado de una voz que atraviesa milenios, no es sólo el libro más elevado que existe, el auténtico libro del aire de alturas, es también el libro más profundo, nacido de la riqueza más íntima de la verdad" (25).

Años antes, cuando había acabado sus tres partes, le comunica a Overbeck: "Mi Zaratustra ya está terminado, con sus tres actos: es una especie de abismo de futuro, algo tenebroso dentro de su felicidad. Todo lo que hay en él es de mi cuño, sin ejemplo, comparación, ni precedentes. Quien lo haya "vivido" una vez regresará al mundo con la faz mudada" (26). "Nadie entre los vivos -le escribe a Malwida- es capaz de hacer algo semejante a lo que este Zaratustra" (27).

Cinco años más tarde, le escribe a K. Knortz, para indicarle que hasta que no surjan las nuevas generaciones de los hombres del futuro, los hombres de los nuevos tiempos, los "superhombres", aquellos capaces de "revivir" las íntimas y arriesgadas experiencias del iluminado profeta, de este genial solitario que mira de frente al sol y a las estrellas, y atraviesa bosques y arroyos, no se darán todavía las condiciones para asumir con plenitud los nuevos valores del futuro que Zaratustra proclama en todos los lugares donde moran los hombres, y poder comprender lo más nuclear y esencial de sus discursos: "A propósito de mi Zaratustra creo que es la obra más profunda que existe en lengua alemana, y la más acabada desde el punto de vista de la lengua. Sin embargo, para que esto se perciba es preciso el transcurso de generaciones enteras que recuperen las experiencias íntimas gracias a las cuales pudo surgir esta obra" (28).

__________________________________________

(22).- F. Nietzsche, Ecce Homo, Prólogo.
(23).- Id, Así habló Zaratustra, del aptdo: De las tablas viejas
Ibidem, Del aptdo: De las tablas viejas y nuevas", af. 3.
(24).- Ibidem, af. 3.
(25).- Ecced Homo, Prólogo.
(26).- Correspondencia, carta desde Niza, febrero 1884.
(27).- Ibidem, carta desde Sils María, junio 1883.
(28).- Ibidem, carta desde Sils María, junio 1888. También Dante
consideraba que su Divina Comedia como el libro
más excelso y profundo que se había escrito después de las
Sagradas Escrituras (Paraíso, XXIII, 62).

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 Etiquetas: Arte, Estética, Nietzsche, Pifarré
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19/12/2009 ir arriba

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