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NIETZSCHE COMO ARTISTA Capítulo III, 1ª parte

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CAPITULO III


LA SINFONÍA DEL ZARATUSTRA

Sumario

1.- UNA OBRA ARTÍSTICA
2.- UN LIBRO INSÓLITO
3.- GÉNESIS DE SU ELABORACIÓN
4.- LA ESPERANZA DE UN NUEVO FUTURO
5.- POEMAS SOBRE LA NATURALEZA
6. EL GRAN REGALO



1.- UNA OBRA ARTÍSTICA

Con el singular libro del Zaratustra, Nietzsche vuelve a escribir, tal como ya hizo años atrás con El Origen de la Tragedia, una obra con una pretensión fundamentalmente artística, lo que justifica que en este capítulo le dediquemos unos comentarios más amplios. El pensador alemán pone a prueba con el Zaratustra, toda la fuerza de su inspiración y de su capacidad imaginativa de artista, para verter con sobreabundante prodigalidad sus acumuladas energías creativas, que en esta obra se expresan en su máxima tensión anímica y en su mayor eclosión lírico-filosófica. "El Zaratustra entero -nos dirá Nietzsche- es una explosión de fuerzas que se han ido acumulando durante varios decenios (1). Con esta peculiar y original obra, se rehace, de algún modo, de los amargos desengaños y decepciones sufridas a causa de sus frustradas creaciones musicales, de su fracaso como compositor.

El Zaratustra está escrito en un lenguaje hímnico, y confeccionado a base de alegorías, proverbios y sentencias solemnes y conminatorias. A través de sus fragmentados y exaltados discursos, pretende dar la vuelta y desenmascarar a las instituciones sociales, costumbres y valores vigentes de la moral occidental. Su prosa poética mantenida tensionalmente a lo largo de la obra, adquiere a menudo una musicalidad lírica de esplendorosa y alegórica belleza que produce un considerable impacto auditivo y emocional. No obstante hay que señalar, que su estilo, desemboca en ocasiones en artificiales recursos retóricos y fáciles demagogias, especialmente en aquellos enunciados en las que aparecen una serie de hiriente acusaciones forzadamente exageradas al estar sobrecargadas de agresivas y desmesuradas adjetivaciones que rozan el patetismo y la vulgaridad. Para ser su obra capital, hay que añadir también, que adolece de falta de unidad estructural, tanto en su contenido como en su ordenamiento formal, que se traduce en una dispersión de los temas y en su consecuente falta de enlace entre los diversos apartados que configuran el conjunto general de la obra.

Pese a ello, Nietzsche proyecta en este libro su problemática artística y filosófica en grandes proporciones. Se trata del poeta, del pensador, del sinfónico del lenguaje que nos transmite la acumulación de sus inquietantes y peligrosas reflexiones, elevándolas a nivel cósmico y profético, y que tanto por la variedad de los aspectos que aborda, como por el mangnetismo y fascinación que producen, interesa tanto al lector filosofante como al dotado artísticamente.

Cuando Nietzsche está a punto de finalizar la segunda parte del Zaratustra, le pregunta a su secretario Köselitz "¿Bajo que epígrafe ha de colocarse realmente este Zaratustra?. Casi creo que bajo el de Sinfonía" (2). Y Köselitz le responde: "¿bajo que epígrafe corresponde su nuevo libro? Pienso que bajo el de los escritos sagrados" (3). Cuando hubo finalizado la tercera parte, le escribe a Overbeck: "Si hacia el final te das cuenta de qué es lo que realmente quiere decirse con la sinfonía entera del Zaratustra, entonces no podrás evitar un atroz escalofrío" (4).

Este cruce de cartas con sus amigos, nos permite corroborar que Nietzsche consideraba que la composición entera del Zaratustra, correspondía más bien al concepto de sinfonía musical clásica, compuesta por diferentes escenas, y dividida en cuatro partes y una introducción o preludio. A causa de su dispersión temática, apuntada con anterioridad, no logra una relación de unidad asociativa entre estas distintas escenas y las numerosas sentencias discursivas, versos y canciones que van surgiendo e iluminando los distintos cuadros y situaciones ambientales, que al ser utilizados por un obsesivo afán de desveladora denuncia, adquieren, a menudo, una tonalidad de amargo y cruel resentimiento. Por otra parte, la fuerza persuasiva de sus argumentos, presentan una dramática intensidad lírica gracias a la utilización de un lenguaje ditirámbico, preñado de onomatopeyas y de interjecciones que en ocasiones resulta recargadamente ampuloso, y que se ajustan a la intención enunciativa de los vaticinios futuros que proclama el iluminado profeta. La diversidad de enunciados desiderativos, interrogativos e imperativos, debido a su inarticulación temática y a su fragmentación discursiva prefiguran de algún modo la estructura y tonalidad de la música impresionista (5)

El águila, la serpiente, el león y demás animales que acompañan a Zaratustra en la soledad de sus altas y frías montañas, se encuentran en el interior de la caverna, a la vera del lecho donde su dueño está convaleciente. Al observar que Zaratustra evoluciona favorablemente de su enfermedad, le animan para que vuelva a entonar con potente voz, las nuevas canciones que proclaman terribles vaticinios, y sus ecos resuenen en la vastedad de los silenciosos valles: "Canta y cubre los ruidos con tus bramidos, Oh Zaratustra, cura tu alma con nuevas canciones" (6)



2.- UN LIBRO INSÓLITO

La variedad de personajes, animales, parajes, sentencias, y escenificaciones que aparecen en esta obra, debido a su escasez de referencias plásticas y figurativas, los hace más idóneos para ser interpretados desde la subjetividad de los propios sentimientos musicales, que mediante representaciones mentales e imaginativas delineadas objetivamente. En relación a este fulgor fonético de audición impresionista del Zaratustra, impregnado de fuertes tonalidades sinfónicas, Nietzsche dirá en Ecce Homo: "Acaso sea lícito considerar al Zaratustra entero como música; ciertamente una de sus condiciones previas fue un renacimiento en el arte de oír" (7)

El pensador alemán, no se recatará en mostrar la gran autoestima que siente sobre sí mismo por haber sido capaz de conseguir en el Zaratustra, a pesar de sus agrias y aniquiladoras acusaciones, un estilo nuevo de lo más pletórico y jubiloso, a base de sorprendentes juegos semánticos y de festivas intensidades rítmicas, y también de haber impulsado la lengua alemana a sus más altas cotas de armonía y perfección lingüística, objetivos logrados con gran esfuerzo, a base de tener en cuenta hasta en los más pequeños detalles ortográficos: "Presumo con este Zaratustra, haber llevado el idioma alemán a su perfección. Mi estilo es una danza, un juego de simetrías de todos los tiempos, , y un saltar y un reírse de estas simetrías, y esto llega hasta en la elección de las vocales (8).

En el Zaratustra, el pensamiento filosófico de Nietzsche, nos conduce, tensionando al máximo la frágil cuerda, hasta el límite fronterizo de su posibilidades racionales, inspirándose en alucinaciones, visiones y audiciones intuitivas de contenido dionisíaco, con la intención de que su arte nos abra a una sabiduría irracional y transmundana, superadora del saber clásico y del lenguaje tradicional. Utilizando una elocuencia argumentativa que va más allá de lo racionalmente comprensible, nos traslada a las esferas de lo inconsciente, repletas de extrañas simbolizaciones -parecidas a los sueños mitológicos que tenían los antiguos pobladores griegos- que nos proyectan hacia futuros desconocidos y todavía no presentidos. "Antes del Zaratustra -le escribe a Overbeck- no existe ninguna sabiduría, ningún arte de hablar; lo más próximo habla aquí de cosas inauditas. La sentencia temblando de pasión, la elocuencia hecha música, rayos arrojados anticipadamente hacia futuros no adivinados antes" (9). Arte y filosofía se entrecruzan aquí como una vertiente de acceso a lo inefable, por eso el Zaratustra puede ser catalogado como una especie de síntesis filosófico-artística, cumpliéndose con ello el ansiado sueño de Nietzsche de aunar estas dos dimensiones

Nietzsche, entre otras cosas, pretende manifestar en el Zaratustra, que la filosofía materialista y el positivismo científico, al aferrarse al simple dato empírico, y basarse exclusivamente en los hechos sensibles para determinar la verdad de las cosas, se muestran incapaces para explicar el trasfondo de lo vital, de ahí que esta obra sea como el apasionado contrapunto de esta corriente de pensamiento imperante en su época. También pensaba Nietzsche, que con esta obra, había superado y dejado atrás la moral cristiana tradicional y el idealismo racionalista de la filosofía occidental, presintiendo que con esta superación se provocaría un cambio de signo en la historia del pensamiento y un vuelco en la praxis de los valores admitidos. De ahí que se considere como un descubridor de nuevas alboradas que audazmente se lanza en alta mar como un navegante solitario, en pos de tierras desconocidas. Utilizando una metáfora marinera, le dirá a Overbeck. lo feliz que se ha sentido una vez a arribado a buen puerto la finalización de la tercera parte del libro: "Las dos últimas semanas fueron las más felices de mi vida; jamás bogué por un mar así con las velas desplegadas" (10)

Nietzsche de forma parecida a Wagner cuando hubo compuesto el "Tristán", se sentía con la confección del Zaratustra, como una especie de "medium"; de mediador trascendental entre la voluntad imperativa de la naturaleza y la vida contingente de los seres humanos. En un párrafo del Ecce Homo, libro que escribió en un estado anímico de exacerbada agitación interior, como anuncio de su cercano hundimiento físico, nos dirá con notable petulancia e increíble presuntuosidad, que el Zaratustra con sus solemnes sentencias y profundos discursos, ha alcanzado tan sublimes cotas, que se encuentra por encima y a un nivel muy superior respecto a las composiciones de los más grandes escritores y poetas, siendo uno de los libros más geniales de la historia: "Esta obra ocupa un lugar absolutamente aparte, acaso nunca se haya hecho nada desde una sobreabundancia igual de fuerzas. Mi concepto de lo "dionisíaco" se volvió aquí suprema; medido por ella, todo el resto del obrar humano aparece pobre y condicionado. Decir que un Goethe, un Shakespeare no podrían respirar un sólo instante en esta pasión y en esta altura gigantesca, decir que Dante, comparado con Zaratustra, es meramente un creyente y no alguien que crea por vez primera la verdad, decir que los poetas del Veda son sacerdotes y ni siquiera dignos de desatar las sandalias de Zaratustra, todo esto es lo mínimo que se puede decir y no da idea de la distancia, de la soledad "azul" en que esta obra vive" (11)


3.- GÉNESIS DE SU ELABORACIÓN

En esta libro, se pueden apreciar toda una serie de frases, enunciados retóricos, parábolas, referencias alegóricas y lugares comunes, que en gran parte han sido extraídas de los Evangelios revelados, con la intención de que el solitario Zaratustra simbolice una especie de contrafigura de Jesús, aunque con unos objetivos y finalidades muy distintas e incluso inversas a las que tienen los cuatro evangelistas del libro sagrado. No obstante, aunque son múltiples los términos y las referencias que se inspiran en la Biblia, destaca más su contenido de carácter filosófico que no su contenido de carácter religioso, y desde esta perspectiva se aproximaría más al pensamiento de índole hinduista, como de su derivado budista, teniendo en cuenta que el budismo es más una filosofía moral que una doctrina religiosa.

Recordemos, en este orden de consideraciones, que Nietzsche, desde su juventud, estuvo influido por Schopenhauer, cuya filosofía tiene una clara derivación del dharma o doctrina budista. La influencia de esta doctrina, se pone especialmente de relieve en el pensamiento nietzscheano, en la concepción budista de rechazar cualquier sustrato del yo o atman, pues en el individuo no hay nada substancial, nada absoluto, ni nada que sea constante y permanente. A principios de 1870, como el mismo nos dice, uno de sus libros preferidos era la Simbólica y Mitología de los pueblos antiguos de F. Creuzer, en las que junto a unas partes dedicadas a las doctrinas de Siddharta Gautama, o Buda, que significa "el iluminado", se dedica a examinar con detenimiento la doctrina de Zoroaster, nombre este último que traduce por el de "Estrella de Oro", una denominación que le entusiasmaba por parecerle muy apropiada. A través de su amigo J. V. Videmann pudo tener acceso a los Sutta Nipáta que le permitieron conocer lo más esencial del pensamiento budista (12).

Nietzsche incrementó el conocimiento de estas doctrinas, con la lectura de los Aforismos Indios de O. Bohtlingk, lectura que despertó su interés por el hinduismo a través de los textos védicos escritos en sánscrito, como por los posteriores textos de los Upanisad. La huella de estos textos, ya sea mediante las fórmulas hímnicas de los vedas, como los de carácter didáctico y espiritual de los upanisad, se reflejan a lo largo del libro de su Zaratustra. Otra de las diversas influencias en la elaboración de su libro, lo constituyen los poemas didácticos de su admirado filósofo Empédocles, poemas que aparecen estructurados en forma de hexámetros, con abundantes descripciones de ciencia natural propias de la filosofía jónica, como alegorías y sentencias derivadas del misticismo pitagórico.

Por otra parte, en el libro de Nietzsche se refleja la utilización de recursos estilísticos que son el modelo de muchos títulos pertenecientes a los tratados de la filosofía presocrática. Son frecuentes en el Zaratustra las frases del tipo "así habló...", al final de algunos apartados en el que arcaiza su prosa, o en los títulos que encabezan los diversos apartados en los que utiliza la forma inicial "De..." o "Del...". También se puede reconocer en el Zaratustra el espíritu del Prometeo de Esquilo, esta famosa tragedia griega tan apreciada por Nietzsche, en la que se describe el castigo impuesto por los dioses a Prometeo por rebelarse contra ellos, pues Zaratustra, al igual que el héroe griego, tiene la osadía de rebelarse contra los dioses de la cultura occidental y el atrevimiento de intentar robarles sus más misteriosos secretos.

Zaratustra o Zoroaster, maestro y profeta de Dios, vivió en Persia en el S. V a C., y puso por escrito las doctrinas orales de la secta de los Magos o "adoradores del fuego" en su libro Zendavesta. Lo fundamental de estas doctrinas se basa en los dos principios que rigen los acontecimientos del universo: Ormuz, principio del bien, de la luz y del fuego, y su animal simbólico es el águila real, y Ahrimán, principio del mal y de las tinieblas, y su animal simbólico es la serpiente. Estos dos seres, a pesar de que tienen la misma entidad metafísica, están eternamente enfrentados en una perpetua lucha por el gobierno del mundo. Precisamente Nietzsche, intentará superar estos dos principios antagónicos, mediante los discursos sentenciales que pronuncia su Zaratustra, que en algunos aspectos son parecidos a los discursos de Zoroastro, o a los de Bautama Buda.

Con esta supuesta superación debido a su concepción relativista de la moral, el Zaratustra de Nietzsche anuncia unos nuevos valores que están "más allá del bien y del mal". Por ello intentará liberarlos de su anclaje metafísico y trascendente, con objeto de poder sostener que toda moral será aniquilada y superada por los nuevos transvalores. En el apartado denominado "Antes de la salida del sol", el vidente solitario nos manifiesta la relatividad pasajera del bien y del mal moral; "Los buenos y los justos me llaman el aniquilador de la moral, mi historia es inmoral. Todas las cosas están bautizadas en el manantial de la eternidad y más allá del bien y del mal; el bien y el mal mismos no son más que sombras intermedias y nubes pasajeras" (13)

Esta conciliación o superación de los dos principios dicotómicos, la simbolizará en la pacífica relación entre el águila y la serpiente, los animales heráldicos que acompañan al Zaratustra de Nietzsche: "He aquí que un águila cruzaba el aire trazando amplios círculos y de él colgaba una serpiente, no como si fuera una presa, sino una amiga, pues se mantenía enroscada a su cuello. ¡son mis animales! dijo Zaratustra, y se alegró de corazón" (14)

El historiador Creuzer se referirá a Zoroaster como el "maestro de la pureza" y el "adorador del sol", que en un momento de su vida decide retirarse a los montes Albruz y allí en la soledad de su cueva, rodeada de escarpadas cumbres se dedica a la meditación y a la contemplación del gran astro de fuego. Precisamente Nietzsche iniciará el prólogo del Zaratustra del siguiente modo: "Cuando Zaratustra tenía treinta años, abandonó su patria y el lago de su patria y marchó a las montañas. Allí gozó de su espíritu y de su soledad, y durante diez años no se cansó de hacerlo. Y una mañana levantándose con la aurora, se colocó delante del sol y le habló así: ¡Oh gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!"


4.- LA ESPERANZA DE UN NUEVO FUTURO

Las teorías pilares de este libro hímnico, revelador de futuras y utópicas esperanzas y denunciador de la cultura de los dos últimos milenios a partir de Sócrates, son las que giran alrededor del "Superhombre", el "Eterno retorno de lo mismo" y la "Transvaloración de los valores". Nietzsche a través de su concepción del superhombre", pretende proyectar los ideales amorales y estéticos que deben impregnar al hombre del futuro, de este hombre nuevo, que mediante un proceso evolutivo irrumpirá y se hará presente entre nosotros. El pensador alemán ya divisa en el horizonte las suaves luces de la aurora matinal que anuncian la pronta aparición de estos magníficos superhombres" que poblarán la faz de la tierra (15)

Al disolver en su conciencia la verdad de un ser personal y trascendente, poseedor de todas las perfecciones propias del puro acto de ser, del actus essendi, Nietzsche centrará todas sus ensoñadas expectativas de infinitud y plenitud existencial, en la futurista esperanza de unos anónimos hombres nuevos, que manifestarán unas cualidades más excelentes, una mayor vitalidad intuitiva y unas capacidades artísticas más poderosas y creativas, alumbrando unos valores tan distintos y superiores que "transvalorarán" toda la moral anterior, serán ciertamente unos "superhombres" en todos los órdenes de la existencia.

En el conocido aforismo "La Gran Salud" de La Gaya Ciencia, Nietzsche desentraña algunas de las características de la que estarán revestidos estos hombres nuevos del futuro: "Nosotros los hombres nuevos, anónimos y difíciles de comprender, precursores de un porvenir todavía no demostrado, necesitamos para nuestros fines medios nuevos, es decir, una especie nueva de salud, más vigorosa y penetrante, más resistente, más intrépida y más alegre.

Nietzsche soñaba ya desde su juventud, en el quimérico ideal del "superhombre", un ideal que de algún modo veía pre-encarnado en una serie de personajes a los que interpretaba como los iniciales eslabones evolutivos, como sus prefiguraciones más aproximadas, como es el caso de genios griegos como Homero, Heráclito, Esquilo, Sófocles..., varias figuras históricas como Alejandro Magno, Julio César, Federico II Barbarroja, César Borgia, Napoleón... (16), o a los genios de la cultura y el arte occidentales como Dante, Schakespeare, Rafael, Miguel Angel, Goethe, Schiller, y en su momento, antes de romper con ellos, a Schopenhauer y a Wagner. (17)

Es suficientemente ilustrativo al respecto, el prólogo del Zaratustra, en el que Nietzsche, con acentos solemnes, proclamará su preciado anhelo por la pronta llegada del "superhombre", de estos hombres más intrépidos y vitales, de una mayor voluntad de poder, que potenciando las posibilidades de su esencia humana más allá y por encima de sí mismos y superando toda evolución biológica, alumbrarán una humanidad superior. Cuando Zaratustra descendió de las montañas y llegó a la primera ciudad situada al borde de los bosques, encontró reunida en el mercado una ruidosa muchedumbre que estaba esperando la prometida exhibición de un volatinero. Y Zaratustra, encaramándose en lo alto de una gran piedra, habló así:
"Yo os enseño al Superhombre". El hombre es algo que debe ser superado ¿Qué habéis hecho para superarlo? Todos los seres han creado hasta ahora algo por encima de ellos mismos: ¿Y queréis ser vosotros el reflujo de esa gran marea y retroceder al animal más bien que superar al hombre? ¿Qué es el mono para el hombre? Una irrisión o una vergüenza dolorosa. Y justo eso es lo que el hombre debe ser para el superhombre: una irrisión o una vergüenza dolorosa" (18)

Respecto a la teoría del "eterno retorno de lo mismo" o sucesión cíclica del tiempo, hay que recordar que esta teoría ya fue formulada por diversos filósofos presocráticos, como es el caso del milesio Anaximandro, que en los fragmentos que conservamos, nos describe su magno principio del Apeiron, como el elemento infinito e ilimitado. Del Apeiron proceden todos las cosas y a él retornan en un proceso circular de movimiento perpetuo que hace girar la rueda del cosmos, atrayendo hacia sí toda la diversidad de fenómenos, unificándolos otra vez, en el interior de su universal y eterna justicia (19). Heráclito y los pitagóricos conciben el universo surgiendo del fuego y retornando al fuego según ciclos fijados eternamente, pensamiento que renace en la física estoica con su doctrina cósmica de las periódicas construcciones y deconstrucciones del universo mediante la infinita repetición de sus reflujos naturales. También se aprecian las huellas del "eterno retorno" en el atomismo de Demócrito con su concepción física de la eternidad del movimiento que impulsa a los átomos materiales en sus choques y rechazos, provocando una variedad de formas y configuraciones atómicas desarrolladas en el vacío.

Nietzsche que estaba familiarizado con el pensamiento de estos filósofos presocráticos, basará su concepción del "eterno retorno" en la consideración de las infinitas combinaciones posibles que presentan los elementos finitos de la naturaleza, enmarcados en la eternidad del tiempo. De estas infinitas combinaciones surgen un número infinito de mundos, entre los cuales también está comprendidos en eterna sucesión un número infinito de momentos iguales, puesto que todo lo existente volverá a repetirse, lo que supone que las cosas, los hombres y los acontecimientos que se suceden han de vivir un número infinito de vidas que retornan una y otra vez sobre sí mismas. Es la "voluntad de poder" queriéndose a sí misma, es la nostalgia de la imposibilidad de una eternidad en el ámbito de la finitud perecedera. Los animales que rodean al visionario profeta del "eterno retorno" en la soledad de las altas cumbres, le expresan su adorada admiración por la genialidad de sus vaticinios: "Mira, nosotros sabemos lo que tú enseñas: que todas las cosas retornan eternamente, y nosotros mismos con ellas, y que nosotros hemos existido ya infinitas veces, y todas las cosas con nosotros" (20)

Pero al margen de las profundas contradicciones filosóficas que presenta esta extraña teoría, hay que reconocer que la idea del "eterno retorno" le ofrece a Nietzsche la posibilidad de proyectar todo un conjunto de cosmovisiones de gran atractivo y fuerza estética, tanto por la magnitud y belleza de sus representaciones, como por su colosal grandiosidad. Arrebatado su espíritu por esta idea que le absorberá de modo incondicional el resto de su vida, el pensador alemán nos manifestará su anhelo por una eternidad que repitiéndose infinitamente en la corriente fluida de los acontecimientos, supere continuamente todo lo caduco y perecedero. Una idea de eternidad volviéndose sobre sí misma, cuya expresión es más propia de significaciones ensoñadas que de imágenes mentales derivadas de la percepción, y que nos produce insólitas y surrealistas representaciones formadas por gigantescos y dorados anillos entrelazados entre sí, que giran una y otra vez de forma vertiginiosa en ciclos eternamente inacabables: "¡Oh, como no iba yo a anhelar la eternidad y el nupcial anillo de los anillos ¡el anillo del retorno" dirá conmovido Zaratustra ante tal embriagante y sugerido espectáculo (21)

Confirmando su pretensión de equiparar el Zaratustra a una bella e inigualada sinfonía, a una perturbadora y fantasiosa pieza musical, Nietzsche compuso varias canciones de carácter lírico que tiene como leitmotif la eternidad , la misteriosa cuestión del tiempo en su eterno retorno. En la "Canción del noctámbulo", Zaratustra arrebatado por un embriagador éxtasis "dionisíaco", nos expresa su ardiente deseo por un por un volver eterno e inacabable del placer, y un pasar del dolor que retorna. Así lo escribe en una de sus estrofas: "Más el placer quiere eternidad, retorno, -quiere todo idéntico a sí mismo eternamente- y también decidle al dolor: ¡pasa, pero vuelve!. Pues todo placer quiere ¡eternidad!"

El vidente e iluminado profeta, al comprobar desconsolado la indiferencia e incomprensión de las muchedumbres ante los clamores de sus discursos, pide su auxilio a los hombres superiores del porvenir, para que consuelen su desolada tristeza, cantándole el "Canto de ronda", el canto de la eternidad, de la infinita repetición cíclica de los tiempos: "¡Cantadme ahora vosotros la canción! cuyo título es "Otra vez", cuyo sentido es ¡por toda la eternidad!, cantadme vosotros, hombres superiores, el canto de Zaratustra"

Para satisfacer el ansiado deseo de Zaratustra de que se repita una "otra vez" el placer, Nietzsche compondrá otra canción de ronda, una de sus canciones más conocidas y emblemáticas, denominada "La Canción del Baile, canción que constituirá como el himno prioritario de la eternidad, de una eternidad que siempre retorna:

Hombre! ¡Presta atención!
¿Qué dice la profunda medianoche?
Yo dormía, yo dormía
De un profundo soñar me he despertado
El mundo es profundo
Y más profundo de lo que el día ha pensado.
Profundo es su dolor
El placer, es más profundo aún que el sufrimiento:
El dolor dice: ¡Pasa!
Mas todo placer quiere eternidad,
¡Quiere profunda, profunda eternidad!

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1).- F. NIETZSCHE, Correspondencia, carta a Overbeck,
febrero,1884, Ed. Labor, Barcelona, 1874, 8.II.1884.
(2).- Ibidem, carta a H. Köselitz, abril 1883.
(3).- Ibidem.
(4).- Ibidem, carta a Overbeck, febrero 1884.
(5).- La música impresionista rechaza las formas y las estructuras empleadas en la primera mitad del s. XIX. Por ello, prescinde de la simetría y disuelve la línea melódica en pequeños fragmentos melódico armónicos (tal como ocurre con los discursos fragmentados de Zaratustra), en que los acordes no dependan unos de otros, sino que sean independientes en sus enlaces y en su resolución. Esta música presenta un cromatismo sin tonalidad definida, yuxtaponiendo los diferentes acordes y armonías, cuya síntesis debe realizarla el oyente, de manera análoga a como se sintetizan en nuestra mirada las pinceladas que están juntas sin mezclarse de los cuadros "puntillistas". La corriente impresionista, busca formas nuevas y abandona lo establecido. Esta postura se prestó a cierta anarquía en las diferentes modalidades artísticas, que a menudo caían en excentricidades de todo tipo. Figura destacada de esta corriente en el ámbito musical es Claude Debussy (1862-1918).
(6).- F. NIETZSCHE, Así habló Zaratustra, del aptdo El
Convaleciente.
(7).- Id, Ecce Homo, del aptdo: Así habló Zaratustra, af. 1.
(8).- Id, Correspondencia carta a Rohde, 22 enero 1884.
(9).- Ibidem, carta 18 enero 1884, Cuando Nietzsche le mandó a Karl Hillebrand en noviembre del 83, la 1ª parte del Zaratustra, Hillebrand escribió a H. von Bülow una sarcástica y burlona carta sobre esta obra, en la que acusa a Nietzsche de usar unos tonos excesivamente pasionales más propios de adolescentes: "Hay en esas páginas del Zaratustra mucho de admirable e incluso grandioso, pero la forma no acaba de parecerme enteramente satisfactoria: esa religión como la palabra última de la sabiduría, exige sencillez, sobriedad, sosiego en la expresión. Tampoco simpatizo con los hombres que pasados los 40 dan de sí tonos wertherianos..., el mucho cavilar sobre uno mismo y el no poder salir de uno son enfermedades infantiles: a los 30 años tendrían que haber sido superadas". F. Nietzsche y K. Hillebrand Otto Crusius, Südeutsche Monatshefte, p. 129.
(10).- Ibidem, carta a Overbeck, 18 enero 1884.
(11).- Id,
, del aptdo: Así habló Zaratustra, af. 6.
(12).- En el mes de diciembre de 1875, le escribe a C. von Gersdorff para decirle: "Conseguí prestado del amigo de Schmeitzer, el Sr. Widemann, la traducción inglesa del Sutta Nipáta, algo de los libros sagrados budistas; y ya he adoptado una de las frases finales de una Sutta para mi particular uso doméstico: "Y así camino solitario como un rinoceronte",
Correspondencia p. 54.
(13).- F. NIETZSCHE, Así habló Zaratustra, de los aptdos: De
la picadura de la víbora, y Antes de la salidad del sol.
(14),. Ibidem, Prólogo.
(15).- LL. PIFARRÉ, La desigualdad de la vida humana en
Nietzsche
, del aptdo: La Utopía del Superhombre,
PPU, Barcelona 1991, p 163-178.
(16).- En el af. 38 de El Crepúsculo de los Idolos, del aptdo: Incursiones de un Intempestivo, dice sobre Julio César: "El tipo supremo de hombres libres habría que buscarlo allí donde constantemente se supera la resistencia suprema: a dos pasos de la tiranía en los umbrales del peligro de la esclavitud: el tipo más bello, Julio César; esto es también políticamente verdadero". En Ecce Homo, del aptdo: Así habló Zaratustra, se refiere a Federico II Hohenstaufen como: "uno de los seres más afines a mí, el gran emperador de la dinastía de Hohenstaufen, Federico II". Tan afín se consideraba, que era lógico que lo viera como el prototipo de los "espíritus libres": "Aquel gran espíritu libre, el genio entre los emperadores alemanes, Federico II", en El Anticristo<7i>, af. 61. En el af. 200 de Más allá del Bien y del Mal en se referirá también a varios de estos admirados personajes: "Surgen a veces seres mágicamente inhaprensibles e inimaginables, aquellos hombres enigmáticos predestinados a vencer y a seducir, cuya expresión son Alcibíades y Julio César, añadiendo para mi gusto, al primer europeo, Federico II Hohenstaufen, y entre artistas, tal vez Leonardo de Vinci". En el af. 44 de El Crepúsculo de los Idolos, del aptdo: Incursiones de un Intempestivo, escribirá sobre Napoleón con grandes elogios: "Napoleón era distinto, heredero de una civilización más fuerte". En el af. 199 de Más allá del Bien y del Mal dirá: "que la historia de Napoleón es casi la historia de la felicidad superior alcanzada por este siglo en sus hombres y en sus instantes más valiosos". En el af. 284 de La Voluntad de Poder, comenta: "Napoleón fue algo así como la pasión de nuevas posibilidades del alma, un ensanchamiento de los espacios del alma". En el af. 1019: "Hombres como Napoleón deben volver siempre a consolidar la creencia en la autosoberanía del individuo". Refiriéndose al típico representante del Renacimiento, el poderoso César Borgia, hijo del papa Alejandro VI, dirá: "En César Borgia todo en él es firme, inmortalmente sano, inmortalmente jovial y bien constituido, en El Anticristo, af. 46. En noviembre de 1888, en carta a G. Brandes, p. 163, se lamenta, de que si Borgia no hubiera estado enfermo de muerte, hubiera podido ser nombrado papa, circunstancia que habría hecho cambiar la suerte del cristianismo: "Cesar Borgia en la silla papal, ese sería el sentido del Renacimiento, su verdadero símbolo". Es lo que también expresará en el af. 61 de El Anticristo<(i>: "César Borgia papa ¿Se me entiende? Bien, esa habría sido la victoria a la que hoy sólo aspiro, ¡con ella quedaba suprimido el cristianismo!".
(17).- Sobre Goethe, escribe en al af. 125 de Humano, demasiado Humano, del aptdo: El viajero y su sombra": "Goethe no sólo fue un hombre bueno y grande, sino también una "cultura". En el af. 49 de El Crepúsculo de los Idolos. del aptdo: Incursiones de un Intempestivo, afirmará: "Goethe no es un acontecimiento alemán, sino un acontecimiento europeo; un intento grandioso de superar el s. XVIII". En el af. 272. de la 1ª parte de Humano, demasiado Humano, escribe: "Los hombres enérgicos como Goethe, abren tanto camino como casi cuatro generaciones puedan hacerlo detrás de ellos". En Más allá del Bien y del Mal, af. 256. reflexiona respecto aquellos individuos a los que considera como los más grandes y profundos de su siglo: "Pienso en hombres como Napoleón, Goethe, Stendhal, Heine, Schopenhauer: y no me tome a mal el que también cuente entre ellos a R. Wagner". En el af. 269, habla de "esos grandes poetas, esos Byron, Musset, Poe, Leopardi, Kleist, Gogol...". Sobre lo que dice de Rafael, Miguel Angel, Dante, etc, ver nota 28 del cap. anterior.
(18).- F. NIETZSCHE, Así habló Zaratustra, Prólogo. En el af.
994 de La Voluntad de Poder, dice: "El objetivo no es
la humanidad, sino el suprehombre".
(19).-El fragmento de Anaximandro, según la traducción que realiza Nietzsche en La filosofía en la época trágica de los griegos, dice así: "De donde las cosas tienen su origen, hacia allá tienen que perecer también, según la necesidad, pues tienen que pagar pena y ser juzgadas por su injusticia, de acuerdo con el orden del tiempo". Refiriéndose a este pasaje Heidegger dirá: "El ser que piensa Nietzsche es el "eterno retorno de lo igual". Es el modo de la persistencia en que la voluntad de poder se quiere a sí misma y asegura su propia presencia como ser en el devenir". "Sendas Perdidas", del aptdo: La sentencia de Anaximandro, Ed. Losada, Buenos Aires, 1969.
(20).- Id, Así habló Zaratustra, del aptdo: El Convaleciente.
(21).- Ibidem, del aptdo: Los siete sellos. En el af. 291 de La Voluntad de Poder. vuelve a utilizar esta imágen estética de los "anillos": "Dado que el devenir se nos presenta como un gran anillo, todas las cosas tendrían el mismo valor, serán igualmente eternas, igualmente necesarias". En los últimos aforismos de esta obra, concretamente del 1046 al 1059, Nietzsche describe con amplitud su idea.


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 Etiquetas: Arte, Estética, Nietzsche, Pifarré
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24/11/2009 ir arriba

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