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EL ROSARIO DE SAN JOSEMARÍA (Jesús Ortiz López)

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EL ROSARIO DE SAN JOSEMARÍA

"Como todos los santos que hacen avanzar a la Iglesia San Josemaría ha impulsado constantemente el rezo y la meditación del Rosario, escribiendo incluso una obra abriendo su corazón y enseñando a meterse en las escenas como un personaje más".

Por Jesús Ortiz López

Juan Pablo II ha proclamado el Año del Rosario y nos propone contemplar a Cristo con María para pedir por la paz del mundo y de las familias, buscando primero la paz en el corazón humano: «La contemplación de Cristo tiene en María un Modelo insuperable. El rostro del Hijo le pertenece de un modo especial. Ha sido su vientre donde se ha formado, tomando también de Ella una semejanza humana que evoca una intimidad especial ciertamente más grande aún», escribe en su Carta Apostólica El Rosario de la Virgen María .

Como todos los santos que hacen avanzar a la Iglesia San Josemaría ha impulsado constantemente el rezo y la meditación del Rosario, escribiendo incluso una obra abriendo su corazón y enseñando a meterse en las escenas como un personaje más. Muchos rosarios perdió San Josemaría porque regaló muchas veces el que tenía entre sus manos, facilitando a una persona querida ese arma poderosa para librar en la calle las batallas de Dios. También ha difundido miles y miles de estampas, con advocaciones marianas de todo el mundo, invitando a rezar el Rosario: « El rezo del Santo Rosario, con la consideración de los misterios, la repetición del Padrenuestro y del Avemaría, las alabanzas a la Beatísima Trinidad y la constante invocación a la Madre de Dios, es un continuo acto de fe, de esperanza y de amor, de adoración y de reparación ».

Hace años tuve ocasión de rezar con él varias veces el Rosario, acompañado también de D. Álvaro del Portillo o de D. Javier Echevarría, actual Prelado del Opus Dei. Guardo el recuerdo de aquellos Rosarios como una tertulia con Jesús, María y José, que siempre eran distintos. No he olvidado su modo de rezarlo: caminaba lentamente pasando las cuentas de su rosario; hacía en silencio meditativo después de enunciar el misterio correspondiente; después pronunciaba las palabras con pausa y atención, y según los días acentuaba una u otra palabra o expresión del Padrenuestro, del Avemaría, del Gloria, o de la Letanía. Aquello era diálogo contemplativo con naturalidad, en familia y en medio de los trabajos ordinarios.

Ahora Juan Pablo II invita en su Carta Apostólica al episcopado, al clero y a los fieles a ver el Rosario como un compendio del Evangelio y a rezarlo mejor con la incorporación de los misterios de luz. Entre otras exhortaciones nos dice: «Una cosa está clara: si la repetición del Ave María se dirige directamente a María, el acto de amor, con Ella y por Ella, se dirige a Jesús. La repetición favorece el deseo de una configuración cada vez más plena con Cristo, verdadero “programa” de la vida cristiana» (n. 26). «Enunciar el misterio, y tener tal vez la oportunidad de contemplar al mismo tiempo una imagen que lo represente, es como abrir un escenario en el cual concentrar la atención. Las palabras conducen la imaginación y el espíritu a aquel determinado episodio o momento de la vida de Cristo» (n. 29). «La escucha y la meditación se alimentan del silencio. Es conveniente que, después de enunciar el misterio, y proclamar la Palabra, esperemos unos momentos antes de iniciar la oración vocal, para fijar la atención sobre el misterio meditado» (n. 31). «Instrumento tradicional para rezarlo es el rosario (...) A este propósito, lo primero que debe tenerse presente es que el rosario está centrado en el Crucifijo, que abre y cierra el proceso mismo de la oración (...) En cuanto medio para contar, que marca el avanzar de la oración, el rosario evoca el camino incesante de la contemplación y de la perfección cristiana» (n. 36).

Pienso que el nuevo santo me acompaña a rezar mejor el Rosario como oración por la paz del mundo y la fe de las familias. Sí, el Rosario es un tesoro a recuperar que nos compromete a seguir las huellas de Cristo y a confiar en María. En el Juicio Final de la Capilla Sixtina, dos resucitados se agarran con fuerza a un rosario sostenido por ángeles y están llenos de esperanza en que gozarán para siempre, en la compañía de la Virgen María, del rostro de Nuestro Señor Jesucristo.

 

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Contacto: webmaster@arvo.net
Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
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07/08/2005 ir arriba
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