| Por Paco Sánchez
LLEGARON de pronto unos hombres en busca de los niños, los arrancaron de los brazos de sus madres y los degollaron uno a uno. No se sabe cuántos eran ni su edad exacta. Se conocen muy bien, sin embargo, los motivos de aquella matanza de inocentes: la egolatría de un tal Herodes, reyezuelo de segunda, sometido vergonzante de los romanos que, sin embargo, no quiso adorar al Niño.
Inocente es aquel que aún no ha conocido el mal, que no lo distingue y que, por lo tanto, es inmune a su capacidad de perversión. Por eso llamamos inocentes a los niños que no han llegado a la edad de la discreción. Pero hoy, sin Herodes, la mayoría pierden antes la inocencia o la vida, son maltratados, prostituidos, esclavizados en mil formas de trabajos, abandonados a la calle, al hambre, a la mendicidad y a la ignorancia, se les alista en ejércitos o en bandas de sicarios, ahogan su infancia en ciénagas de droga, alcohol y latrocinio, si es que les han dejado nacer. Más de dos tercios de los niños del mundo crecen así.
Herodes vivió temblando y fue condenado a reinar eternamente en un castillo de cartón piedra, bajo la mirada de desprecio de los ojos más limpios del universo. Los de nuestros pequeños.
"La Voz de Galicia" y "Arvo Net"
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