Por Paco Sánchez
EN MI BARRIO teníamos tiendas que cambiaban los tebeos y los libros. El precio del trueque oscilaba entre los dos reales y la peseta, además de que casi siempre conseguías libros o tebeos más gastados. Pero no importaba tanto eso como leer: poder tumbarse con una buena pila de tebeos y libros que devorar hasta la madrugada, esquivando todas las prohibiciones paternas. Había mundos enteros en aquellas historias. Y la lectura era un placer que permitía descubrirlos. Una reciente encuesta estadounidense, comentada esta semana por Andrew Solomon en el New York Times , dice que la lectura por placer es un valor a la baja en todos los estratos y en todas las edades de la sociedad norteamericana. En la nuestra seguro que también. Dice Solomon, más conocido por sus escritos sobre la depresión, que el descenso de la lectura y el aumento de la depresión y el alzheimer son fenómenos paralelos, al igual que el desinterés por la política y el incremento del consumo televisivo. La gente enciende la tele, dice, para apagar la mente. Lo peor no es esto, sino la sensación de hueco, de tiempo irrecuperable, baldío, que dejan las horas ante la pantalla. Como si subrayaran la soledad. Algo que nunca ocurre con un libro.
La Voz de Galicia y Arvo Net , domingo 18 de julio de 2004
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