| Por Paco Sánchez
A ESOS anuncios que ocupan la mayor y mejor parte de la plana de cualquier periódico y dejan sólo una esquina para las noticias, solemos llamarlos robapáginas, porque el anunciante se hace con la página sin pagarla entera. Los periodistas, entonces, componen como pueden el resto, las sobras. Son espacios muy difíciles de maquetar, porque apenas queda margen de maniobra. Cualquier información: queda sepultada si se enfrenta a un robapáginas. A veces también en la vida aparecen robapáginas. A nada que te despistas, lo fundamental, lo que más quieres, queda confinado a las esquinas del día, de la semana o del año. Apenas le dedicas unos restos, como rebabas, que no tienen la calidad de los tiempos que gastas en lo que, al fin y al cabo, consideras accesorio. Terminas por componer una página muy distinta de la que desearías vivir.
Se me ocurrió al ver en mi móvil, por casualidad, la duración total de las llamadas hechas y recibidas este año. Son muchas horas que suman bastantes días. No diré cuantos. Pero sí, porque lo sé, que buena parte de esos días me fueron robados por asuntos alejados de mi interés. Hay un ladrón en mi bolsillo. Quizá haya también uno en su televisor o en su trabajo. ¿Nos atreveremos a echarlo?
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En «La Voz de Galicia» y «Arvo Net», domingo 14 de septiembre de 2003
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