Por Paco Sánchez
LE PREGUNTARON el jueves a Jon Sistiaga por otro periodista, reportero de guerra también, y conocido casi tanto por sus trabajos como por las ínfulas que se da. Contestó Sistiaga con el humor que le caracteriza: «Es, probablemente, el mejor periodista de su generación. Y no es que lo diga yo. Lo dice él».
En contra de lo que pueda parecer, la vanidad es un defecto masculino. Los hombres no sólo somos más vanidosos, sino que lo disimulamos peor, con menos gracia. El pavoneo del varón siempre se muestra demasiado ostentoso y ridículo, da grima y vergüenza ajena, resulta insoportable y redicho. En las mujeres a veces también, pero no tanto, no en tantas.
Quizá exagero. Propondré una prueba que, ciertamente, tiene algunas excepciones. También es verdad que buena parte de los varones son capaces de reconocer los defectos más horrendos, e incluso que son tontos, antes que admitir que conducen mal, algo reservado -no sin alguna justicia- para las mujeres. Pues bien, prueben a encontrar un coche con la famosa «L» verde en la trasera, el indicativo de que su conductor es un novato: en el noventa por ciento de los casos habrá una mujer al volante. Los varones nacemos aprendidos. Quizá por eso, tampoco yo la usé.
Publicado en La Voz de Galicia y Arvo Net, domingo 20 de julio de 2003
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