| Por Paco Sánchez
LLAMAN único a todo pensamiento que difiera del suyo y se quejan de que los demás lo imponen, mientras ellos se instalan en lo políticamente correcto, convertido en nueva moral desde la que lanzar anatemas más o menos laicos. Invocan la pluralidad o el pluralismo para imponerse al contrario, de quien nunca procede nada razonable. Dicen mucho, por cierto, la palabra «razonable», quizá por si alguien sospecha o duda. Gastan más en coreografías que en letra y música, por eso a veces parecen parodias de sus parodiadores. Se aferran a cuatro ideas básicas -acaso confusamente románticas o simplemente inconfesables- y, porque desfilan tras un líder, se creen personas firmes y seguras, de criterio. Pero oscilan como pabilos de vela en una corriente de encuestas de opinión: se agrandan y se achican, se retuercen y giran a un lado y al otro en un intento inútil por plegarse al nuevo aire que entra. Hasta que, por fin, terminan apagándose dejando atrás un rabo negro de ceniza. Eso sí, dirán orgullosos, será un rabo de ceniza, pero de derechas o de izquierdas o nacionalista. Como si te importara. No sé si este juego está agotado o si la razón se marchita en cuanto el corazón pierde las ganas de querer y de servir.
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La Voz de Galicia y Arvo Net, domingo, 18 de enero de 2004
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