Por Paco Sánchez
SOMOS hijos del amor y del azar, de un hombre y de una mujer que nos quisieron sin saber cuándo íbamos a nacer ni cómo, si saldríamos guapos o feos, listos o tontos, rubios o morenos, altos o bajos, sanos o enfermos. Y nos quisieron igual. Nos concibieron. Y en esa mezcla de amor y azar se funda nuestra libertad: somos como somos con independencia de nosotros mismos y, sobre todo, con independencia de los demás (Angela Aparisi). Por eso tenemos igual dignidad. Nadie nos ha producido, sólo nos han concebido. Si fuéramos un producto, dependeríamos de como otros nos hubieran diseñado y podríamos reclamar: quizá los diseñadores no tenían dinero para permitirse un modelo mejor, quizá no deseábamos tanta perfección, quizá hubiéramos preferido vivir antes o después, o seremos todos como Barbie y su novio, qué horror aburrido, hasta morir de envidia cuando la moda cambie. O quizá nos produzcan para una clase B, porque si todos son clase A, entonces quién hace algunas cosas, y por tanto los de clase B serán tratados como productos de inferior calidad y... Estoy empezando a agobiarme. Jugar a dioses tiene estas consecuencias impensadas. Prefiero el amor y el azar. Prefiero ser concebido y no producido.
"La Voz de Galicia" y "Arvo Net", domingo 30 de mayo 2004. Ver en este mismo Sitio:
"Engendrado, no hecho" , de Robert Spaemann
|