| Por Paco Sánchez
Lo malo del tiempo es que se gasta aunque no quieras. Ocurre como ahora con el dinero: circula o se deprecia. Pero el tiempo más: arde tanto si quieres gastarlo como si no. Desaparece. Se va. A unos les duele el tiempo porque se lleva sus fuerzas y su juventud. A otros, porque para ellos, pobres, el tiempo es oro y todo el que emplean en cosas no crematísticas lo pasan a pérdidas. Para los tristes es demasiado largo. A los alegres, siempre les queda corto. Los aburridos y los sin ideales no encuentran qué comprar con él. Los críos lo desprecian. Los viejos lo rebobinan avariciosamente. Y los tontos lo matan. En vacaciones el tiempo parece un animal doméstico, tranquilo y apacible, dominado, a nuestra disposición. Pero sólo señorea el tiempo quién sabe para qué y por quién lo empeña. Y el que no, se consume en la ansiedad o en el frivoleo. Deambula por una vida de espuma, confundiendo esputos con perlas (Auster), si brillan lo bastante. No es tan fácil. Por eso me abrumó el destello de aquellos ojos, la alegría auténtica del terrorista musulmán, feliz porque le habían condenado a muerte y a una eternidad con huríes. A saber lo que enseñamos sobre el fin a nuestros niños. No vaya a ser algo con huríes. O nada.
--------------------------------------------------- En «La Voz de Galicia» y «Arvo Net», domingo 17.08.3002
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