| Por Paco Sánchez
ESCRIBE un lector para sugerirme el tema de la columna. Dice que está un poco harto de que, en esta especie de rendición final y casi universal a las bondades de Juan Pablo II y de su pontificado, se reclame, sin embargo, a sus colaboradores «pudor» para que dejen de mostrar al mundo la debilidad física, la enfermedad del Papa. «¿Pudor?», dice mi corresponsal, «¿precisamente, pudor? ¿No era esa una virtud franquista?» Y se extiende en la enumeración de programas de televisión, espectáculos callejeros o a cubierto, modas y modos que se ajustan mejor -o mejor se desajustan- a la acepción de la palabra: «Honestidad, modestia, recato», según el diccionario de la Real Academia.
A base de llamar mojigatería al recato y puritanismo a la modestia, podemos cargarnos esa virtud, tan hermosa como inteligente, que guarda las llaves de la intimidad, de la persona. La virtud que impide que nos cosifiquen, que un otro cualquiera pueda ver o saber lo que no le corresponde, lo que reservamos para alguien especial. Decía el filósofo Pieper que la superioridad del hombre sobre el león se manifiesta, por ejemplo, en que es capaz de admirar la belleza de una gacela, mientras al león sólo le cabe en la cabeza si es cazable y si está buena.
"La Voz de Galicia" y "Arvo Net", domingo, 19.10.03
Puede verse en este portal: El Pudor, defensa necesaria de la dignidad personal , por Antonio Orozco
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