Por Paco Sánchez
ESTOY por pedir a cierta panda -especialmente a los más canosos de ella- que, aunque seamos mayoritarios, nos traten como si no pasáramos de una minoría exótica. Es decir, que nos dejen en paz. Ni siquiera hace falta que defiendan nuestros derechos. Basta con que reconozcan tres o cuatro datos evidentes. Esto es, tres o cuatro verdades que no necesitan demostración.
Por ejemplo, que nadie les obliga, ni a ellos ni a sus hijos, a estudiar religión católica en las escuelas. Ni se les obligaba hasta ahora ni se les obligará a partir de ahora. Y que dejen a nuestro juicio -al juicio de los que sí queremos- las pegas que haya que poner al asunto. Total, a ellos no les va nada, puesto que nadie les fuerza. ¿O se trata del cerril anticlericalismo intolerante del pasado?
También convendría que admitieran otra evidencia: el desarrollo social y moral de Europa tuvo su motor principal en el cristianismo, incluido el fenómeno de la ilustración. Por algo la casi totalidad de los países que respetan los derechos humanos y se rigen por principios democráticos pertenecen a culturas cristianas. Reconocerlo en la constitución europea no atenta contra nada. Quitarlo supone negar el presente y, quizá, el futuro.
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