| Paco Sánchez
BAJÉ ayer a la farmacia para preguntar si conocían algún remedio para una pequeña molestia: desde hace unas semanas, a la piel de mi frente le ha dado por resecarse con un levísimo picor añadido. Me dijo la farmacéutica que no era nada, que bastaba con que me aplicase la misma crema hidratante que use mi mujer. Debí de poner alguna cara, porque preguntó con extrañeza: «¿Su mujer no usa crema hidratante?». Soy consciente de que podría haber sido más explícito en la respuesta, pero me limité a proferir un «no» escueto y rápido. Entonces sí, la cara de la farmacéutica pasó de la extrañeza o la perplejidad incipiente al escándalo definitivo. Como si le hubiera contado un impúdico asunto de familia, la pobre no sabía muy bien por dónde seguir. Me pareció cruel dejarla así y añadí aún otra palabra huérfana: «Soltero». Creo que dije sólo eso. Pareció aliviada y algo abochornada a la vez, pero ya le había facilitado una excusa para darme la espalda y volverse hacia las estanterías en busca de un surtido de cremas. Dijo riéndose: «A veces me hacen cada cosa...» Supuse que la culpa era mía, por tener cara de casado o por no serlo o por ambas cosas a la vez. Pero en realidad, se reía de sí misma. Inteligente y saludable salida. La Voz de Galicia y Arvo.Net, domingo 25.I.2004
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