| Por Jorge Collar
Resulta difícil, al abordar Harry Potter and the Philosopher"s Stone , no dejarse impresionar por las cifras. ¿Cómo ignorar los 123 millones de ejemplares vendidos -47 lenguas y doscientos países- de los cuatro tomos hasta ahora publicados, que han hecho de Joanne Kathleen Rowling , a sus 34 años, la tercera fortuna de Gran Bretaña? Ahora, EEUU la ha consagrado en los primeros diez días de proyecciones, con 188 millones de dólares de recaudación -lo que podría ser uno de los mayores éxitos de todos los tiempos-; y sólo con ese dato un negocio redondo, pues la película ha costado 125 millones. Europa ha dispensado también una gran acogida a la película. Algo que ya se preveía: en Francia se han vendido siete millones de ejemplares de libros y en Gran Bretaña ya se habían reservado dos millones de entradas antes del estreno.
Los ensayos se multiplican sobre el personaje y su impacto. Existe un fenómeno mediático, pero no parece que quepa tildarlo de pasajero dado su arraigo. No hay que olvidar que el primer libro se editó de forma discreta. El éxito no fue fruto de una gran operación de márketing, aunque esta haya existido en las obras sucesivas.
Todos estos datos son significativos, pero imponen una restricción al hablar de la película: limitarse a lo que se ve en la pantalla sin tratar del personaje en general. Así, por ejemplo, hay sectores que consideran el cuarto tomo como especialmente dramático y, en consecuencia, discutible para un público infantil. Estas reservas no afectan a la película de Chris Columbus , pues se limita a la primera historia.
Un niño de once años, Harry Potter ( Daniel Radcliffe ), huérfano y con un destino lleno de promesas ha sido recogido por sus tíos, la odiosa familia Dursley, que no pierde ocasión de humillarle. Su habitación parece una siniestra alacena situada bajo una escalera y debe soportar los ataques de su primo, el estúpido Dudley, a quien sus padres adoran. Todo cambia el día en que una carta traída por un búho llega a la casa de los Dursley. Su tío destruye la misiva, pero pronto miles de cartas llueven sobre la casa. Al final, será el gigante Hangrid quien vendrá decidido a conducir Harry a una escuela... de brujos. Comienza una nueva vida para el muchacho. Harry se hace amigo de Ron ( Rupert Grin ) y de Hermiona ( Emma Watson ), aprendices de brujo como él, que pronto deberán afrontar la rivalidad de clanes dentro de este Oxford de la brujería, pero, sobre todo, se verán obligados a aclarar un misterio en relación con la piedra filosofal. Harry descubre que sus padres han sido víctimas de un mago terriblemente peligroso, Voldemort, que, sin aparecer directamente en la historia, será su enemigo declarado, en su lucha contra el mal.
Aquí resulta preciso aludir a las reservas que los libros despiertan en algunos sectores. Hacer de un niño, además de protagonista de un cuento, un brujo, no parece demasiado corriente, pues brujos y brujas han sido siempre personajes marginales en los cuentos, y han representado las fuerzas negativas. El mundo de Harry Potter ignora, por otra parte, la religión, aunque defienda una serie de valores positivos, como la amistad, la lealtad, la sinceridad y la justicia. Harry encarna todas estas virtudes, pero sin ninguna referencia trascendente.
LOS MOTIVOS DEL ÉXITO
Regresamos. El primer episodio es de una fidelidad total al libro, en la medida de sus dos horas y media de proyección.
El director ha cuidado especialmente el reparto y ha sabido elegir los actores que correspondían a los personajes de la novela. El de Harry Potter ha contado además con la aprobación de la escritora. El éxito de la película lo justifican varias razones. La primera, la fidelidad a la que antes hacíamos alusión: el lector encontrará la reproducción de los personajes del libro en la pantalla. La segunda viene del perfecto uso de los medios técnicos: pocas veces las imágenes de síntesis se habrán utilizado de forma tan inteligente para crear el clima fantástico del cuento y para contribuir a la eficacia de los efectos humorísticos.
Aunque Columbus había prometido a Jo Rowling respetar el carácter "sombrío" de la historia, el filme se decanta hacia la comedia. Los tíos de Harry se mueven en el terreno de la pura caricatura y los episodios más dramáticos, como la lucha por la posesión de la piedra filosofal, se narran en un registro aceptable para los niños. Sobre otras críticas que pueden hacerse al mundo de Harry Potter, la respuesta parece simple: los poderes mágicos de Harry están siempre al servicio del bien y en la película se muestran desde el ángulo de la comedia. Es cierto que la religión está ausente, pero esta ausencia se encuentra en la mayoría de los grandes cuentos infantiles, sin que nadie se haya ofuscado hasta el momento.
Todo esto no exime a padres y a educadores de hacer su trabajo, y este consiste, ante una obra que es y será muy leída, en establecer la distinción entre los valores religiosos de carácter sobrenatural y las creaciones de la imaginación. Sobre la ejemplaridad del personaje bastará indicar que los valores humanos de Harry se inspiran en una sana moral, aunque esta no muestre sus fundamentos religiosos.
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De la revista Nuestro Tiempo, Nº 571-572. Enero-febrero 2002. (Págs. 92-93).
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