Por Gustavo de Prado
Arvo Net, 27.06.2007.
Dirección: Marc Foster.
Intérpretes: Will Ferrell, Emma Thompson, Dustin Hoffman.
Duración: 113 m.
Género: Comedia.
Harold Crick, inspector de Hacienda, vive su vida con rutina precisa. Hasta que comienza a oír en su cabeza una voz femenina que va narrando todo lo que él hace. Tras descubrir que es un personaje de novela y que la escritora lo va a matar, tratará de ponerse en contacto con ella.
En los últimos años ha sido muy frecuente un tipo de cine que casi se podría considerar como un nuevo género: gente que no está viviendo la realidad, gente que vive en un mundo imaginario, virtual, manipulado y, de pronto, descubre la verdad. “Matrix”, “Nivel 13”, “El show de Truman”, “La isla”, “Olvídate de mí”…
Charlie Kaufman se ha ido convirtiendo con el tiempo en el especialista del género. Se introduce en el cerebro de la gente, en sus imaginaciones, recuerdos, sueños, pasiones y deambula por allí en una mezcla de surrealismo y sorpresa. Kaufman tiene fuerza visual pero también un cínico nihilismo desasosegante. Para él todas las mentes están enfermas, son laberintos, cruces esquizoides; los cerebros son una maravilla, pero una maravilla fruto del azar; sorprenden pero desembocan en el caos.
“Más extraño que la ficción” utiliza los elementos de Kaufman pero los pone del revés. Harold Crick, el protagonista de la película, es un tipo bastante cenizo, que vive para ir al trabajo y regirse por una serie de estúpidas normas que se ha impuesto a sí mismo. Además, todas esas reglas, responden simplemente a números, algo con lo que está obsesionado.
Cuando descubre que es un personaje de novela pretende seguir haciendo las mismas cosas. Está esa voz femenina molestándole, claro, pero trata de obviarla. Sin embargo, Harold Crick descubrirá que la escritora pretende matarle. Todavía no lo ha matado porque está en un momento de bloqueo creativo y espera descubrir el modo adecuado de hacerlo.
A partir de este momento todo empieza a evolucionar. No sólo el personaje de Harold, porque cuando alguien cambia, cambia el entorno. Y es una evolución, no para descubrir las quiebras de una mente enferma sino para buscar la lógica de lo que parece inconcebible: la muerte.
Hay que reconocerle a la película la sabiduría para emplear elementos apropiados a lo que quiere contar sin ser repetitiva, sin utilizar esquemas de películas anteriores. Harold Crick se pondrá en contacto primero con una psiquiatra que, por supuesto, no le cree. Después hablará con un profesor de literatura, un peculiar Dustin Hoffman que, además de creerle, trata de averiguar quién es la escritora que está inventado a Harold.
Harold descubre una amistad. Descubre que esa chica a la que inspecciona podría ser su amor. Harold, tratando de encontrar un sentido a su muerte, empieza por descubrirle un sentido a la vida.
Aunque el tono de la película esté tratado en clave de comedia (o quizá precisamente gracias a eso) trata de hallar una lógica, una racionalidad, un motivo sólido a un fenómeno tan cotidiano como el de la muerte. Es el polo opuesto al cine de Kaufman, viajamos del caos al orden, del autismo al conocimiento de uno mismo.
Y va un paso más allá. Entre el protagonista del libro y la novelista es fácil tender un puente para hablar de la relación de la criatura con el creador, de la persona como ser irrepetible, de la aceptación voluntaria de la muerte (aunque ahora me pilla fatal), de la acción de gracias por las pequeñas cosas recibidas en la vida…
Will Ferrell hace probablemente el mejor papel de su carrera. Es un cómico nato que estremece en un momento como el de la parada de autobús, cuando descubre que va a morir y comienza a gritar ante el asombro del resto de pasajeros. Buenas escenas también en las que conversa con Dustin Hoffman. Pero la que destaca es una Emma Thompson pletórica. Ella es la escritora, la creadora en bloqueo creativo. Eso es interpretar, dar forma a un personaje, inventarle gestos, tics, reacciones.
Película muy asequible por su aire de comedia pero con cierta profundidad por el tema que trata. Entretenida pero con alguna que otra idea sugerente. Y técnicamente lograda: Marc Foster sigue haciendo alarde de agilidad y dinamismo con su especial capacidad para la planificación.






