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ENTRETENIDAS (Gustavo de Prado)

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LAS CRÓNICAS DE NARNIA

 


LAS CRÓNICAS DE NARNIA




Una película a ratos épica, a ratos divertida, a ratos terrorífica, a ratos emotiva pero siempre enormemente lírica y fastuosa... Con muchos elementos que contribuyen a ese equilibrio entre lo infantil y lo adulto

LAS CRÓNICAS DE NARNIA: EL LEÓN, LA BRUJA Y EL ARMARIO

Por Gustavo de Prado

Arvo Net, 26.12.2005

 

Dirección: Andrew Adamson.

Intérpretes: Georgie Henley, Skandar Keynes, William Moseley, Anna Popplewel, Tilda Swinton, Jim Broadbent.

Duración: 140 m.

Género: Fantasía.

Valoración: Mayores de 7 años.

 

Los 4 hermanos Pevensie son enviados al campo, lejos de los bombardeos que asolan Londres. Allí, en la casa que les acoge, Lucy, la más pequeña, encontrará un armario que conduce a otro mundo.

 

La edición literaria española constituye una aventura que, por sí misma, daría para escribir un libro: las primeras ediciones en Alfaguara, el secuestro editorial por parte del Grupo Prisa y la reciente adquisición de los derechos por Destino. Lo primero que hay que reseñar de la versión cinematográfica es que se trata de una de las mejores adaptaciones al cine que se haya hecho de una obra literaria. El director emplea 140 minutos para que nada se le escape. El resultado es un rotundo éxito. Y no era tarea fácil porque el libro de C. S. Lewis (profesor de literatura inglesa, ateo convertido al anglicanismo) se construía como una alegoría de fondo teológico y forma deliberadamente infantil. Allí, Jesucristo, era, ni más ni menos, que un león llamado Aslan.

 

Adamson (director de Shrek) no sólo se muestra escrupulosamente fiel al texto sino que, como parece que el reto se le queda corto, se esfuerza por ofrecer un espectáculo grandioso. Adamson tiene muy claro que está tratando con un cuento infantil y al ofrecer monstruos y batallas procura no salirse de este esquema. Pero tampoco se aleja del material alegórico sobre la Redención en su sentido cristiano y eso implica una pasión y una muerte (y una resurrección) traumáticas.

 

La forma de narrar la muerte de Aslan es paradigmática tanto estilísticamente como en su fondo: el sufrimiento y muerte del león son tan siniestros como lo pueden ser las pesadillas de un niño, pero sin la violenta gratuidad que podría imaginar un adulto. Los monstruos son los monstruos de los sueños de los niños, terroríficos y reales gracias a los efectos de Weta Workshop. Lo importante es que Aslan sufre de verdad y muere de verdad; y los monstruos que le matan son monstruos de verdad.

 

Algo similar ocurre con Edmund. La película se atreve a mostrar lo que todos los niños saben por experiencia: que no todos los niños son buenos, que ellos mismos a veces no son buenos. Edmund es egoísta, malicioso y capaz de traicionar. Pero no es una caricatura, es puro conocimiento de la vida. Es real en la misma medida en que lo son los monstruos, la muerte y el Mal.

 

La elección de un rostro tan particularmente andrógino como el de Tilda Swinton es perfecto para encarnar a Jadis, la Bruja Blanca, absolutamente eficaz para transmitir atracción y maldad a partes iguales. No es una bruja fea con una verruga en la nariz. Es el demonio en su oficio de tentador. Sin duda, resulta una bruja extraordinariamente convincente por la ambigüedad con que se insinua y la evidencia posterior de sus actos.

 

Es muy interesante el modo de mantener el misterio. El misterio de lo sagrado. Hay un armario selectivo, un mundo siempre en invierno, unas motivaciones no del todo aclaradas. Sabemos que está en juego una lucha entre el Bien y el Mal donde la Naturaleza entera toma partido. La película avanza manteniendo ese misterio, pero hasta que Aslan no opta por su decisión redentora no sabemos del todo cuáles son las reglas del juego. Peter Pevensie cree que la misión es otra hasta que su destino queda desvelado y entonces nos permite creer, con él, que efectivamente está llamado a ser rey. Y aún así no logramos aprehenderlo del todo: ¿por qué él? ¿por qué esa elección? ¿por qué quiere Aslan que sea su instrumento? Lo que Jadis más desprecia: sólo por amor.

 

Desde luego, las batallas no se pueden comparar en su dramatismo con las de El Señor de los Anillos pues van dirigidas a niños. Pero se compensa con la imaginación vertida en crear espectáculo. Y espectaculares son también otras escenas como el castillo de la Bruja Blanca o la ruptura de la cascada de hielo.

 

Lo loable de esta película es su magnífico equilibrio para no deslizarse ni al lado cursi ni al horror puro, su capacidad para fabular a niños sorprendiendo a los adutos. Al igual que en la obra literaria, podemos percibir el cuento de un modo liso y llano, o podemos adentrarnos en su segunda lectura. Prueba de ello es la enorme cantidad de frases y acciones que cobran sentido al revisarlas por segunda vez: la guerra, la charla con Tumnus, las impresiones de Lucy al volver por primera vez de Narnia…

 

Hay muchos otros elementos que contribuyen a ese equilibrio entre lo infantil y lo adulto: el diseño colorista del vestuario; los escenarios que contrastan el invierno y la primavera; la peculiar banda sonora, siempre adecuada y con curiosidades tan notables como esa especie de charleston durante el juego del escondite…

 

Una película a ratos épica, a ratos divertida, a ratos terrorífica, a ratos emotiva pero siempre enormemente lírica y fastuosa. El león, la bruja y el armario es un pequeño lujo, de esos que te hacen apreciar el cine desde que eres pequeño por su capacidad para transmitir ideas, belleza y emociones.

 

Y, ya puestos a sacarle punta, estos niños van contracorriente: entran en el armario en vez de salir de él.

 

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Arvo Net, 25/12/2005

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Enviado por Arvo Net - 25/12/2005 ir arriba
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