La opinión de Eduardo Segura
"El estreno de la película El Señor de los Anillos quedará en cifras de récords de taquilla y en simple parafernalia hollywoodiense, a menos que volvamos a leer a J.R.R. Tolkien con ojos nuevos". Es la opinión de Eduardo Segura, que defendió en la Universidad de Navarra su tesis doctoral sobre el "Análisis narratológico de El Señor de los Anillos. Introducción a la poética de J.R.R. Tolkien".
"El "mundo secundario" creado por el estudioso de las lenguas de Oxford no es una válvula de escape a la realidad, especialmente dura en estos tiempos, sino un camino para reencontrar esa realidad transfigurada. Porque mirado con los ojos de un niño, el mundo y su historia no son sino un cuento de hadas hecho realidad: una visión que coincide a mi modo de ver con la que presenta Steven Spielberg en la película Inteligencia artificial", destacó.
El nuevo doctor explicó que "desde Hobbiton a Hollywood, la recepción de la mitología tolkieniana por parte de la crítica se ha polarizado en dos posturas aparentemente irreconciliables: algunos le consideran un genio, mientras que para otros es un insoportable escapista. ¿Es posible encontrar una tercera vía?".
Eduardo Segura intentó demostrar científicamente la calidad de la obra literaria del autor, y aseguró que "el revuelo que se está produciendo alrededor del estreno de La Comunidad del Anillo, inspirada en la obra de Tolkien, invita a considerar en profundidad la producción literaria de aquel profesor, escritor y erudito".
A su entender, "el tratamiento de los grandes temas humanos desde la óptica de Tolkien -la muerte, el poder, el amor, la lealtad o la lucha más allá de toda esperanza- ha convertido a la Tierra Media en escenario de enconadas batallas entre sus detractores y aquellos que defienden que, más allá de los gustos, el autor de El Señor de los Anillos es un gran escritor". En este sentido, añadió que "parece más una cuestión de convicciones y prejuicios que de honradez intelectual. A menudo vemos a críticos tratando de mostrar, no la calidad literaria de la Tierra Media, sino lo inaceptable que es la postura "conservadora" y "reaccionaria" de este escritor, su visión de la vida y el mundo".
Tolkien dominaba 17 idiomas
"Aquel profesor católico de Oxford, que dominaba diecisiete idiomas, estudioso de las raíces del lenguaje, buen padre de familia, amigo de sus amigos, que disfrutaba de la buena compañía, unas cervezas y una buena pipa, ha obligado a muchos críticos a un esfuerzo clasificatorio: ¿dónde colocar a tan raro espécimen?", se preguntó Eduardo Segura.
A su juicio, "resulta evidente que la creación de una mitología en pleno siglo XX es un hecho único y llamativo. Pero más lo es la ceguera y el prejuicio con que muchos rechazan la obra de Tolkien". "Para muchos -continuó- se autodescalifica simplemente porque escribe sobre monstruos y dragones, criaturas poco "serias"".
Eduardo Segura recordó que el escritor desarrolló su labor docente en Leeds y Oxford. "Desde 1914 hasta su muerte, en 1973, trabajó incansablemente en una tarea titánica: la creación de lo que él llamaba una mitología para Inglaterra". El primer paso en ese proceso de creación artística lo constituyó la invención de diversos idiomas: "A partir del finés y el galés, sus dos lenguas preferidas, elaboró el quenya y el sindarin, las lenguas élficas. Poco a poco, la vida de elfos, hombres, enanos, trolls, hobbits, orcos y ents, creó la narración".
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