| Es necesaria una idea cristiana del hombre. Por un lado, ayuda a los creyentes a situarse vital e intelectualmente. Por otro, es una forma particularmente atractiva de presentar el mensaje cristiano. El cristianismo es una forma de vida, y su verdad brilla de manera especial al mostrar la idea del hombre que lleva implícita. Es una de las mayores aportaciones culturales que conserva la humanidad y fundamenta, en mucha parte, las estructuras intelectuales, jurídicas y sociales de occidente. Quizá no somos suficientemente conscientes del enorme beneficio que supone en la historia de la cultura.
Este libro quiere ayudar a presentar esa idea de un modo sintético y, en lo posible, accesible a quienes no son especialistas. Se compone de tres breves ensayos articulados. El primero, que se divide en dos capítulos, plantea la pregunta más general ¿Qué es el hombre? e intenta dar una respuesta rápida y resumida. En primer lugar recorre lo que podemos decir desde las ciencias naturales y la filosofía (Capítulo 1); después, lo que sabemos por la fe cristiana (Capítulo 2).
El Capítulo 3 está dedicado a analizar las distintas cosmovisiones que están presentes en el mundo occidental. Es una comparación muy útil para obtener cierta panorámica de los grandes temas y permite mostrar que la concepción cristiana fundamenta el universo personal, un universo donde las personas tienen importancia, la máxima importancia.
El último ensayo (Capítulo 4) aborda el sentido de la libertad humana en el contexto de la recuperación de espacios de libertad que se ha producido con la desaparición intelectual y política del marxismo. Valorando brevemente las aportaciones políticas y sociales de la tradición liberal, y sus límites, es oportuno recordar también los rasgos propios de la idea cristiana de libertad.
Los tres ensayos están planteados en términos comparativos. Pero no intentan oponer unos modos de ver a otros. La fe cristiana cree poder integrar lo que hay de válido en todos, sin sustituir ni invadir competencias ajenas. Su luz brilla mejor en el contraste, porque allí se enriquece y toma conciencia de su aportación, al mismo tiempo que ofrece un criterio de juicio. Esta labor de respetuosa comparación y contraste es la más específica de la teología, que, por ser una fe que quiere entender (Fides quaerens intellectum), se inspira en sus fuentes y se desarrolla en el diálogo con todos los saberes que ilustran el conocimiento humano.
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