|
¿Qué pasa? Vivimos quizá el peor tiempo de la crisis, porque la posmodernidad es hasta cierto punto la exhacerbación de la “crisis”. Esta situación está descrita con claridad magistral en el último libro de José Luis Comellas, titulado El último cambio de siglo, publicado por la editorial Ariel. En la era de los “bárbaros especialistas”, sólo quien posea como este autor una visión de conjunto de la Física, de la Filosofía, de la Música, de la Genética, del Derecho, de la Literatura y por supuesto de la Historia puede exponer las claves de lo que está pasando. Claro que para eso hay que dominar cada una de esas disciplinas, ser un humanista universal como Comellas.
Y... ¿Qué es lo que tiene que pasar para que alguna vez pase algo? Pues, en primer lugar, detectar la crisis. Porque la característica de esta crisis es que anestesia el entendimiento, al proponer un tratamiento escéptico de las ideas. A diferencia de los totalitarismos que destruyeron las ideas en favor de la acción, hoy lo que se ha impuesto es lo políticamente correcto, lo que se lleva es la actitud indiferente del ¿quid est veritas? de Poncio Pilato, que a la vez que pregunta no quiere encontrar la respuesta. Esta es la gran aportación del libro de Comellas, porque a las pocas páginas el autor ya ha desenmascarado la realidad cultural que atenaza las almas. En el último cambio de siglo, en el tránsito del siglo XIX al XX, es donde están las raíces que nutren la crisis actual. Por eso este libro es de obligada lectura, si no se quiere seguir instalado en la crisis.
Pero hay más: existe una obligación moral de salir de esta crisis, porque los afectados por la misma se convierten a la vez en víctimas y verdugos. La crisis propone la indulgencia y la indiferencia moral. No se quiere buscar la verdad y se paraliza la voluntad para no encontrar el bien, porque las circunstancias todo lo disculpan. Los redactores del nuevo código de comportamiento escriben inspirados en sus propias vidas. Asistimos al triunfo de la incoherencia. Salió por fin la palabra clave: ¡Incoherencia!...
Javier Paredes
|