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EL VALOR DEL TRABAJO (Rafael Alvira)

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LA CASA Y LA TAREA

Una institución empresarial en la que sus miembros no puedan encontrarse en cierto modo como en casa es una mala institución, es inhumana, y, por ello, acabará fracasando con seguridad, a medio o largo plazo.

Empresa y sociedad civil

 

Por Rafael Alvira *

 

Dos son las dimensiones en las que vivimos: la casa y la tarea. Una vez alcanzada la mayoría de edad sabemos que debemos procurarnos un hogar y una tarea. Es perfectamente posible que el hogar sea tarea (que se trabaje en el hogar), como les sucede a tantas amas de casa y profesionales del servicio doméstico. Es menos factible que la tarea sea hogar, pero se dan casos; sobre todo en los tiempos recientes no han sido infrecuentes los casos de personas sin hogar familiar que han convertido su trabajo profesional en una especie de hogar espi­ritual. Sin embargo, consideramos hoy sumamente extraño que alguien tenga materialmente por casa su lugar de trabajo. Sin duda sucede (médicos, odontólogos, juristas, asesores, etc.), pero entonces se procura distinguir y separar bien las zonas de la casa dedicadas al desempeño profesional y las que son refugio particular, hogar.

 

Todo esto nos muestra la peculiaridad de la economía moderna ‑no era así tradicionalmente‑, en la que dedicación al trabajo "pro­ductivo" y vida familiar están muy desacoplados. Esto presenta, sin duda, posibles dificultades para la familia: la lejanía, la separación física, la dispersión de intereses, puede amenazar la vida familiar. Con todo, si se saben administrar bien los tiempos y los intereses, esas cir­cunstancias pueden ser benéficas: permiten diversificar y aumentar ingresos, facilitan un cambio y apertura en el ambiente de vida que aligeran el peso de una continuidad y fijación excesivas, propician riqueza de conversación al moverse los miembros de la familia en medios distintos, etc.

 

Por tanto, así como la economía no necesita ser materialmente familiar, pero toda economía correcta ha de tener referencia formal a la familia, la casa y la tarea no tienen porqué estar materialmente unidas, pero han de referirse formalmente la una a la otra, si no que­remos destruir la vida de las personas y de la sociedad en su conjun­to.

 

La tarea productiva ha de llevarse a cabo con un cierto espíritu familiar, y la vida familiar ha de comprenderse como una cierta empresa, pero no empresa en sentido institucional, sino como un "emprender':

 

Una institución empresarial en la que sus miembros no puedan encontrarse en cierto modo como en casa es una mala institución, es inhumana, y, por ello, acabará fracasando con seguridad, a medio o largo plazo. El ser humano sólo trabaja bien en lo que ama, y el amor es el constituyente del hogar.

 

Pero, de otro lado, un hogar en el que no se emprende algo inte­resante en común está condenado también al fracaso. La duración y la solidez de un hogar dependen del valor objetivo y del interés sub­jetivo de aquello que sus miembros persiguen en común. Si lo que persiguen es divertirse, se mantendrá mientras lo logren; si es buscar dinero, sucederá lo mismo; e igual si se busca posición social o tran­quilidad hogareña; etc. La grandeza del emprender familiar viene medida por la grandeza objetiva y subjetiva de los fines ‑como queda dicho‑, pero lo relevante aquí es que todo amor verdadero emprende en común. Desde este punto de vista, una buena casa es un lugar de paz, pero no de puro descanso, sino más bien de grandes empeños humanos.

 

Desconocer estas ideas simples ha llevado no pocas veces a orga­nizar instituciones empresariales que aún suponiendo que tengan buenos fines ‑lo que no siempre sucede‑ rinden muy por debajo de sus posibilidades, porque sin felicidad personal no hay rendimiento humano adecuado. Y ha llevado, de otro lado, a muchas familias al fracaso, a la ruptura y, al final, igualmente ala infelicidad.

 

Estas consideraciones sirven para encuadrar el tema. Efectivamente, no hay sociedad civil posible si la institución familiar no está sólidamente constituida. Es en ella donde el ser humano aprende lo que es un hogar y lo que es emprender. Merecería un tra­bajo de investigación el análisis conceptual y empírico de esta tesis. La falta de ánimo empresarial en muchas personas ‑sobre todo, en muchos jóvenes, cuya edad y psicología les debería empujar a lo con­trario‑, o el miedo con que muchos empresarios manejan su empre­sa ‑otro tema que merecería un estudio‑ provienen a veces del carác­ter, otras de las circunstancias, pero probablemente, en lo fundamental, de la educación familiar recibida. Ese miedo es el que

 

les impide actuar con confianza: desconfían. Y así es imposible que las personas se sientan como en su casa.

 

Las dos fórmulas más características de interpretar la democracia actual son la liberal y la socialista. Me parece que ambas tienen inten­ciones de favorecer la libertad y la igualdad, aunque entienden de diferentes maneras el modo de realizarlas. Pero también ambas tienen un riesgo común, y es el de no tomar suficientemente en cuenta la libertad para construir la sociedad, pues se fijan más bien en la pri­mera o la segunda parte de la fórmula. Y, sin embargo, es el ejercicio de esa libertad cuyas acciones se encaminan al bien común lo que constituye la dignidad del hombre. Sólo sobre esa fórmula se puede construir una verdadera sociedad civil.

 

Sin ella no puede florecer una buena economía, a no ser más que a corto plazo y malamente, ni un derecho fiable, ni una política con­fiable.

La conexión entre empresa y sociedad civil es, por tanto, algo más que un enlace meramente externo. Se trata de que no hay verdadera empresa sin sociedad civil y viceversa. La verdad de esta aserción se puede observar en múltiples detalles, de filosofía, de organización y de funcionamiento.

 

 

* Revista NUEVAS TENDENCIAS

Instituto Empresa y Humanismo, nº 59, junio 2005

pp. 15-17

Universidad de Navarra

Pamplona - España

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Arvo Net, 30/08/2005

© ASOCIACIÓN ARVO 1980-2005

Contacto: webmaster@arvo.net

Director de Revistas: Javier Martínez Cortés

Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

 

 

Enviado por Empresa y Humanismo - Unav - 30/08/2005 ir arriba
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