| En cierta ocasión viene a mi consulta un anciano médico que hacía un año había perdido a su mujer, a quien él amaba sobremanera, sin que pudiera encontrar algo capaz de consolarle por esta pérdida.
Yo pregunto a este paciente, tan profundamente deprimido, si se le había ocurrido pensar alguna vez lo que hubiese sucedido caso de haber muerto él antes que su mujer. «No es para imaginarlo, contestó él; mi mujer se hubiera desesperado.»
Entonces me permití hacerle esta observación: «Vea usted de qué trance se ha librado su mujer, y usted ha sido precisamente quien se lo ha evitado, aunque esto le cueste a usted el tener que llorarla ahora muerta.»
En el mismo instante comenzó a tener un sentido su dolor: el sentido del sacrificio.
Su sino estaba decidido y nada podía cambiarlo, pero se había cambiado su actitud frente a él. El destino le había exigido la renuncia a la posibilidad de planificar su vida en el amor, pero le había quedado la posibilidad de tomar postura ante este destino, la de aceptarlo y enfrentarse a él dignamente.
Víctor E. Frankl.
La idea psicológica del hombre.
Ed. Rialp.
Pag.117
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