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Por Luis Olivera
Periodista
Porque la ha ganado: el viernes pasado recibió el premio extraordinario de licenciatura en la Facultad de Economía de la Universidad de Valencia.
Lo recibieron otros 23 compañeros suyos. Pero el suyo es ‘cum laude’. Porque Pablo Cusí, que así se llama nuestro héroe, sufre una enfermedad congénita: una distrofia muscular progresiva. Desde que nació padece esta dolencia degenerativa, se desplaza en silla de ruedas, va con la mascarilla de oxígeno siempre conectada y, aparte de la cabeza, sólo es capaz de mover el dedo índice de la mano derecha.
Pues bien: a pesar de todos estos impedimentos físicos, su voluntad de progresar ha sido más fuerte que su debilitado organismo. Nada ha sido obstáculo, valladar ni cortapisa para que Pablo Cusí haya acabado en cuatro años una titulación que la mayoría de estudiantes acaba en cinco, con un expediente marcado por las matrículas de honor. Su hazaña vino precedida por haber acabado el bachillerato un año antes de lo normal.
A Pablo le apasiona la contabilidad, es un aventajado jugador de ajedrez y, por encima de todo, sus ‘colores’ con los del Atletic: su escudo adorna uno de los brazos de su silla de ruedas. Este auténtico “rebelde” contra sus limitaciones es hincha de “Los leones de San Mamés” y, entre sus recuerdos más inolvidables se encuentra el día en que su padre le llevó a conocer “La Catedral”. El escenario de tantos éxitos de su equipo. Rojiblanco hasta la médula, el 21 de octubre de 1998 pudo presenciar el partido de Liga de Campeones entre el Atletic y la Juventus de Turín, la ‘Vecchia Signora’, otro clásico del fútbol continental.
La asesoría al discapacitado de la universidad levantina le ha facilitado el coste diario de transporte desde su ciudad de residencia, Buñol, situada a 40 kilómetros de Valencia. Y, además, durante cuatro años, ha recibido la ayuda de la educadora María José Carrión, que le ha acompañado a clase, ha redactado sus exámenes al dictado y le ha servido de puente para relacionarse con los demás. Pero nadie le ha regalado nada.
Pero nadie le ha podido prestar la voluntad de hierro necesaria para superar la larga carrera de obstáculos que ha sido toda su vida. Académica y extraacadémica. Ahí, Pablo ha estado sólo ante el peligro, como un bravo luchador que sabe que se juega su futuro en cada envite. Lo más fácil hubiera sido rendirse a la evidencia. Y más en esta sociedad caracterizada por lo que Enrique Rojas llama “hombre light”, superficial y bajo en todo tipo de contenidos que supongan esfuerzo por superarse y sacrificio personal, siempre en busca de lo placentero y del camino más fácil. Pero él se ha desenvuelto como un auténtico titán, sin ningún tipo de complejos. Y, aunque no tenga nada que ver con Sigmund Freud, creo que a Pablo se le podría aplicar una frase suya: “He sido un hombre afortunado: nada en la vida me ha sido fácil”.
A partir de ahora, la trayectoria que ya ha recorrido es, para él, el mejor incentivo para que otros enfermos que sufran parecidas limitaciones tampoco se rindan. El futuro es para los valientes como él, héroes del siglo XXI. Pablo Cusí lo tiene muy claro: “No he estudiado una carrera para quedarme en casa; lo que quiero es trabajar”. Conociendo su caso y su empeño inasequible al desaliento, nadie dirá que su deseo –que no sus sueños—es un imposible, fruto de una imaginación calenturienta. Estoy seguro de que lo conseguirá y que triunfará en el campo profesional que escoja. Sus hazañas seguirán dando que hablar y que escribir a los que nos dedicamos al oficio de la pluma. A los hechos me remito.
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