Luis Olivera
Periodista
Arvo Net 08.03.2007
La
riojana
García
Laso,
licenciada en Farmacia por la
Universidad de Navarra y con una
minusvalía del 65%, ha obtenido
el número uno en el PIR, el
equivalente al MIR para
psicólogos. Ésa era la noticia
que saltaba a los diarios
españoles hace escasas fechas.
Después de graduarse en Farmacia
en Pamplona, se licenció en
Psicología en la Universidad de
Salamanca. La parálisis cerebral
que le provoca una minusvalía
mayor del 65% no ha sido
obstáculo para que esta
logroñesa de 31 años haya
destacado entre las más de 2.000
aspirantes de todo el país.
Antes, su trayectoria académica
en la Universidad de Navarra fue
brillante y productiva. Su
expediente estuvo entre los
cinco mejores de su promoción y
sus prácticas en el Servicio de
Farmacia de la Clínica
Universitaria así lo avalaron
también. Pero las confidencias
de sus amigas a lo largo de la
carrera le descubrieron su
vocación profesional. En 2002
comenzó una nueva etapa en
Salamanca, donde en tres años y
medio, en lugar de los cinco
comunes, se licenció en
Psicología con un 3,2 sobre 4
como nota media.
No es un caso único.
Acaba de salir un libro, “Sin
excusas”, que no hace
falta haber terminado para
desear encontrarse con algún
defensor del aborto, uno de esos
eugenesistas posmodernos que se
desayunan con unos cuantos
embriones humanos en las
papeleras y decirle unas cuantas
‘frescas’.
Kyle Maynard nació
con una amputación de causas
desconocidas. Sus piernas
acababan justo encima de las
rodillas y sus brazos donde
deberían estar los codos. Cuando
el pediatra lo puso en brazos de
sus padres, sabedores ya de que
no tenía extremidades, su madre
suspiró de alegría diciendo:
“¡No puedo creer que sea tan
hermoso!”. Pero la
belleza de esa vida no acabó
ahí, sino que justo empezaba en
ese momento, lo mismo que la de
quienes lo siguen acompañando
desde hace años.
Kyle Maynard
nació en un hogar; no en una
factoría donde los hijos se
producen por encargo y con
derecho a devolución si no se
cumplen las expectativas. Por lo
mismo sus padres, creyentes
sinceros en Dios, deseaban lo
mejor para su hijo y no para
ellos. Cuando nació con esa
limitación física no se
escandalizaron. Simplemente
pensaron que Dios debía tener
algo previsto para él y que todo
conduciría a un buen fin. Y, sin
perder el tiempo, se pusieron
manos a la obra.
El
padre enseguida se dio cuenta de
que, si no enseñaban a
Kyle a valerse por sí
mismo o haría un ser totalmente
dependiente y, además,
impedirían sus posibilidades de
progresar. Por eso, y sin dejar
de acompañarlo, hubo de aprender
a comer solo y muchas otras
cosas. Eso le inculcó una
mentalidad: nunca se deben poner
excusas, porque ello hace que de
antemano nos indispongamos para
lo posible, aunque sea difícil.
Igual le pasó a
Mercedes García: “Vi
que con esfuerzo se puede
conseguir todo”,
cuenta. “Mi
vocación es la terapia. Me
siento muy segura de ello tras
realizar prácticas, porque sé
que lo puedo hacer. Estoy
dispuesta a esforzarme mucho
para dedicarme profesionalmente
a ella”, asegura.
Uno
se emociona, y se avergüenza un
poco de sí mismo, cuando ve
donde ha llegado
Kyle. Sin manos ni
pies escribe, tanto con
bolígrafo como con ordenador,
conduce su ‘Cherokee’
y hace mil otras cosas que, de
antemano, parecerían imposibles.
A través de la historia que nos
narra descubrimos al niño que se
supera a diario, que llega a
formar parte de un equipo de
fútbol americano y consigue ser
campeón de lucha libre o batir
records en levantamiento de
pesas. Pero eso es sólo la parte
exterior de un alma grande, de
un deseo de superación
difícilmente igualable y un
testimonio estremecedor de cómo
la dignidad de la vida está por
encima de las circunstancias.
Problemas iniciales parecidos
tuvo
Mercedes García Laso:
cuando terminó el Bachillerato,
se encontraba “totalmente
apática” y no sabía
qué estudiar. Los consejos de
una amiga de su madre le
encaminaron a Farmacia. Sí tenía
clara una cosa: “Quería
estudiar en la Universidad de
Navarra. Pensé que sería lo
mejor para mí por la atención
personalizada y el primer año en
Pamplona fue el mejor de mi vida”.
Además, la convivencia
universitaria le descubrió la
amistad, le abrió la mente y le
aportó confianza.
El
que lo ha leído dice que vale
la pena leer este libro, “Sin
excusas”, que
estimula a afrontar a vida con
una mayor ilusión y sin excusas.
Irene Villa, que
perdió las dos piernas en un
atentado de ETA, enriquece el ya
de por sí imprescindible libro
con un prólogo, que es también
un testimonio y un
reconocimiento. En la actualidad
Kyle Maynard estudia
en la Universidad. Es conocido
por millones de personas que lo
han visto u oído en la
televisión, los periódicos y la
radio. Nadie ha quedado
indiferente. Muchos, gracias a
él han aprendido a afrontar sus
propias vidas de otra manera.
Son dos ejemplos animantes e
imprescindibles para dejar de
respirar nihilismo.