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El director de una fábrica de zapatos envió un agente comercial a África para que estudiara el mercado del zapato en aquel continente. Después de haber visitado varias naciones y tribus, el agente envió un telegrama al director de la fábrica: «Imposible vender zapatos, todos van descalzos». El enviado comercial habría fracasado en su misión. La dirección de la empresa decidió enviar a un segundo agente con el mismo encargo. Este segundo visitó los mismos países y las mismas tribus que el primero. Después de algunos días, envió un telegrama al director: «Aquí van todos descalzos: ¡negocio seguro!»
Hace unos veinte siglos dijo Jesucristo: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19).
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