Por Luis Fernández Cuervo
Arvo Net, 19.02.2006
[Democracia,
laicismo, religión (primera parte)]
DEMOCRACIA,
LAICISMO, RELIGIÓN
(segunda parte)
El francés
Robert Schuman, el creador visionario de la actual
Unión Europea describió muy bien donde radica la
esencia y buena salud de la democracia. En 1963, se
publica el testamento político de Schuman: “Pour
L’Europe” (Edit. Ángel, Genève, 1963). Trascribo
literalmente algunas de sus ideas fundamentales.
“La democracia debe
su existencia al cristianismo. Nació el día en que
el hombre fue llamado a realizar en su vida temporal
la dignidad de la persona humana, en su libertad
individual, en el respeto de los derechos de cada
cual y por la práctica del amor fraterno con
respecto a todos. Nunca, antes de Cristo, estas
ideas habían sido formuladas. La democracia está así
unida al cristianismo doctrinalmente y
cronológicamente. Tomó cuerpo con él por etapas, a
través de largos titubeos, a veces al precio de
errores y recaídas en la barbarie.” (...) “El
cristianismo ha enseñado la igualdad de naturaleza
de todos los hombres, hijos de un mismo Dios,
rescatados por el mismo Cristo, sin distinción de
raza, de color, de clase y de profesión. Ha hecho
que se reconozca la dignidad del trabajo y la
obligación de todos de someterse a él. Ha reconocido
la primacía de los valores interiores, los únicos
que ennoblecen al hombre.” (...) “ Si encontramos
rasgos profundos de la idea cristiana en la vida
política contemporánea, el cristianismo no por ello
está ni debe estar enfeudado en un régimen político,
ni ser identificado con ninguna forma cualquiera de
gobierno, aunque sea democrática. En este punto,
igual que en otros, hay que distinguir el terreno
del César y el de Dios. Estos dos poderes tienen
cada uno responsabilidades propias. La Iglesia debe
velar por el respeto de la ley natural y de las
verdades reveladas. La tarea del hombre político
responsable consiste en conciliar, en una síntesis a
veces delicada pero necesaria, estos dos órdenes de
consideración, el espiritual y el profano... No
existe conflicto que no tenga solución entre los dos
imperativos.”(...)“La teocracia desconoce el
principio de la separación de los dos ámbitos.
Endosa a la idea religiosa responsabilidades que no
son suyas. Bajo ese régimen, las divergencias de
orden político corren el riesgo de degenerar en
fanatismo religioso”(...) “Desde el primer momento,
Cristo estuvo en el extremo opuesto del fanatismo;
aceptó ser su víctima más augusta. Esto significa
que la civilización cristiana no debía ser el
producto de una revolución violenta e inmediata,
sino una transformación progresiva, bajo la acción
de los grandes principios de caridad, de sacrificio
y de humildad, que están en la base de la sociedad
nueva.” (...) “La democracia no se improvisa; Europa
ha tardado más de un milenio de cristianismo en
darle forma (...) “Concluyo, con Bergson, que
<la democracia es de esencia evangélica, porque
tiene por motor el amor>. La democracia será
cristiana o no será democracia. Una democracia
anticristiana será una caricatura que naufragará en
la tiranía o en la anarquía.”
La
UE fue hecha según esas ideas, lejos de los dos
extremos nocivos del clericalismo y del laicismo,
por ello fue creciendo pacíficamente, aceptando
dentro de ella gente de muy diversas ideas y
costumbres. Nadie pudo acusar a Schuman y a los
otros gestores de esa nueva Europa, de excluyentes.
En cambio ahora, la UE, en manos de laicistas
antirreligiosos, tuvo su primer conflicto al
redactar el Prologo de su Constitución, negando todo
el origen cristiano de la civilización europea.
Después vino la injusticia de obligar al candidato
italiano, Rocco Butiglione, a renunciar a su
candidatura para Comisario europeo de Justicia por
declarar que condenaba la discriminación de los
homosexuales pero que en su opinión, de acuerdo con
la doctrina católica, la tendencia homosexual es un
defecto y su práctica algo inmoral. Sobre esto, el
filósofo alemán Robert Spaemann ha comentado que,
según ese criterio excluyente, “un
católico cuyas convicciones coincidan con la
doctrina moral de la Iglesia católica, sólo por ese
motivo, no esta cualificado para ocupar un puesto de
dirección en la Comunidad europea. Hay que añadir
que se trata de la doctrina moral de toda la
tradición cristiana, e igualmente de la tradición
filosófica de Europa, incluida la época de la
Ilustración. Y hay que añadir que según los
criterios aplicados en el caso de Buttiglione, los
padres fundadores de la nueva Europa tras la segunda
guerra mundial no podrían ocupar ningún puesto de
dirección en esta Europa. Robert Schuman, Alcide de
Gasperi, Konrad Adenauer era, los tres, católicos
ortodoxos.”
lfcuervo@telemovil.net