Viernes - 10.Febrero.2012

Grandes Secciones
Actualidad
Autores
Biología humana
Avances científicos de relevancia ética
Fe y ciencias
Ciencia
Filosofía
Teología
Espiritualidad
Religión
Derecho
Familia - educación
Etica
Valores
El valor de la vida humana El valor de la vida humana
El valor del trabajo El valor del trabajo
El valor de la libertad El valor de la libertad
El valor de la familia El valor de la familia
La vejez El valor de la vejez
El valor de la muerte El valor de la muerte
El valor de la sexualidad El valor de la sexualidad
El valor de la moda El valor de la moda
El valor de la política El valor de la política
El valor de la verdad El valor de la verdad
Descanso, diversión, deporte Descanso, diversión, deporte
Valores de la mujer Valores de la mujer
El valor del sufrimiento El valor del sufrimiento
Matrimonio: amor, fidelidad Matrimonio: amor, fidelidad
Alegría y optimismo Alegría y optimismo
El valor de la literatura El valor de la literatura
Maternidad / paternidad Maternidad / paternidad
El valor del esfuerzo El valor del esfuerzo
 amistad, amor amistad, amor
Arte, belleza, elegancia Arte, belleza, elegancia
Sonreir, pensar y viceversa Sonreir, pensar y viceversa
El valor de ser católicos El valor de ser católicos
Economía Economía
Demografía Demografía
Cultura
Literatura
Libros
Cine
Vídeos culturales
Testimonios
Archivo
Blog de N. López Moratalla
Los secretos de tu cerebro
Blog de A. Orozco
Blog informal. Notas. Avisos de Arvo.net.

EL VALOR DE SER CATÓLICOS (Alejandro LLano)

ver las estadisticas del contenido recomendar  contenido a un amigo
Elogio de la ironía

Elogio de la ironía




Buscar una alianza de civilizaciones puramente retórica y oportunista —desde un planteamiento contrario a todo lo religioso— sólo es posible a fuerza de superficialidad.

Por Alejandro Llano *
La Gaceta de los Negocios
24.06.2006


DEFINÍA Platón a los sofistas como mercaderes ambulantes de golosinas del alma. Y hoy está el mercado de la información y de la cultura repleto de chiringuitos donde se expenden todo tipo de materiales azucarados totalmente incompatibles con la tan celebrada dieta mediterránea. Pues bien, ahora, como entonces, una de las pocas herramientas eficaces para combatir el abotargamiento intelectual es la ironía. No la ironía ácida, a la que también nos han acostumbrado los sofistas, sino justamente la que surge de la ingenuidad. Porque lo más inocente de todo es llamar a las cosas por su nombre y —como el Juan de Mairena machadiano— ir por ahí anunciando que la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.

Por ejemplo, es verdad que la difusión oficial del uso del preservativo no disminuye los casos de infección por sida, sino que los aumenta, al fomentar la promiscuidad y elevar estadísticamente el número de los fallos de tan viejo y primitivo procedimiento. Está científicamente comprobado el hecho de que, en África, el porcentaje de contagiados es inverso a la proporción de católicos entre la población de un determinado país. Y, sin embargo, proclamar esta evidencia constituye una notoria ingenuidad, dado que lo políticamente correcto consiste en mantener que la institución de la Iglesia católica está perpetrando un genocidio al recomendar la abstención sexual fuera del matrimonio o de una pareja estable.

El inminente riesgo de atentados en los vuelos desde aeropuertos del Reino Unido ha vuelto a disparar el discurso sobre el fundamentalismo religioso y la necesidad de promover el laicismo para difundir una cultura de paz. Pero se ha vuelto a demostrar que los potenciales terroristas, felizmente detenidos, no eran precisamente activistas religiosos provenientes de conventículos orientales, sino ciudadanos británicos de segunda generación que han recibido una enseñanza laica y viven en grandes ciudades de ambiente cosmopolita. Se repite de nuevo lo que ya vimos en los casos del 11-S y del 11-M. El terrorismo es una perversión de la Ilustración radical y no surge de ninguna vivencia religiosa auténtica. El diagnóstico oficial falla de nuevo.

“El alma africana y el alma asiática están horrorizadas ante la frialdad de nuestro racionalismo”. Lo acaba de decir Benedicto XVI, que sabe de lo que habla y nunca miente. La manera de establecer un diálogo entre civilizaciones no discurre por la difusión de un helado secularismo, sino por el encuentro entre las raíces humanistas y el hondón religioso que laten en todas las culturas. Buscar una alianza de civilizaciones puramente retórica y oportunista —desde un planteamiento contrario a todo lo religioso— sólo es posible a fuerza de superficialidad. Es también el Papa quien, en la misma entrevista reciente con periodistas europeos, mantiene que el único camino válido para ayudar a los países menos desarrollados es una educación que vaya más allá de lo puramente técnico y logre una formación del corazón para aprender en qué consiste perdonar y reconciliarse.

La desesperanza ante el equilibrio inestable —acompañado por el enconamiento del odio— en que ha desembocado la nueva fase de la guerra en el Líbano manifiesta claramente que la superioridad técnica no basta para conseguir una victoria. La situación de Irak lo había anunciado. Y es que, como decía el astuto Talleyrand, con las bayonetas se puede hacer todo menos sentarse encima de ellas. No resulta cómodo.

Los heraldos de una modernidad salvaje, en la que se hayan barrido los últimos símbolos de la tradición cristiana y humanista, están tratando de erguir nuevamente un cadáver. A estas alturas, deberían haber completado la autocrítica que su previo apoyo a diversos tipos de totalitarismo materialista exigía. Pero les cuesta demasiado aceptar la evidencia: que lo que ha hecho saltar por los aires sus utopías individualistas o colectivistas ha sido —pido disculpas por la tremenda ingenuidad— la naturaleza humana. Puede dársele el nombre que se quiera, pero lo cierto es que existe algo así como una ley natural que, expulsada por la puerta, vuelve a entrar por la ventana. Los anhelos más profundos de la condición humana no pueden ser eliminados ni por caudillos ni por ideólogos. Acaban por reaparecer con una tozudez insoportable.

No es otro el fundamento del optimismo: que la realidad trabaja a favor de los ingenuos. Los programas sociales que se empeñan en ir a contrapelo de la evidencia consiguen, sin duda, éxitos parciales y momentáneos, porque el poder fascina y las recetas sofísticas seducen. Mas, al carecer de vida, al no poder articularse dinámicamente, acaban por abocar al estancamiento. De ahí que la ironía sea un recurso imprescindible frente a los ilustrados y pedantes. “Desconfía, hijo mío, de las personas serias, recomendaba Unamuno. Porque el que no sabe reírse de sí mismo es tonto de remate”.
 

*Alejandro LLano
Catedrático de Filosofía

‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

RELACIONADOS:
 

Arvo Net, 24/08/2006

© ASOCIACIÓN ARVO 1980-2005

Contacto: webmaster@arvo.net

Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

 

 

Enviado por La Gaceta de los Negocios - 24/08/2006 ir arriba
COMENTARIOS añadir comentario
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
ir arriba

v01.99:0.35
GestionMax
TIENDA   Novedades   rss   contacto   buscador   tags   mapa web   
© ASOCIACIÓN ARVO | 1980-2009    
Editor / Coordinador: Antonio Orozco Delclós