Sábado - 26.Mayo.2012

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VIDA HUMANA (Jose Ignacio Moreno Iturralde)

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VIDA HUMANA

 

Una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo sentido. Bien fácil que parece el principio de no contradicción. Sin embargo, luego, la cosa se complica: ¿Quién eres? ¿Te comportas siempre como quien verdaderamente eres? ¿Eres el mismo que hace diez años? Vaya lío. En cosas quizás más triviales volvemos a toparnos con el problema: ¿Verdaderamente fue penalti o no lo fue?

Por Jose Ignacio Moreno Iturralde

 

1. Sentido común y comienzo de la vida humana

 

Cada ser está en continuo cambio. Un gusano de seda… ¿Es oruga, larva o mariposa, o las tres cosas a la vez? Cabe decir que es un proceso. Esta noción de proceso entronca con lo que los griegos llamaron naturaleza, el modo de ser operante de algo. Cada ser, especialmente un ser vivo, es un proceso. Un proceso es para algo, un proceso tiene una finalidad. Es magnífica y aterradora la palabra finalidad, como magnífico y aterrador es el despertador por las mañanas. No todo el mundo gusta de la noción de finalidad; bastantes la niegan…mas: ¿Con qué fin?

 

La naturaleza de cualquier ser vivo es un continuo: “un principio fijo de comportamiento móvil”, en expresión del profesor Millán Puelles. Cada ser está en acto de una serie de cosas -fundamentalmente de ser- y en potencia o capacidad de otras. La actualización de sus capacidades no es una negación de la etapa anterior sino su desarrollo.

 

Una aplicación interesante de todo esto puede llevarse al debate actual sobre la identidad del  embrión humano. Un embrión de unas horas es un proceso, una naturaleza, una finalidad que se desarrolla en sí misma. Es hombre en acto porque es proceso humano, no porque haya actualizado un determinado número de potencialidades. Su caso es análogo al de un enfermo indefenso y desvalido que realiza pocas actividades humanas y no por ello deja de ser hombre. Entender al embrión tan sólo como una suma de células es similar a entender  un reloj como la suma de sus elementos materiales: es no entenderle. Manipular al embrión es no respetar su ser, su naturaleza, su finalidad. Congelar a un embrión humano es detener un proceso de vida humano; es negarlo.

 

 

2. Toda la vida humana es valiosa

 

 Si el lector tiene la suficiente paciencia para llegar al final de este punto se dará cuenta de que lo que está leyendo no es solamente una sucesión de letras. Antes de ser escritas y a lo largo de su escritura hay una intención. La intención está fuera de las letras pero de algún modo está dentro de cada una de ellas. El comienzo del párrafo, la zona media y el final están unidos en la intención. Si alguien me dijera que lo que estoy escribiendo es un rollo tendría que resignarme; pero si alguien dijera que esto no es más que un ejercicio de caligrafía y lo afirmara “científicamente” –según él- me entrarían ganas de lanzarle algún proyectil suave. Sin intención no habría ni pasado, ni presente, ni futuro de esta exposición. Un fin inmaterial –ya que no es una letra más-, la intención, se despliega en rasgos tangibles a lo largo del  tiempo.

 

Cada realidad y mucho más cada ser vivo lleva en si una gramática sumamente compleja: una gallina –por poner un ejemplo bucólico- tiene un grado de orden configurado abismalmente mayor que el robot de mayor tecnología punta. En su gramática de la vida no existe únicamente una articulación tan compleja que incluso es capaz de poner huevos sino una semántica, un sentido. Hablar de la semántica de la gallina nos deslizaría con facilidad hacia el terreno de la poesía; por tanto hablemos de que la gallina tiene una naturaleza con finalidad o, si se prefiere, finalidades. Ni el aventurado texto que estoy escribiendo se autodiseña ni tampoco lo hace la gallina. Por terminar con esta familiar ave de corral diremos que su vida es una historia, quizás no muy apasionante aunque estos seres tienen por naturaleza la sublime característica de “autoaceptarse” sin problemas.

 

 Las personas no somos una sucesión de vivencias, ni siquiera cada uno somos una historia, sino una biografía. El carácter biográfico es el que nos define respecto a cualquier otro animal…entiéndanme bien. En nuestra vida podemos optar; con nuestra vida forjamos nuestra propia identidad, como es propio de nuestra naturaleza racional.

 

Por todo lo dicho desde que se forma genéticamente nuestra identidad de ser vivo del género humano no es correcto entendernos como una sucesión de instantes, ni siquiera como un transcurso de vida humana, sino como seres dignos capaces de elegir. Cada instante de nuestra vida está en función de toda la biografía. Entender nuestra vida como una unión de segmentos es deshumanizarla. La biografía es la semántica, el sentido de nuestra realidad personal. Sólo una ciencia que tenga esto es cuenta puede hacer un servicio digno del hombre. Cuando no se hace así se está destruyendo la propia identidad humana.

 

 

3. ¿Qué es ser humano?

 

 Aristóteles decía que “el ser se dice de muchas maneras”. En clase de Bachillerato vemos, entre otras cosas, en que se parece el ser humano al ser de un buzón de correos. Además de alguna respuesta fácil concluimos que, al menos, en la existencia. El ser es un término que admite mayor gradualidad que la existencia: hay seres más importantes que otros. No somos grandes vegetales ni pequeños dioses, somos hombres.

 

La palabra ser parece un poco sosa. Sin embargo todo ser, además de un orden y un sentido, tiene una verdad. La palabra verdad es más inquietante. Aristóteles, el inevitable, dice también que “el hombre es en cierta manera todas las cosas”. Cuando explico esto a mis alumnos y noto algo de química con ellos imito a un elefante: mi brazo hace de trompa y con la boca emito un temible bramido. Entonces les digo: veis, en cierto sentido soy un elefante. Hasta el momento no me han tirado calderilla. Los hombres poseemos la capacidad de albergar ideas, incluso de representar la realidad del cosmos en seis letras. Somos capaces de comprender algo: de ponernos en su lugar. Hasta el siglo XV los hombres pensaban que era el sol el que se movía alrededor de la tierra; sin embargo resulta que es al revés, pese a que nuestra evidencia sensible nos dice lo contrario. El ser humano es el único que es capaz de ponerse en el lugar de la realidad, especialmente en la realidad de los demás. También puede negarse a hacerlo.

 

Un buen jugador de ajedrez no es sólo el que piensa en la próxima jugada que va a hacer sino en por qué el contrincante ha hecho su último movimiento. Un buen conductor no atiende tan sólo a lo que él hace sino también a lo que hacen los otros en la carretera. Si los marcianos secuestran a mi novia y se la llevan a Andrómeda puedo trasladarme allí con el pensamiento y planear una venganza galáctica. Esta capacidad de comprender es genuinamente humana. Ponerme en el lugar de los demás es una actitud donde inteligencia y moralidad confluyen.

 

Ser capaces de comprender cada realidad, con sus limitaciones, en orden con el universo es captar el núcleo de la poesía y del conocimiento intuitivo. Cuentan de una mendiga a la que alguien regaló una rosa. Dejó de mendigar durante algún tiempo. Hacerse cargo de la miseria humana, no olvidando la propia, es ser más hombre o más mujer. Atreverse a entrar en el concierto para violines desafinados, del que escribió el psiquiatra Vallejo-Nájera, es: levantar al deprimido, reconfortar a la persona que quizás con no mucha edad está ya partida por el eje, comprender la grandeza de la vida de un anciano. La misericordia es la actitud más inteligente que la persona puede adoptar porque, entre otros motivos, no hay nada que llene de tanto sentido como ella. Apoyándome en reflexiones anteriores puedo decir que el embrión humano es el ser máximamente dependiente, totalmente necesitado. Rechazar este tipo de planteamientos acusándolos de ñoños es una torpeza mental supina que supone la destrucción arbitraria de muchas vidas humanas. Una sociedad que no defiende la vida humana embrionaria o intrauterina fomenta  la chabacanería de anteponer la calidad de vida a la vida de calidad; cambia la maternidad incondicional por una satisfacción sentimental selectiva de la vida, dejando a otros hijos en la estacada: una estacada que es una estocada de muerte o de congelación.

 

Por el contrario una sociedad que implante la bandera universal de la dignidad de la defensa de toda vida humana es una sociedad fraterna, digna, acogedora, solidaria.

© ASOCIACIÓN ARVO 1980-2005

Contacto: mailto:webmaster@arvo.net

Director de Revistas: Javier Martínez Cortés

Editor-Coordinador: Antonio Orozco Delclós

 

Enviado por Arvo Net - 02/06/2005 ir arriba
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