|
Carmen Selga Sans
En primer lugar debo decir que este quinto hijo nos da, si cabe, más alegría, satisfacción y capacidad de disfrute que el primero. El primero siempre será el primero, pero conforme van viniendo, la madurez te hace disfrutar más.
Hace ocho meses, cuando nos enteramos de la venida de este nuevo candidato al cariño de nuestro corazón, la sorpresa no nos la quitó nadie, junto con la preocupación de una responsabilidad más. Para nosotros, el tener muchos niños no es una inconsciencia o una despreocupación por las cosas (ni un desahogo económico). Es, simplemente, otra forma de ver la vida. Si se me permite comparar, no tan complicada como otras, porque con tantos se relativizan mucho las cosas y das importancia solamente a lo que realmente la tiene. Tampoco quiere decir que no hay momentos de dificultad y de pensar en cómo salir adelante... Entonces recurrimos al refrán: "Dios aprieta, pero no ahoga".
Debo decir que nuestros hijos son muy buenos y eso lo pone muy fácil. Pero precisamente son así porque les hemos exigido mucho al ser varios. De haber tenido sólo uno o la parejita, no hubiéramos tenido la necesidad de que se portaran tan bien y no les estaríamos educando con tanto esfuerzo y esmero.
|