Por Sunsi Estil-les Farré
*
Arvo Net, 9.11.2006
El domingo 12 de Noviembre se
proyecta en la pequeña pantalla “Mar
adentro”. Recuerdo que terminaba la
última página del El hombre en
busca de sentido de Viktor
Frankl y, casi simultáneamente, se
estrenaba con bombo y platillo la
controvertida película.
Un film y un libro con dos historias
basadas en el límite del abismo
humano. El del tetrapléjico,
paralizado de cuello para abajo,
postrado en la cama junto a dos
ventanucos; y el del prisionero de
Auschwitz, trabajando bajo cero con
los pies desnudos y llagados,
ignorando si aquél sería su último
día... ¿Coincidencias?. Muchas.
Todas las que significan Enfermedad
y Tribulación. ¿Diferencias? Más.
Sampedro, sin esperar ya nada de la
vida; Frankl, dispuesto a dar lo que
la vida espera todavía de él.
Sampedro, con la obsesión por morir;
Frankl, con la decisión de seguir
viviendo. El marinero, con el
sentimiento de la dignidad perdida,
prisionero de su cuerpo; el
psiquiatra judío, empeñado en seguir
siendo útil, en seguir sirviendo a
los demás con lo único que le queda:
el sufrimiento. La vida les lanza a
los dos el mismo palo: Ramón
Sampedro sujeta una punta y Viktor
Frankl agarra el otro extremo. El
misterioso “palo” del Dolor. O tiene
sentido o no lo tiene. O dignifica
al hombre o lo transforma en un
guiñapo. Dos posturas antagónicas
que parten de dos formas de mirar el
horizonte de la existencia. Mar
adentro... o buscamos la orilla a
pesar de la marea o nos hundimos. Ya
no se trata de valentía, de
capacidad para resistir . Hay que
bucear mucho más para entender dos
rutas tan distintas. Frankl recoge
en su libro una frase de Nietzsche
más que elocuente: “Quien tiene
un por qué para vivir puede
soportar casi siempre cualquier
cómo”.
La dignidad queda al descubierto
cuando se despoja al ser humano de
todo asidero. Así, desnudo incluso
de lo necesario, aunque el cuerpo no
responda, sigue siendo digno de ser.
“¿Qué es en realidad, el
hombre?”, se pregunta Viktor
Frankl. “Es el ser que siempre
decide lo que es. Es ese ser que
ha inventado las cámaras de gas,
pero asimismo es el ser que ha
entrado en ellas con paso firme
musitando una oración”.
Sampedro, tras 29 años leyendo y
escribiendo para conseguir que el
Estado le permitiera suicidarse,
acabó con su vida el 12 de enero de
1998. Frankl murió un año antes, en
1997. En el campo, lo que lo
mantuvo en pie fue el objetivo de
otra liberación: salvar a los
prisioneros de la desesperación. No
sobrevivieron los más sanos...
Salieron adelante los que
descubrieron una meta, una
intencionalidad en su vida. Sólo
superaron la ignominia que los
abocaban a la muerte o al suicidio
los que encontraron la razón por la
que seguir viviendo. “Su pregunta
- la de mis camaradas- era
: `¿Sobreviviremos a este campo?
Pues si no, este sufrimiento no
tiene sentido’. La pregunta que yo
me planteaba era algo distinta:
`¿Tienen todo este sufrimiento,
estas muertes en torno mío, algún
sentido? Porque si no, la
supervivencia no tiene sentido, pues
la vida cuyo significado depende de
una casualidad –ya se sobreviva o se
escape de ella- en último término no
merece ser vivida” . Frankl
salió de Auschwitz, pero no lo hizo
de vacío. Elaboró a partir de sus
experiencias la tercera escuela
vienesa de psicoterapia: la
Logoterapia. En su caso, el
cómo le empujó a buscar el porqué.
*Sunsi Estil-les Farré
Escritora
Diari de Tarragona