Por Antonio Orozco
A la pregunta por la acción más propia, específica del amor, Platón responde: "Yo te lo diré: esta acción es la procreación en la belleza tanto según el cuerpo como según el alma". Es decir, la acción propia del amor es engendrar. "Pues no es el Amor, Sócrates, como tú crees, amor de la belleza, (sino) amor de la generación y del parto de la belleza".
En otros términos: el amor es eminentemente activo. El amor es creador en su más hondo impulso. Precisamente la grandeza de la intuición de nuestro hombre se cifra en descubrir que el acto más propio del amor es el de engendrar y alumbrar según el cuerpo, o según el alma, o según ambos componentes del humano ser.
El amor sigue a una cierta perfección o plenitud y el bien es expansivo, difusivo, fecundo siempre. Por eso se entiende que «todo ser, por naturaleza, estime a lo que es retorno de sí mismo». Como era de esperar en hombre de pensar tan lúcido, Platón tiene «por más valiosa la belleza de las almas que la de los cuerpos», de modo que «si alguien es discreto de alma, aunque tenga poca lozanía» es muy digno de ser amado. Incluso debe decirse que «la belleza del cuerpo es de escasa importancia». Por eso, lo que ofrece mayor interés es engendrar la belleza según el alma: «engendrar por ejemplo - muchos, bellos y magníficos discursos y pensamientos en inagotable filosofía, hasta que, robustecido y elevado por ella, vislumbre (...) la belleza absoluta, y llegar a conocer por último lo que es la belleza en sí». Así se hará capaz el hombre de engendrar en sí mismo y en otros las virtudes verdaderas que son las bellezas del alma, las cuales permiten al hombre hacerse "amigo de los dioses" e incluso alcanzar gozosa inmortalidad personal.
¡Demasiada luz para días tan oscuros que incluso la palabra filosofía se puede referir impunemente a la táctica adoptada en una partida de naipes? Tal vez. Pero, ¿no se podrán contar al menos unos pocos sabios en nuestro planeta azul?. Afortunados humanos que conservarán lo que malas lenguas han llamado «funesto vicio de pensar». Hombres y mujeres que como Antonio Machado, aguzan las orejas cuando oyen palabras viejas. Ellos tienen reservada muy importante misión para un futuro no muy lejano.
Lo bueno es lo bello. El amor es la onda expansiva del bien excelso, que es íntimo y personal. Lo propio del amor es engendrar belleza. El amor es de suyo fecundo. Un acto de amor voluntariamente estéril es producto un amor fantasmal, egótico aunque se actúe en complicidad con otro. Es decir: un no amor. Acaso, narcisismo de dos.
Pero hay otra inquietante cuestión: ¿cómo se explica que la persona, que es un bien riquísimo en sí, se niegue a procrear según el cuerpo sin privarse de la satisfacción anexa al impulso de engendrar? ¿Cómo se entiende esa violencia a la naturaleza del hombre perpetrada por el mismo sujeto que la sufre? Platón nos diría: ésta es posible sólo cuando el hombre se encuentra lejos de la belleza "pues no se posa amor en la fealdad" , que es tanto como decir: el hombre se resiste a engendrar cuando está lejos de lo divino.
¿Qué hay lejos de lo divino, que no es belleza? Lo feo, lo que no merece la pena. «Engendrar hijos , ¿para qué?». Es la voz del triste, el gemido del vitalmente viejo. No hay amor, no hay ilusión, no hay vida. También Juan evangelista dice: "el que no ama queda en la muerte".
En la noche precristiana brillaron luceros de inextinguible fulgor. Llegó la plenitud de los tiempos y vino al mundo la Luz. Pero las tinieblas no la recibieron. Ahora, creer y esperar es engendrar. Esto es, amar. La actual crisis no es sólo ética, sino, por serlo, es también estética.
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