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VIVIR DE TÓPICOS (Alfonso Aguiló) |
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VIVIR DE TÓPICOS
VIVIR
DE TÓPICOS
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Autor: Alfonso Aguiló
Lugar: Hacer Familia, n. 168.
Fecha: febrero 2008
Arvo.net, 05/02/2008
Un grupo de
científicos colocó cinco monos en una jaula, en cuyo centro
dispusieron una escalera y, sobre ella, un racimo de
plátanos, de los que a los simios resultaban más apetitosos.
Cuando un mono subía por la escalera hacia los plátanos, los
experimentadores lanzaban de inmediato un chorro de agua
fría sobre los monos que esperaban abajo. Después de algún
tiempo de repetir el experimento, lograron que cada vez que
un mono intentaba subir la escalera, los otros monos lo
agarraban y no le dejaban hacerlo, por mucho que se
resistiera. Pasado algún tiempo más, ya ningún mono hacía el
menor ademán de subir por aquella escalera, a pesar del
hambre que tenían y de la tentación de la apetecida fruta
que tenían tan cerca. Entonces, los científicos sustituyeron
uno de los monos por otro nuevo. Lo primero que hizo este
nuevo mono fue intentar subir la escalera, pero fue
rápidamente retenido por los otros y recibió una buena
paliza. Después de repetirlo algunas veces más, el nuevo
integrante del grupo comprendió que no debía hacerlo y ya no
intentó subir más. Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió
lo mismo, con la novedad de que el primer sustituto
participó con entusiasmo en la paliza que propinaron al
novato. Al poco tiempo sustituyeron a un tercer mono, y se
repitieron los mismos hechos con una exactitud milimétrica.
Cambiaron después al cuarto mono y, finalmente, al último de
ellos. Quedó por tanto un grupo de cinco monos nuevos que,
aunque nunca habían recibido el baño de agua fría,
continuaban golpeando sin piedad a quien intentase subir la
escalera para alcanzar los plátanos.
Si hubiese sido posible interrogar a
alguno de los cinco nuevos monos y preguntarles por qué
pegaban a quien intentaba subir por aquella escalera,
probablemente su respuesta habría sido del estilo: "No sé,
aquí
las cosas siempre
se han hecho así Este
sencillo y verídico relato puede servirnos para considerar
en qué aspectos vivimos quizá al son de tópicos que se han
hecho generales y se nos han impuesto pero que, si nos
preguntan por su sentido, no los sabríamos fundamentar
debidamente.
Algo de eso
hay, por ejemplo, en el laicismo militante y en la
consiguiente hostilidad antirreligiosa tan extendida en
algunos ambientes. Sus aficiones preferidas son hablar mal
de los obispos, los curas y las monjas, presuponer por
principio que las estructuras eclesiásticas son rancias y
corruptas, negar su libre derecho de expresión o pitorrearse
de la fe y de la oración como si fueran refugio de ingenuos
y desengañados. Ese es el discurso imperante en bastantes
sitios y quien se atreva a decir otra cosa es rápidamente
maltratado, como sucedía a los monos que esperaban bajo la
escalera. Es cuestión de repetir la operación un número suficiente
de veces y al final se acaba consiguiendo que todo el mundo
se una a la siempre sugestiva tarea de maldecir y
despotricar según los estándares imperantes, aunque no se
tengan muy claros los motivos.
Imponer así las ideas, con la fuerza
de la agresividad dominante, se ha demostrado una estrategia
bastante eficaz, pues deja flotando en el ambiente una
actitud que la gran mayoría asume sin demasiada reflexión.
Esto hace, por ejemplo, que muchas personas escondan su fe o
Drescindan de ella al actuar en la vida social, porque han
visto ya demasiadas veces cómo se hostiga a quien intenta
subir por esa escalera.
"Es más fácil
desintegrar un átomo que un
prejuicio",
decía Albert Einstein, y no le faltaba
razón, pues cuando se logra instalar un prejuicio en las
mentes de un colectivo de personas, no es nada fácil superar
esa ofuscación, porque los prejuicios tienen eso, que son
previos al juicio de la razón. Por eso, debemos esforzarnos
en pensar y actuar con independencia, procurando fundamentar
bien las razones del propio obrar, sin asumir una actitud
hostil por el mero hecho de que los demás la tomen. Así,
lograremos profundizar en las razones de las cosas, en vez
de seguir la corriente a los demás.∎
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©Arvo.net,
13/01/2008 Edita
Asociación
Arvo, Salamanca; Coordina: Antonio
Orozco Delclós Todos los derechos reservados.
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Enviado por ArvoNet - 05/02/2008 |
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