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SE PRECISA MEMORIA HISTÓRICA (Julián Marías)

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SE PRECISA MEMORIA HISTÓRICA

 

Lo que va de ayer a hoy
Por JULIÁN MARÍAS, de la Real Academia Española
En ABC 22.05.2003

El paso por España de Juan Pablo II y las reacciones que ha suscitado, todo ello me ha hecho pensar en el enorme cambio favorable que se ha producido desde el decenio de 1930. Fue un tiempo, no tan lejano, en que imperaba un tono de violencia, agresividad, enfrentamientos. Recuerdo muy bien el tono agresivo, casi bélico, de las actitudes, desde las canciones políticas hasta la consideración como enemigos de los partidos que hoy parecen simplemente distintos, objetables, tal vez erróneos, pero no enemigos.

No había ninguna guerra; pero ahora se ve que aquel clima las estaba incubando. Primero la guerra civil en España; empalmando con ella la guerra mundial. Antes de que se produjeran dominaba un temple de hostilidad más o menos larvada, dentro de cada uno de los países europeos y entre ellos. Se ve que se estaba gestando en las conciencias, en las actitudes, en el temple de la vida, lo que había de llevar a la guerra civil española y, apenas terminada esta, a la guerra mundial. Pienso que si se hubiera auscultado la actitud en que se vivía desde comienzos del decenio se hubiera podido prever lo que se produjo, innecesariamente, un poco después. Un clima de enemistad dominó en España desde esas fechas; también en la mayoría de los países europeos, en la época de Hitler, que inició una era de gran violencia y cuya presión radicalizó enormemente al relativamente pacífico fascismo italiano. Fue la época en que la Unión Soviética era una constante amenaza exterior y en la que dentro de ella se producían los atroces procesos y purgas de Moscú.

En España y en Francia los frentes populares se oponían con manifiesta hostilidad a movimientos que tenían semejanzas con el fascismo. No había ninguna guerra, ni motivos serios para que la hubiera. En España estalló la guerra civil, y hoy es difícil comprender cómo pasó aquello. Hace ya veintitrés años, en 1980, escribí un artículo titulado «Cómo pudo ocurrir», donde traté de examinar los pasos por los que se llegó a aquella atrocidad. La responsabilidad correspondió en gran parte al imperio de la mentira, una de las potencias más destructoras del mundo. Hoy mismo he leído en periódicos recuerdos de aquella época, de la guerra misma, de sus consecuencias, consistentes en una sarta de falsedades, de verdades parciales, incompletas, que por supuesto impiden toda comprensión de la realidad efectiva. No se mide el inmenso poder destructor de la mentira, sobre la que nada se puede edificar, mientras que la verdad es coherente, consistente, la tierra firme sobre la que se puede caminar, por dura y lamentable que sea.

«No hay que intentar contentar a los que no se van a contentar», he dicho desde hace mucho tiempo. Son incapaces de enterarse los que no quieren enterarse, y así se arrastran las falsedades, con la consecuencia de que se transmiten a generaciones más jóvenes, que no han vivido los sucesos, los dichos y los hechos, y están inermes frente a la falsificación. Los que vivieron otros tiempos pueden intentar engañar a los demás y hasta a sí mismos, pero saben que lo están haciendo. Los que han venido después reciben versiones fraudulentas del tiempo pasado, todavía reciente, y quedan afectados por ello.

Los errores cometidos en el pretérito todavía próximo, no solo en España, sino en casi toda Europa, pueden superarse, pero solamente con la verdad, con el reconocimiento de los errores propios y ajenos, lo único que permite el propósito de enmienda y la probabilidad de no recaer en males que ya acontecieron.

Si se tuviera una idea clara de los cambios acontecidos desde aquel decenio se sentiría una dosis de optimismo, aliento, acaso entusiasmo, que da a la vida europea actual un sentido incomparablemente superior al de aquel decenio que he evocado.

La inmensa mayoría de los hombres y mujeres que viven hoy no han conocido aquellos tiempos; solo cierto número de personas vivas han pasado por ellos, y no todos tienen una imagen viva y fiel de lo que significaron, lo cual encierra un riesgo, por remoto que parezca, de que vuelvan a repetirse en otra forma los viejos errores. El olvido es sumamente peligroso; por desgracia el conocimiento de la historia del siglo XX es muy imperfecto, a causa de la ignorancia generalizada y de diversas falsificaciones interesadas.

Se da por supuesto que todo el mundo sabe lo que pasó en el siglo XX, pero la realidad es muy distinta; no son muchos los supervivientes de los decenios pasados, y ni siquiera la visión de ellos suele ser completa y acertada, y los que han nacido después tienen una idea muy vaga de lo que fueron aquellos decenios desde 1930 en adelante.

Los nombres más significativos del siglo XX, los que fueron famosos para bien o para mal, son prácticamente desconocidos por los hombres actuales, que no tienen una idea clara de su significación y para quienes son meramente nombres, acaso ya olvidados.En conjunto la situación europea es incomparablemente mejor; ni se puede imaginar la posibilidad de guerras nacionales; tampoco parecen posibles situaciones como el desgarramiento de España en la guerra civil. Si se tiene conciencia de la nueva situación, se siente alegría, confianza, esperanza. Pero si no existe el término de comparación, si no se compara la bondad de lo que se posee con aquello de que se carecía no hace tanto tiempo, se corre el peligro de no estimar, aprovechar, cultivar lo que se posee, y exponerse a malbaratarlo, desdeñarlo o perderlo.

Los que han vivido desde hace ya muchos decenios no se dan cuenta por lo general de que son una minoría y que el mundo actual está compuesto de personas a las que hay que transmitir ese conocimiento para hacerles adquirir una experiencia histórica preciosa, que supla la vivida que no han alcanzado.

No se puede dar por supuesto que lo que uno sabe muy bien lo saben los demás; hay que imaginar y pensar qué mundo han encontrado los que han venido después, qué noticias les han llegado de lo que aconteció antes de su vida consciente; hay que facilitarles un suplemento de esta que se remonte por lo menos unos cuantos decenios atrás. Solo así podrán vivir instalados realmente y con claridad en este tiempo que es propiamente el suyo.


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Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

03/07/2005 ir arriba
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