Por Sunsi Estil-les Farré
*
Arvo Net, 28/04/2006
Nos hemos acostumbrado y ya no nos
sorprendemos. El ataque verbal, la
descalificación gratuita, la mofa “a
costa de”, airear los trapillos
sucios de los demás ... Es el
material con el que se confeccionan
los programas de debate televisivo,
las salsas rosas, las tertulias
radiofónicas, los discursos de
nuestros políticos. Ya ni nos
molesta; incluso es posible que nos
haga gracia. Las mismas pautas se
repiten en los corrillos de ir- por-
casa. “Verde que te quiero verde”.
Hablar bien del personal no se
lleva. Suena a bobería. El respeto
por la buena imagen del prójimo ni
se cuestiona. Y si se cuestiona, se
nos acusa de ir por la vida con el
lirio en la mano.
Todas estas reflexiones me las hacía
a raíz de un fragmento que he leído
hace poco. Es un diálogo que se
atribuye a Sócrates. Luego es fácil
concluir que la tentación de
machacar al vecino viene de lejos.
Vale la pena reproducirlo.
“Un día un conocido se encontró
con el gran filósofo y le dijo:
-¿Sabes lo que escuché acerca de
tu amigo?
-Espera un minuto - replicó
Sócrates- Antes de decirme nada
quisiera que pasaras un pequeño
examen. Yo lo llamo el examen
del triple filtro.
-¿Triple filtro?
-Correcto -continuó Sócrates-.
Antes de que me hables sobre mi
amigo, puede ser una buena idea
filtrar tres veces lo que vas a
decir. Es por eso que lo llamo
el examen del triple filtro. El
primer filtro es la verdad.
¿Estás absolutamente seguro de
que lo que vas a decirme es
cierto?
- No -dijo el hombre-, realmente
sólo escuché sobre eso y...
- Bien -dijo Sócrates-. Entonces
realmente no sabes si es cierto
o no. Ahora permíteme aplicar
el segundo filtro, el filtro de
la bondad. ¿Es algo bueno lo que
vas a decirme de mi amigo?
- No, por el contrario...
- Entonces, deseas decirme algo
malo sobre él, pero no estás
seguro de que sea cierto. Pero
podría querer escucharlo porque
queda un filtro: el filtro de la
utilidad. ¿Me servirá de algo
saber lo que vas a decirme de mi
amigo?
- No, la verdad que no.
- Bien -concluyó Sócrates-, si
lo que deseas decirme no es
cierto, ni bueno, e incluso no
es útil ¿para qué querría
saberlo?”
Sócrates ha pasado a la historia
por ser algo más que un
filósofo. Sócrates fue una
existencia filosófica en medio
de un mundo asfixiado por la
política y la vida pública. No
escribió nada, pero marcó un
antes y un después en la
concepción del intelectual. El
hombre que piensa dejó de ser un
vagabundo que vive en las
estrellas para convertirse en
hombre sabio que dirige su
mirada hacia lo corriente, lo
ordinario; no para dejarse
arrastrar por ello, sino para
dirigirlo mediante una
meditación fundada en lo que las
cosas de la vida "son".
Observen cómo desgrana
progresivamente las tres claves en
las que se asienta un JUICIO ÉTICO.
Certeza, bondad y utilidad. Al hilo
de su argumentación podemos seguir
interrogándonos. Probablemente
obtendremos respuestas en nuestra
propia conciencia.
En el caso que plantea el texto, los
tres filtros socráticos son el
antídoto al “se dice, se rumorea...”
de los ladrones de guante blanco que
roban trozos de dignidad. Y la
dignidad no puede restituirse igual
que si nos robaran el reloj o la
cartera. Robar la dignidad de las
personas tiene un nombre: calumnia.
¿Y si partimos de otro supuesto? La
información es cierta pero negativa
y el conocimiento de la misma no me
reporta ningún beneficio; ni a mí ni
a la sociedad. Pertenece a la
intimidad del individuo, imperfecto
por naturaleza, capaz de cometer
errores y remontarlos. ¿Qué
individuo, también imperfecto por
naturaleza, también capaz de cometer
errores, tiene derecho a
estigmatizar a nadie por un
traspiés?. Puede ser que no hayamos
caído en la cuenta. Pero es el
deporte favorito de nuestra lengua –
la física, la que se ubica dentro de
la boca- que no tiene nada que
envidiar a lo que se oye en los
programas rosas o en los rifirafes
periodísticos. Robar la buena
reputación de las personas también
tiene un nombre: detracción o
difamación. Cierto que la fama puede
restituirse, pero deja heridas,
cicatrices y genera un ambiente de
desconfianza hacia la víctima.
“Cuando el río suena, agua lleva” .
Nos queda todavía un fleco: la
información verídica que es
necesario dar a conocer para evitar
un daño. Pero fíjense que el
objetivo ahora es preservar un bien
individual o el bien común. Y suele
ser precisamente en estas ocasiones
cuando se apuesta por el silencio.
Curioso, el ser humano.
¿Antes de hablar cuenta hasta mil?.
Existe un método más acorde con
nuestro ser racional: el triple
filtro de Sócrates. Un
descubrimiento que me ha ayudado a
replantear las relaciones humanas.
Un método sencillo que da volumen y
relieve a la presunción de
inocencia.
*Sunsi
Estil.les Farré
Diari de Tarragona